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De cómo llegó Castillo a la Conade

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Por: Martín Moreno

 

¿Por qué un abogado – policía desprestigiado llegó a dirigir a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte en México?

 

Porque así se lo pidió Alfredo Castillo a su amigo Enrique Peña Nieto.

 

¿Qué méritos tenía Castillo para ser director de la Conade?

 

Ninguno. Sólo fue un capricho que le cumplió el presidente de México.

 

¿Qué sabe Castillo de deportes?

 

En realidad, lo que cualquier aficionado medio enterado tiene de conocimientos deportivos. Cuando era procurador de Justicia en el Edomex, se ufanaba de pasarse horas y horas frente al televisor viendo programas deportivos, y presumía entonces de ser un profundo conocedor.

 

Así se han tomado algunas decisiones en Los Pinos: bajo la regla del amiguismo que, sin duda, deriva en la irresponsabilidad y, en consecuencia, termina en fracaso.

 

Y eso es en lo que Peña Nieto contribuyó para provocar – entre otros factores-, el evidente desorden deportivo con el cual llegó la delegación mexicana a los Juegos Olímpicos de Río 2016, lo cual es un espejo fiel, se quiera o no reconocer, de la ingobernabilidad y el vacío de autoridad que prevalece hoy en México.

 

Dime cómo va tu deporte y te diré que país eres.

 

*****

 

Lo peor que le pudo haber ocurrido a Alfredo Castillo – el fontanero de Los Pinos, el plomero que limpia la porquería del caño de Peña Nieto desde los tiempos del Estado de México y durante el sexenio (casos Paulette y Michoacán)-, fueron dos cosas:

 

Primero: que el aguerrido Misael Rodríguez asegurara la primera medalla para México. El destino suele jugarle las contras a los canallas: fue justamente un integrante de la delegación boxística, la misma que fue ninguneada y arrinconada por el soberbio Castillo, la que daría la primera satisfacción deportiva. La Femexbox siempre estuvo con cara de perro frente a Castillo, quien les cerró la llave del dinero (fiel al estilo priista: si no me obedeces, te dejo sin recursos) y los obligó a “botear” el año pasado. Fue cachetada con guante (de box) blanco. De allí que la noche del lunes pasado, en un mensaje durísimo, la Femexbox advirtiera: “Esperamos que no se vaya a colgar esta medalla el Sr. Castillo de CONADE”. ¡Nocaut!

 

Segundo: que Alfredo Castillo cometiera un error más desde Río de Janeiro (además de llevar a pasear a su novia e integrarla con uniforme de atleta a la delegación mexicana): colgarse de esa primera medalla. Vía TW, Castillo festinó la actuación de Misael, generando una reacción masiva demoledora en redes sociales en su contra, con fotografías recordándole el abandono en el que tuvo a los boxeadores olímpicos, presentando justo el momento del “boteo” entre quienes se encontraba el hoy medallista olímpico. El tuit de Castillo fue hecho pedazos por decenas de miles de ciudadanos que lo convirtieron en TT en contra del impresentable amigo presidencial.

 

Castillo es un factor clave en el deterioro del deporte olímpico mexicano, por tres razones innegables: aceptó (o, en este caso, le pidió a su amigo Peña) un cargo público; está recibiendo un salario decoroso y una partida presupuestal que maneja a su antojo; y finalmente, realizó un pésimo trabajo al enfrentarse a las federaciones como si estuviera tratando con priistas mexiquenses: bajo el yugo del autoritarismo y del agravio. Castillo arribó a la CONADE con tal soberbia, que México estuvo a punto de no asistir a los JO. La inteligencia no es el fuerte de Alfredo Castillo, un personaje que, literal, solía llorar cuando su ex jefe en la PGJEM, Alberto Bazbaz, lo regañaba ante todos. A falta de luces personales, Castillo recurre al chantaje, a la amenaza, al soborno, amparado siempre por su amigo el Presidente. Y allí están las consecuencias: el desastre.

 

Si cayó la medalla de Misael, fue por méritos más que propios.

 

Si caen más medallas, se deberá a la capacidad y al orgullo de los deportistas mexicanos, más que al apoyo de la CONADE.

 

*****

 

A los amigos de Enrique Peña Nieto, algo los está marcando: la soberbia.

 

Con su soberbia, Alfredo Castillo hizo del deporte olímpico un desastre.

 

Con su soberbia, Aurelio Nuño provocó el resurgimiento de la insurrección urbana y lleva sobre sus hombros la muerte de nueve personas en Nochixtlán.

 

Con su soberbia, Luis Videgaray ha generado el estancamiento de la economía y el empobrecimiento de clases medias y de los más pobres.

 

Y ya sabemos que la soberbia, es el pecado de los estúpidos.

 

TW: @_martinmoreno

La Gaviota y la “casa blanca” de Miami

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Por Martín Moreno

 

El escándalo vuelve a tocar la puerta de Los Pinos.

 

Los posibles conflictos de interés y el tráfico de influencias rodean, nuevamente, a la familia presidencial.

 

El tufo de la corrupción va de la mano de Enrique Peña Nieto y de su esposa, Angélica Rivera, conocida popularmente como La Gaviota.

 

Cuando el diario británico The Guardian publica que Rivera ocupa o utiliza una propiedad (departamento # 404) en condominios ubicados en Key Biscayne, al sur de Miami Beach, que pertenece al grupo empresarial Pierdant, el cual compite por contratos lucrativos otorgados por el gobierno mexicano, es inevitable rememorar la casa blanca de la familia presidencial financiada por el Grupo Higa, uno de los contratistas favoritos de Peña Nieto y de su grupo en el Estado de México, primero, y posteriormente desde la Presidencia.

 

Sobre este nuevo escándalo de la familia Peña – Rivera, es importante precisar los siguientes puntos:

 

No se está cuestionando que La Gaviota haya comprado un departamento (el # 304), desde 2005, en Ocean Tower One, enclavada en la lujosa zona de Key Biscayne. En ese año, ella era actriz de Televisa y Peña Nieto era gobernador del Edomex (o bien ya había sido electo). Rivera prácticamente fue obligada a revelar públicamente esa propiedad ante el escándalo que estalló en noviembre de 2014, cuando Carmen Aristegui y su equipo de noticias divulgó la compra de la casa blanca de Las Lomas, adquirida gracias a la benevolencia financiera del Grupo Higa, cercano a Peña Nieto y a Luis Videgaray. Empero, por salud pública, bien haría La Gaviota en precisar de dónde salieron los millones de dólares con los cuales adquirió ese condominio. Es la Primera Dama de México y si bien no está forzada a hacerlo por ley, sí contribuiría a la transparencia y al honor presidencial, detallar cómo se hizo millonaria.

Lo que sí se cuestiona, es que Angélica Rivera esté utilizando un departamento valuado en 2 millones de dólares y que es propiedad de Grupo Pierdant (el # 404), que compite para hacer negocios autorizados por el gobierno de Peña Nieto. Es aquí donde está el conflicto de interés y atisba, una vez más, la sombra de la corrupción que permanece paralela a la vida financiera de la pareja presidencial en México. El problema es claro: La Gaviota está ocupando y disfrutando un espacio – no sabemos aún si comprado, rentado o prestado-, del cual es dueño un presunto contratista del gobierno mexicano. Ese es el punto. Es allí donde brota la sospecha: el vínculo indiscutible que se interpreta como tráfico de influencias. Sí, otra vez.

La relación oscura entre Angélica Rivera y Grupo Pierdant se afianza cuando The Guardian señala que la empresa particular pagó, en 2014, los impuestos correspondientes no sólo de su departamento (el # 404), sino también, las obligaciones fiscales del # 304, a pesar de que está a nombre de Rivera. ¿Por qué un potencial contratista del gobierno mexicano le paga sus impuestos a la esposa del presidente Peña Nieto por un equivalente a 29 mil 703 dólares? ¿A cambio de qué? ¿Y por qué se permite que La Gaviota disfrute de un departamento ajeno y que es propiedad de un empresario que podría beneficiarse de contratos en nuestro país? ¿A cambio de qué se le autoriza a Rivera utilizar el departamento # 404?

Dos preguntas tiene que responder, de inmediato, La Gaviota: 1) ¿Es dueña también del departamento # 404 que le habría sido vendido por Grupo Pierdant y, de ser así, cómo se financió? 2) ¿Lo está rentando y, de ser así, cuánto está pagando por el alquiler?

Ambas propiedades comparten el mismo número telefónico, asegura The Guardian. ¿Por qué?

“Pierdant estableció Biscayne Ocean Holdings para adquirir la unidad, imitando la creada por Rivera, quien registró su propia compañía (UNIT 304 OTO INC), para comprar el 304. Pierdant y Rivera son los directores únicos y los dueños de cada una de las compañías”, apunta The Guardian.

 

“El nexo entre los dos es motivo de preocupación, porque una de las otras empresas del hombre de negocios de Grupo Pierdant, compite por contratos con el gobierno para desarrollar puertos marítimos de México”, señala el diario británico.

 

Una vez más, sin duda, el aliento de la corrupción rodea a la familia Peña-Rivera.

 

*****

 

“Conflicto ético ¿Cómo permite @epn que una empresa que presta apartamento a su esposa y paga sus impuestos concurse para construir puertos?”, pregunta en su cuenta de TW el periodista Jorge Ramos. Tiene razón. Como apuntamos líneas arriba, La Gaviota está disfrutando de un espacio propiedad de un potencial contratista del gobierno mexicano.

 

Ya sabemos que nada es gratuito. ¿A cambio de qué se estaría favoreciendo a Grupo Pierdant, quien paga los impuestos en Miami de la Primera Dama de México y le presta un lujoso condominio? ¿A cambio de qué lo hace?

 

Otra vez la sospecha.

 

Otra vez el conflicto de interés.

 

Otra vez se asoma la corrupción.

 

TW: @_martinmoreno

 

FB / Martin Moreno

Moreira, Ochoa Reza y Tanya: la carcajada de la hiena

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Por: Martín Moreno

 

Del bailecito chuntaro style de Humberto Moreira celebrando su cumpleaños, a la diarrea verbal de Enrique Ochoa Reza decretando honesto al 99.9% del priismo, hasta las divagaciones de Tanya Müller cuando dice que Mancera tiene “claras ventajas hacia el 2018” (¿?), se asoma un vínculo indiscutible: el agravio hacia los mexicanos.

Moreira baila y ofende.

Ochoa Reza habla y miente.

Tanya Müller divaga y frivoliza.

Pobre México. Pobre CDMX.

*****

Pública es la fama de Humberto Moreira de buen bailador…en todos los sentidos.

Echemos un vistazo – para evitar amenazas legales-, a los datos duros:

-Dejó endeudado a Coahuila con 36 mil millones de pesos durante su gobierno.

-Fue detenido en España, acusado de lavado de dinero y asociación criminal. (La investigación sigue su curso legal).

– Marciano Millán, integrante de Los Zetas detenido en Estados Unidos, declaró que…“el crimen organizado llegó a operar a sus anchas en Coahuila en la administración de Humberto Moreira, tanto que ese cártel estuvo involucrado en minería de carbón y tuvieron contratos gubernamentales para pintar y renovar escuelas y construir carreteras”. (SinEmbargoMX 1-Agosto-2016).

A pesar de las acusaciones, graves de sí, en contra de Moreira, desde Los Pinos hasta Insurgentes Norte se ha tendido una red de protección para el coahuilense. No se le toca. No se le molesta. Es de casa.

Por eso Moreira baila y baila y baila. Tiene motivos para celebrar. Muchos. La impunidad en el gobierno peñista es sello de la casa.

Del chuntaro style al pasito tun-tun, Moreira se mofa de las acusaciones, de la indignación en grandes estratos en Coahuila, del enojo de los mexicanos.

¡Que baile Moreira!

*****

Una de tres:

O el nuevo presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, es mentiroso, o cínico, o tonto. O es una mezcla de los tres prototipos anteriores. ¿Por qué lo decimos?

Porque eso de declarar a pulmón abierto que “el 99.9 por ciento de los servidores públicos son mujeres y hombres honestos y honorables, que buscan el bien común…y no permitamos que el 0.1 por ciento nos lastimen, dañen la reputación de nuestro partido e incluso manchen nuestro buen nombre…”, requiere de una alta dosis de mentira, cinismo, o tontería.

Ochoa Reza agravia con sus palabras a los mexicanos.

Ochoa Reza ignora los escandalosos saqueos que este país ha sufrido de manos de priistas.

Ochoa Reza debería lavarse la boca con jabón, antes de hablar de corrupción.

¿Ejemplos?

Allí está su jefe y amigo, Enrique Peña Nieto, asfixiado por la corrupción por la casa blanca, por sus nexos con los grupos HIGA y OHL, por su fortuna oscura, por su manga ancha para que sus colaboradores se enriquezcan.

Allí está Luis Videgaray y su casota de Malinalco financiada también por el Grupo Higa.

Allí están los evidentes tráficos de influencias y conflictos de interés en los que el Presidente y su primer equipo han incurrido a la vista de todos.

Allí están los Salinas de Gortari – Carlos y Raúl-. Los Hank. Los Montiel. Los Duarte – Javier y César-. Los Borge. Las dinastías priistas que se han vuelto multimillonarias a costa del erario público, de los negocios privados desde el gobierno.

Hagamos un ejercicio de corrupción matemática y sumemos: ¿cuánto se han robado los priistas en la historia reciente (y no tan reciente)? Mostremos la cifra estratosférica a Ochoa, que reza para no perder Los Pinos en 2018.

Hoy por hoy, los negocios continúan. Los saqueos prevalecen. Ochoa Reza no ve la corrupción porque desde Los Pinos le ordenaron aplicar los tres estados del mono sabio: no ver, no oír, no hablar.

“Habrá una comisión anticorrupción”, festina el descolorido dirigente del PRI.

¡Hurra! Le tomamos la palabra.

Que empiece por investigar la fortuna oscura de Peña Nieto, y entonces le creemos.

De no ser así, negar la corrupción priista en el discurso, equivale a negar que el gobierno peñista naufraga sin rumbo, sin liderazgo.

Y sin honestidad.

*****

Quienes conocen a Tanya Müller, le reconocen un mérito indiscutible: es la consentida de Miguel Ángel Mancera.

¿Qué Tanya ha sido ineficaz en su trabajo como secretaria del Medio Ambiente de la Ciudad de México? No importa: es la consentida de Mancera.

¿Qué Tanya se esconde debajo del escritorio mientras la ciudad se ahoga en contaminación? No importa: es la consentida de Mancera.

¿Qué Tanya es un florero de oficina? No importa: es la consentida de Mancera.

Tal para cual. De los dos no se hace un medio.

“Se desinforma a la ciudadanía por una cuestión política: por el simple hecho de que haya un jefe de Gobierno con claras ventajas hacia el 2018, buscan bajar sus bonos o desacreditar el trabajo que hace”, dice Müller – obvio, desde su oficina coqueta- al reportero Miguel de la Vega (Reforma 31-Julio 2016).

Que alguien le avise a la señora Müller que su adorado jefe es el candidato un dígito: en todas las encuestas no rebasa el 10 por ciento y, bajo todas las combinaciones, Mancera no es capaz de ganarle a AMLO ni a Margarita Zavala ni a Osorio Chong. Son las consecuencias de hibernar en la oficina.

  • ¿Considera que los están saboteando?-, le pregunta el reportero.

“Sin duda alguna. Que nos estemos acercando a 2018 influye en el ánimo de otras entidades e instituciones gubernamentales para reconocer el trabajo del gobierno de la ciudad de México”, responde Tanya.

Que alguien le diga a Müller que a su jefe Mancera, solamente tres de cada diez capitalinos lo respaldan. Es, de acuerdo a la opinión de los ciudadanos, el peor jefe de Gobierno que ha tenido la capital del país. El más repudiado. El más reprobado. El más alejado.

“El trabajo que tiene el Gobierno de la ciudad de México, debería ser ejemplo para replicarlo a nivel nacional”, dice Tanya Müller.

Que alguien le recomiende a esta mujer que, de vez en cuando, los políticos deben asumirse como estadistas, y dejar de parlotear conectados al presupuesto o sentadas, hipotéticamente, en las rodillas de su jefe.

*****

La política es demasiado importante para dejarla en las manos de los políticos, reza el refrán.

Y si esos políticos son como Moreira, Ochoa Reza y Tanya Müller -tan parecidos en el fondo-, pues más se les debe vigilar.

TW: @_martinmoreno

Prensa bajo fuego

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Por: Martín Moreno

 

En México, hoy por hoy, si se quiere ser un periodista crítico, que investigue, denuncie abusos de poder y exhiba la corrupción entre la clase política, tendrá tres caminos: o el panteón, o la censura, o ser denunciado ante tribunales.

La ejecución del reportero Pedro Tamayo en el impune Veracruz, es solo una cuenta más al rosario de crímenes en contra de comunicadores, agudizado desde el sexenio anterior, cuando alrededor de 60 fueron asesinados. La cifra ya alcanza los 120 periodistas mexicanos ajusticiados, con la suma fatal durante el sexenio peñista.

Cierto: algunos colegas optaron por las relaciones peligrosas y pusieron en riesgo su vida, sabiendo que el dinero fácil y manchado pavimenta el camino a un final violento. No podemos cerrar los ojos ante ello. Sin embargo, no todos los periodistas andaban en malos pasos. No todos.

El recurso más condenable y salvaje, por supuesto, es matar al mensajero, y desechar el mensaje. Eliminar la pluma o callar la voz mediante la violencia, a balazos, a golpes, bajo torturas, como se ha agudizado en este sexenio. Bajo el viejo adagio: plata o plomo. Si aceptas, eres aliado. Si rechazas, atente a las consecuencias.

Otra vía permanente y actual es la censura, piedra angular del sistema priista. El control de la prensa. El apretón de manos con el dueño o el director del medio para sellar el infortunio del periodista crítico, que puede ser acotado, desplazado o, simplemente, despedido o eliminados sus espacios desde donde se denunciaban o se cuestionaban los excesos del poder político. Cada que un periodista crítico es silenciado – vía violencia o vía censura-, se mata, al mismo tiempo, una parte de nuestra libertad de expresión y del derecho de saber sobre lo que ocurre en nuestro país. Hay un retroceso democrático, sin duda. Se le da una patada en el trasero a quien incomoda al poder y a cambio, habrá la recompensa vía publicidad, concesión o perdón fiscal, para el medio o grupo empresarial mediático o multimedia. Una vieja estrategia que, con el regreso del PRI al poder presidencial, se ha recrudecido. La lista de plumas y voces silenciada es larga.

Y otra modalidad – si bien no es nueva, aunque sí renovada-, es perversa y preocupante: a cualquier periodista que se atreva a denunciar, exhibir o mencionar siquiera a políticos actuales y de antaño que se han visto involucrados en actos de corrupción, sin importar las pruebas aportadas; o quien siquiera ose mencionar en sus espacios – columnas escritas, radio, televisión (en menor medida) o libros (que son de los últimos reductos de libertad de expresión que les faltaba atacar)-, entonces llega la advertencia: “Nos vemos en tribunales…”.

Aclaro: no se trata de que el periodista tenga licencia para difamar. No es por ahí. Investigar, comprobar y publicar, es la premisa. Tampoco radica en mentir o falsear realidades bajo el argumento soez de decir: “Yo soy periodista y puedo difamarte”. No se trata de erigirnos en difamadores.

Empero, la estrategia de revivir el “nos vemos en tribunales”, lleva una intención perversa por partida doble: primero, desgastar al periodista que es llevado ante el banquillo del juez, emocional y económicamente (los abogados cuestan dinero); y segundo, lanzar, al mismo tiempo, la advertencia a los demás periodistas críticos: mira lo que te puede pasar si te sigues metiendo conmigo. Es un golpe por partida doble que, se quiera o no, reblandece la voluntad de denunciar públicamente los actos de corrupción, so pena de ser demandado penalmente y llevado ante el Juez.

Pero en esta última trama, hay algo todavía más alarmante:

Que el juez en turno sea generoso – por decirlo de alguna manera-, con el poderoso que denuncia, y que, a pesar de las pruebas presentadas por el periodista, las deseche y por consigna, lo sentencie y falle en su contra. Sobra jueces benévolos con el poder, proclives a la corrupción y a los favores, y que actúan de manera parcial en detrimento de la libertad de expresión.

Eso debe preocuparnos en el fondo: jueces que se sometan y fallen de antemano contra periodistas llevados al banquillo de los acusados, sin importar si son o no culpables. Juzgarlos por adelantado.

Es altamente preocupante.

*****

Si Carmen Aristegui – la voz radiofónica más crítica, reconocida y respetada de la prensa mexicana- se quedó, primero, sin micrófono, y ahora es llevada ante los tribunales, no es coincidencia. Con Carmen fue un proceso de eliminación de opciones: no la podemos matar, pero sí la censuramos y luego la llevamos ante un Juez. ¡Para que se le quite andarle jugando al periodista valiente!

Y, sobre todo, para que les quede claro a los demás periodistas: si denuncias, te mato, te censuro o te llevo ante los tribunales.

Así andamos en México.

TW: @_martinmoreno

Disculpar la corrupción sería aceptarla.

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Por: Martín Moreno

Del carnaval de la corrupción a la farsa del perdón, los presidentes priistas han hecho práctica y sistema: primero delinco, luego me disculpo. Primero corrompo, luego existo. Primero robo y dejo robar, después pido perdón y asunto arreglado. Los mexicanos olvidan pronto y vuelven a votar por el PRI. Esa es nuestra trágica realidad, y todos la hemos avalado y permitido.

 

De las lágrimas vacuas de José López Portillo pidiéndole perdón a los pobres por haberles fallado, a la “humildad” de Peña Nieto ofreciendo disculpas – ya en dos ocasiones dentro de su sexenio- por la Casa Blanca agraviante; por los millones de dólares de oscura procedencia; por el innegable conflicto de interés y tráfico de influencias con el Gripo Higa; por la complicidad rampante, no hay ninguna diferencia: es la hipocresía del gobernante ante el desastre dejado a su espalda. El paralelismo histórico entre Jolopo y Peña es tan cercano y viviente como su propia imagen de gobernantes formados a la sombra de la corrupción y la frivolidad.

No hubo arrepentimiento real en López Portillo. Tan sólo fue un acto dramatizado aderezado con lágrimas que al terminar la astracanada, se fue orondo a la Colina del Perro, mansión construida – vaya paradoja- con dineros del poder político mexiquense, vía Carlos Hank González. Cada ladrillo, cada mármol, cada madera, tenía el sello del despilfarro sexenal que vivió y permitió vivir Jolopo de 1976 a 1982.

 

No hay humildad en Peña Nieto. Hay, en cambio, una estrategia diseñada con dos objetivos: intentar revertir el aborrecimiento de los mexicanos hacia su persona, y no perder la Presidencia en 2018. Es eso, y nada más.

Los dos perdones de Peña – el primero, dicho en agosto de 2015 durante la XXXVIII Sesión del CNSP ante “interpretaciones que lastimaron e indignaron a los mexicanos” sobre la “casa blanca”, y el segundo, el lunes pasado, pidiendo perdón “porque en carne propia sentí la irritación de los mexicanos”-, desnudan, exhiben y comprueban la estrategia desde Los Pinos: ante la imposibilidad de tener un Presidente honesto y probo, ha llegado la hora de pedir perdón y apostarle a la tradicional y generosa amnesia del mexicano.

Perdón inicial, en agosto de 2015.

Perdón sistemático, en julio de 2016.

 

A eso se le llama estrategia política y, bajo ninguna circunstancia, lo podemos catalogar ni admitir como un perdón sincero, de entraña. No, ciudadano Peña Nieto. A otro perro con ese hueso. Sus perdones ni valen ni cuentan. Son, simplemente, meros formulismos políticos, frases hechas, lugares comunes.

Como López Portillo, Peña Nieto pide perdón por el desastre que nos está heredando. Los presidentes se retiran para gozar de sus fortunas sospechosas, como Salinas de Gortari, como Vicente Fox. Los mexicanos nos quedamos a sufrir sus malos gobiernos, con crisis económicas, políticas y sociales.

 

Por eso, para Peña Nieto, ni perdón ni olvido.

Al corrupto no se le perdona. Al corrupto se le castiga.

*****

Aquí, cinco razones por las cuales el “humilde perdón” de Peña Nieto ni es creíble, ni debe aceptarse:

 

  • Cuando Peña pide perdón por la “casa blanca”, está reconociendo que hubo un delito. En este caso, un acto qué perseguir: conflicto de interés como funcionario público y tráfico de influencias como Gobierno, haciendo negocios con el Grupo Higa, favorecido con contratos públicos por los gobiernos encabezados por EPN, desde el Edomex y Los Pinos. Más que perdón, lo que debió ofrecerse es una investigación independiente, seria y profunda, sobre cómo se ha dado la relación entre el Grupo Toluca y Grupo Higa, otorgándose favores mutuos con millones de dólares de por medio. Perdón, no. Investigación autónoma, sí.
  • El perdón de Peña Nieto está mocho. Primero, porque no incluye la casota de su brazo derecho, confidente y cómplice, Luis Videgaray, beneficiado también con el financiamiento oscuro de Grupo Higa para su propiedad en Malinalco. Si Peña pide perdón, también debería haber contemplado o instruido al “Vice-Garay” para ofrecer disculpas, ya que su residencia, igualmente, es producto de la misma raíz podrida: el tráfico de influencias.
  • El perdón presidencial no es un acto reflejo de un gobernante arrepentido, sino una estrategia política diseñada desde Los Pinos para atemperar el rechazo ciudadano en contra de Peña Nieto y evitar lo que, desde ahora, se vislumbra irreversible: la derrota del PRI en 2018. Como toda propaganda política, los perdones de Peña debemos enmarcarlos en la apuesta oficialista de arrepentirse ahora, y que el olvido de los mexicanos nos vuelva a dar el voto dentro de dos años. Es un círculo de perversidad política, mas no de humildad republicana.
  • Cuando Peña Nieto ofrece su perdón por ser corrupto, en el simbolismo lleva la culpabilidad: lo hace justamente el día de arranque del Sistema Nacional Anticorrupción, en un mea culpa inequívoco y evidente. A confesión de parte, relevo de pruebas, reza el axioma jurídico que hoy muestra al Presidente bajo la aureola de la corrupción. El mensaje – voluntario o involuntario- del lunes pasado, fue: si tenemos que hablar de ataque a la corrupción, comencemos por lo más corrupto: la “casa blanca” de la familia presidencial.
  • Ese mismo día, Peña Nieto ofrendó la primera cabeza de su “cruzada” contra la corrupción: la de su patiño, Virgilio Andrade, a quien pronto el sistema recompensará por los servicios prestados. Es otra mea culpa indiscutible: si de cazar corruptos se trata, pues aquí está el despido de Virgilio para que vean que vamos en serio. Chorradas.

*****

“Es hora de verse al espejo, señor Peña Nieto”, escribí en mi columna del pasado 6 de julio (Peña Nieto, el dilema de pedir licencia en SinEmbago).

Durante su discurso del lunes pasado, Peña dijo:

“Si queremos recuperar la confianza ciudadana, todos debemos ser autocríticos. Tenemos que vernos en el espejo, empezando por el propio Presidente de la República…”.

Desconozco si Peña Nieto o alguien de sus colaboradores leyeron aquella columna mía, porque es clara la referencia a “verse en el espejo”, como lo publiqué aquí hace un par de semanas.

Sin embargo, el perdón presidencial se queda corto al no permitir una investigación – insistimos- independiente y profunda sobre el affaire “casa blanca”.

De corrupción, los mexicanos ya estamos hartos.

De perdones y lloriqueos presidenciales, también.

Ayer, López Portillo.

Hoy, Peña Nieto.

En nuestras manos está seguir con más corrupción y perdones frívolos en 2018, o castigarlos, merecidamente, en las urnas.

TW: @_martinmoreno

¿Tú también, Luis…?

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Por: Martín Moreno

+ Videgaray y el poder político-financiero

+ Peña Nieto, desplazado

 

Quienes conocieron a Luis Videgaray hace algunos años, lo recuerdan cargándole el portafolio a Pedro Aspe, el influyente Secretario de Hacienda del gobierno salinista. Lo definen como un personaje discreto, un tanto introvertido, la otra cara de la moneda en comparación a su hermano menor, el cómico televisivo Eduardo Videgaray.

 

Con el paso de los años, Videgaray –el político– se acercó al Grupo Toluca, de la mano de Aspe, y se volvió cercano a Arturo Montiel e íntimo de Enrique Peña Nieto. Lo demás es historia conocida: desde que era gobernador, Peña lo convirtió en su brazo derecho tanto en la campaña, donde fue coordinador general, como en el actual gobierno, con la Secretaría de Hacienda a su cargo.

 

De aquel carga-portafolios discreto de Aspe, ya nada queda. Videgaray se transformó, con el poder que obnubila, en un político con talantes y desplantes autoritarios, hasta amenazantes, que muy pronto quedarán expuestos de manera pública.

 

Durante el gobierno peñista, Luis Videgaray ha sido más que un titular en Hacienda. Su innegable influencia y la supremacía que ejerce sobre el Presidente – de quien es amigo, confidente y cómplice-, lo ha llevado a obtener un poder político que se ha reflejado en algunas decisiones que en el papel le deberían ser ajenas. Ejemplo: fue Videgaray quien empujó a Baltazar Hinojosa como candidato a la gubernatura en Tamaulipas, aun por encima de Manlio Fabio Beltrones, que prefería a Marco Bernal. Como sabemos, el PRI fue claramente derrotado en esa entidad.

 

Videgaray, en el papel, ha sido el segundo hombre más poderoso del gobierno, inmediatamente después de Peña Nieto. No en balde en esta columna, desde 2013, lo etiquetamos como el Vice-Garay por sus condiciones políticas que rayan en una especie de vicepresidencia.

 

Pero en la praxis pública, Luis Videgaray – artífice indiscutible de la victoria priista en la elección presidencial del 2012-, está asumiendo roles que influirán en el futuro: ante la debilidad institucional y personal como gobernante de Peña Nieto – vapuleado por la opinión pública y disminuido políticamente dentro y fuera del país-, Videgaray ha tomado las riendas no sólo de la sucesión presidencial del 2018, sino que se erige ya en el hombre que toma las decisiones de fondo que sellarán al gobierno peñista en lo que resta del sexenio.

 

Sí: apoyado por el aparato salinista – vivo y actuante con Pedro Aspe a la sombra, y dentro del gobierno operando con Aurelio Nuño, Claudia Ruiz Massieu, Otto Granados y José Antonio González Anaya-, Videgaray es, hoy por hoy, el hombre más poderoso dentro del gobierno rebasando, inclusive, en algunas decisiones, a su amigo, Enrique Peña Nieto.

 

Videgaray, al imponer a su incondicional Enrique Ochoa Reza como presidente del PRI – en un acto que revivió las más añejas y viciadas prácticas priistas de la “cargada” en favor del líder propuesto desde Los Pinos-, será quien opere la sucesión presidencial del 2018 para el PRI, perfilado un maximato político-financiero que eclipsa al propio presidente de la República.

 

Por eso, desde Los Pinos, en algún momento cercano y en la versión modernizada Peña-Videgaray, se podría reeditar aquella máxima que le endilgó López Portillo a Echeverría, ante los constantes ataques y críticas de Luis a José, y que provocaron aquel famoso desplegado de reproche en el que se leía:

 

¿Tú también, Luis…?

 

*****

 

¿Por qué decimos que Luis Videgaray es, desde ahora, el hombre más poderoso del gobierno peñista?

 

Por cuatro razones fundamentales:

 

1) Porque en un solo hombre – Videgaray-, y bajo la bendición presidencial, ha recaído el control y operación de los dos brazos claves en todo gobierno: el económico y el político.

 

2) En lo económico, y desde la Secretaría de Hacienda, porque Videgaray seguirá controlando la política financiera, los presupuestos y recortes a sectores y a estados, decidiendo cómo se ejercerá el gasto público, cerrando y abriendo la llave de los recursos financieros de acuerdo a las conveniencias políticas del PRI y, sobre todo, al interés y beneficio del grupo que ya encabeza dentro del régimen peñista.

 

3) En lo político, porque al erigirse en el “gran elector” en la designación del nuevo presidente del PRI, Videgaray toma, desde ahora, las riendas de la sucesión presidencial priista del 2018 y de la elección en el Edomex el año próximo, desplazando no solo a Peña Nieto, con quien lo une la misma línea de complicidad sexenal, sino que, de paso, acota, al menos en el control del partido, al Secretario de Gobernación, Osorio Chong, quien queda fuera de la esfera de decisiones cupulares de Insurgentes Norte. El arribo de Ochoa Reza al PRI fue un puntapié a Osorio Chong. ¿Qué buscará Videgaray? Si no es él el candidato presidencial, buscar a alguien cercano al grupo gobernante y que le garantice impunidad y tranquilidad a Peña Nieto y al propio Videgaray desde el primer día de diciembre de 2018.

 

4) Videgaray consolida su poderío porque, manejando directamente los brazos financiero-políticos somete, inclusive, a su amigo Enrique Peña Nieto quien, ante su debilidad e indiscutible empequeñecimiento como Presidente, se ve forzado a delegar el manejo y operación del país a su viejo amigo Luis.

 

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La historia suele repetirse, primero, como tragedia, y después, como farsa.

 

La situación del país está en un punto de cuasi ingobernabilidad, con conflictos de alto riesgo, nulo crecimiento económico, enfado ciudadano por la alta corrupción de la clase gobernante – incluido en el catálogo negro el propio Videgaray con su casota en Malinalco respaldada financieramente por el Grupo Higa, favorito del peñismo-, y con ribetes de guerrilla urbana en varios estados.

 

Ante el naufragio político de Peña Nieto, Videgaray ha entrado al quite, operando no sólo el aspecto económico-financiero, sino también, el político-sucesión.

 

Ya veremos hasta dónde llega Luis Videgaray.

 

Por lo pronto, que alguien empiece a redactar en Los Pinos aquella frase lopezportillista:

¿Tú también, Luis…?

 

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De cómo reventó la CNTE a Nuño

AURELIO NUÑO MAYER NUEVO TITULAR DE LA SEP

Por: Martín Moreno

Después de la matanza en Nochixtlán el domingo 19 de junio, el Gobierno de Peña Nieto se vio obligado a tender los puentes del diálogo con la CNTE, dinamitados – en un lance tan torpe como estéril- por el hoy empequeñecido Secretario de Educación, Aurelio Nuño. Pero para regresar a la mesa, los líderes magisteriales pusieron una primera condición no negociable: que Nuño no participara en las pláticas gobierno-coordinadora. Lo querían fuera de su vista.

La petición de la CNTE – cuyos delegados, hoy negociadores, fueron electos apenas el 11 de septiembre pasado y son asesorados a la distancia por los “históricos”, como se les conoce a los líderes de mayor experiencia sindical en Oaxaca-, fue evaluada en Los Pinos y rebotada en Gobernación. Peña Nieto tenía dos opciones: seguir respaldando la mano dura de Nuño o sacrificarlo en aras de contener, de momento, las protestas de la CNTE. Se pidió la opinión de Osorio Chong. “Nuño no debe estar”, fue el consenso. Y así se dio gusto a la coordinadora magisterial.

De la represión impulsada en Nochixtlán al ridículo público de Nuño cuando, de manera cándida, aseguró que en las pláticas entre Gobernación y la CNTE “no se tocarían temas educativos, sólo políticos” cuando todo, absolutamente todo lo que allí se trate tiene que ver con la Reforma Educativa, lo cierto es que el titular de la SEP ha quedado reducido a una figura de ornato que, de lejos, ve cómo en la Segob se intentan apagar los fuegos provocados por su intolerancia, insensibilidad y soberbia.
Sí: Aurelio Nuño pasó de ser el rostro represor del gobierno peñista, al florero ilustrador de la calle de Argentina. Es una ecuación simple de política: si se negocia la Reforma Laboral, debe estar presente el secretario del Trabajo. Para la Energética, el de Energía. Y si con la Reforma Educativa no está el secretario de Educación, entonces debería pensar en su dimisión porque su ausencia es más que notoria.

Muy pronto, Aurelio Nuño encarnó una lección contundente de la política: la soberbia es el pecado de los estúpidos. Y fue la soberbia la que hoy tiene marginado al bisoño secretario, impulsado, desde la Universidad Iberoamericana, por José Carreño, ex jefe de prensa de Salinas de Gortari, bendecido por el salinismo, incrustado al Grupo Toluca y adoptado por Peña Nieto.
Hoy, parece inevitable que el propio Nuño tome una decisión: o seguir causando morbo público y daño al Gobierno de su jefe con sus apariciones fantasmales, cepillado de las negociaciones en Gobernación a petición de su enemigo: la CNTE, o, en un lance fugaz de congruencia y madurez política, dar un paso a un lado para permitir que otro se encargue de levantar el tiradero que dejó en la oficina de Vasconcelos y que, dicho sea de paso, jamás debió ocupar.

Fulminado políticamente, Aurelio Nuño se asemeja al personaje de Bruce Willis en la película Sexto Sentido: todos saben que está muerto, menos él.

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No se debe olvidar, en ningún momento, que la mesa de negociaciones en Gobernación está trepada sobre los nueve cadáveres de Nochixtlán. Ese es el hecho más lamentable que no debemos perder de vista.

Y tras los primeros diálogos en la Segob entre Osorio Chong y la CNTE, podemos adelantar algunos puntos que prácticamente estarían amarrados:

1) La cancelación del examen de evaluación magisterial que estaba programado para el sábado 2 de julio y que sustituiría al cancelado el 28 de noviembre de 2015.
2) El reembolso de quincenas pendientes a maestros.
3) La salida de la Gendarmería Nacional de Oaxaca (parcialmente, los policías de este cuerpo ya comenzaron a abandonar el estado).
4) Sobre Nochixtlán, las exigencias son: resarcir los daños a sus habitantes por el ataque policiaco del 19 de junio; castigar a los responsables; determinar quién dio la orden de disparar, y pago de daños a familiares de las víctimas.
5) La salida de prisión de Rubén Núñez y demás líderes de la coordinadora, a quien acusaron de delitos similares que a Elba Esther Gordillo. (Sin duda será más fácil ver en libertad a Núñez que a Gordillo).

Para iniciar negociaciones en Gobernación, fue el propio Gobierno federal quien les envió un avión a Oaxaca a los delegados de la CNTE que estarían presentes en las reuniones. Vaya paradoja: el interesado principal, a pesar de las bravatas de Aurelio Nuño para evitar cualquier negociación, es, ahora, la administración peñista.

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A la luz de los acontecimientos, algo queda claro ahora: el tremendo error de cálculo que tuvo el gobierno – Peña, Nuño, Osorio Chong-, contagiado por la soberbia y ceguera del secretario de Educación: haber rechazado la oferta de diálogo planteada por la CNTE a principios de junio para instalar una mesa de negociación en torno a la Reforma Educativa. Ese era el momento de mostrar su capacidad política y negociadora. Pero no fue así. Prefirieron disparar sobre los manifestantes, y allí están las consecuencias: un gobierno que negocia con las manos manchadas de sangre.

En Oaxaca, los bloqueos parciales de la CNTE persisten.

En Bucareli, se dan las negociaciones trepados en cadáveres.

Y en la SEP, Aurelio Nuño se ve frente al espejo tratando de convencerse de que hizo lo correcto. Sólo él se escucha. Sólo él se ve.

TW: @_martinmoreno

AMLO 2018: tercera llamada…tercera…

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Por: Martín Moreno

 

Hoy por hoy, las encuestas coinciden: si mañana fuera la elección presidencial, AMLO triunfaría y llegaría a Los Pinos.

 

Erigido, sin duda, como el líder político de mayor peso en los últimos tres lustros; el opositor más importante y radical en México; el candidato presidencial que para la izquierda mexicana equivale al mayor número de votos, sí, pero, al mismo tiempo, el de más rechazo ciudadano, Andrés Manuel López Obrador buscará, en 2018 y por tercera vez consecutiva, ser elegido presidente de la República.

La próxima elección es la tercera y última llamada para el tabasqueño. Por edad, condición física y circunstancia política, AMLO ve en 2018 la última estación de su tren político y sabe que no habrá otra oportunidad. Es la próxima o nunca.

 

En torno a López Obrador se han tejido mitos y realidades. ¡Uy, el diablo!, dicen algunos. La esperanza de México, dicen otros. De la mafia en el poder al frijol con gorgojo, López Obrador se mantiene, guste o no, como puntero en las encuestas rumbo a la elección presidencial. Dependerá de los votos, sí, pero antes, mucho más depende del propio AMLO: de sus demonios, excesos, virtudes y ventajas.

¿Quién es el señor López Obrador?

 

5 MITOS SOBRE AMLO

 

“López Obrador va a convertir a México en la próxima Venezuela”, dicen sus críticos. Falso. Los equilibrios de poder en México no le permitirían a AMLO gobernar bajo una dictadura política estilo Hugo Chávez. De ganar la Presidencia en 2018, Morena, en el Congreso, no tendría mayoría, aún bajo una posible alianza con el PRD en un frente amplio de izquierda. Los contrapesos legislativos, léase PRI y PAN, y de acuerdo a la nueva configuración política emanada del pasado 5 de junio, tendrían mayoría opositora a López Obrador y aprobarían o rechazarían sus propuestas de ley. AMLO no tendría carta abierta para hacer o deshacer, como sí la tuvo Chávez.

 

“López Obrador estatizaría a la economía”, acusan sus críticos. Falso. Las condiciones actuales del mercado globalizado, el FMI y, sobre todo, la enorme influencia y conexión comercial con Estados Unidos, impedirían a AMLO convertir al país en un ente aislado, como lo hizo Castro con Cuba desde inicio de los sesentas. Imposible pensar que México estaría como Cuba: aislado y ajeno a los grandes cambios mundiales. La propia inercia globalizadora impediría cualquier intento estatizador, y eso lo saben perfectamente AMLO y su equipo económico-financiero.

 

“López Obrador se pelearía con Estados Unidos y se entregaría al socialismo latinoamericano”. Falso. AMLO, a final de cuentas, es un político y no come lumbre. Si bien cambiaría algunas reglas en lo económico – ¿alguien podría estar en desacuerdo con su frase de primero los pobres?-, no declararía la guerra ni a Washington ni a Europa ni a nadie de fuera. Como político que es, aún con todos sus excesos e imposiciones, jugaría con las reglas del establishment financiero mundial, a su manera, sí, pero sin llegar al abismo. AMLO es un animal político, y como tal, sabe sus límites y limitaciones.

 

“López Obrador se va a pelear con los empresarios”, señalan sus críticos. Falso. ¿O acaso lo hizo cuando fue Jefe de Gobierno del DF? Por supuesto que no. Muy al contrario: fue aliado cercano al hombre más rico de México y del mundo: Carlos Slim, quien fue el detonante financiero para la remodelación del Centro Histórico. AMLO no se pelearía con los grandes capitales. No jalará del gatillo con la bala dispuesta. Acaso, como lo ha dicho en privado, quitaría canales abiertos a Televisa para fomentar la competencia televisiva, con lo cual, la mayoría estaríamos de acuerdo para terminar con ese monopolio televisivo que subutiliza al canal 9, por ejemplo, atiborrándolo con programación chatarra. AMLO no se pelearía con el dinero.

 

“López Obrador nos quitaría propiedades para dárselas a los pobres”. Falso. AMLO jamás atentaría contra la propiedad privada por una razón de peso y de fondo: hacerlo, equivaldría a un levantamiento social de las clases media y alta del país y él, mejor que nadie, sabe a la perfección las consecuencias de las movilizaciones sociales, además de las repercusiones negativas que provocaría en el extranjero y sus consecuencias. AMLO no le va a quitar la casa ni el negocio a nadie. De eso estemos muy seguros.

5 REALIDADES SOBRE AMLO:

 

“López Obrador es mesiánico”. Cierto. Como líder político con peso y carisma – fenómeno que se ha presentado también con líderes mundiales en la historia-, AMLO tiene tintes mesiánicos y caudillescos. ¿Esto es malo? Según cómo los aplique en el ejercicio del poder. Hemos visto que a AMLO le gusta el “consenso de plaza”, a mano levantada, pero bajo la consigna del caudillo. Líder político que no escucha es líder político condenado al fracaso y, lo más grave, el fracaso de a quienes gobierna. Allí está el caso del desastre que heredó Salinas. Sin embargo, una cosa es ejercer el poder en el Zócalo y otra, muy diferente, ejercerlo desde Los Pinos. Al atravesar el umbral de la casa del poder, todos los hombres, sin excepción, se transforman. Para bien o para mal.

 

“López Obrador es arbitrario”. Cierto. Lo vimos en 2006, cuando por sus pistolas bloqueó durante semanas Paseo de la Reforma y, en un acto bufonesco, de pantomima, se cruzó el pecho con una banda presidencial hechiza. Se calcula que estos actos arbitrarios le costaron perder alrededor de 5 millones de simpatizantes que, decepcionados, ya no votaron por el tabasqueño en 2012. Esos votos, de haberlos mantenido, lo hubieran llevado a Los Pinos en 2012 en lugar de Peña Nieto.

 

“López Obrador solo quiere gobernar para sus simpatizantes”. Cierto. Para él, quienes no pertenecen a su movimiento son corruptos y quienes sí lo aplauden son honestos. Esta postura clasista ha dañado mucho a López Obrador por una razón rotunda: en las clases medias y altas, mucha gente simpatiza con su movimiento y estaría dispuesta a votar por él en 2018, aún sin asistir a mítines públicos encabezados por AMLO o no apoyarlo de manera pública. ¿A ellos también los tacharía de impuros Andrés Manuel? Votos son votos, y si se apega a este pragmatismo AMLO, seguro ganaría muchos más adeptos.

 

“López Obrador sólo gobernaría con sus amigos”. Cierto. Empero, ¿qué presidente no gobernó con sus más cercanos? Lo hizo Salinas de Gortari con Camacho Solís, Aspe, Serra Puche, Otto Granados y compañía. Calderón con Mouriño, César Nava, Lozano, Max Cortazar, Sota y primer círculo. Peña Nieto con Videgaray, Luis Miranda, Ruiz Esparza y cercanos. ¿Con quiénes gobernaría AMLO de ganar en 2018? Ya en 2012 nos adelantó a algunos integrantes de lo que hubiera sido su gabinete, entre ellos, Juan Ramón de la Fuente en la SEP. Así que ni sería el primero ni el último que gobernaría con su Club de Toby.

 

“López Obrador se pelearía con todos los ex presidentes”. Cierto. Una de las proclamas públicas y privadas es el ajuste de cuentas con sus principales enemigos: Salinas, Calderón, Peña Nieto, etc, lo que podría llevar a México, durante su sexenio, a una reyerta constante que desembocaría en parálisis de gobierno y estancamiento. Como político, AMLO debería obedecer el mandato de las urnas: queremos un cambio de fondo por encima de cualquier interés personal. Y justo en ese momento estaría a prueba su temple como político: o el país o sus venganzas personales. Allí decidiría cómo pasar a la historia.

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En Los Pinos, en el PRI y en el equipo cada vez más influyente de Carlos Salinas dentro de este gobierno, hay terror de que AMLO gane en 2018 por razones que, de momento, nos reservamos y que detallaremos en entregas posteriores.

 

Por lo pronto, la pregunta es obligada:

 

¿Tú votarías por López Obrador en 2018 para ser Presidente?

 

TW:@_martinmoreno

 

FB / Martin Moreno

2018: PAN-PRD, la alianza que viene

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Por: Martín Moreno

 

El PRI tiene, desde el domingo pasado, un pie fuera de Los Pinos para 2018.

Asumida la derrota priista como consecuencia de varios factores: el voto de castigo al mal gobierno de Enrique Peña Nieto y a la corrupción e incapacidad que corroen no sólo al entorno presidencial, sino también a gobernadores priistas con su alta dosis de ingobernabilidad (los Duarte, Borge, Torre Cantú y compañía), combinado con el hartazgo ciudadano y un ¡ya basta! expresado en las urnas, nos toca evaluar y revisar, ahora, algunos desprendimientos, lecciones y escenarios que se abren de cara a la próxima elección presidencial.

 

LOS PRIISTAS

 

Luis Videgaray pierde la carrera presidencial. El Vice-Garay carga con parte de la responsabilidad en la derrota en Tamaulipas, ya que fue el secretario de Hacienda – día a día devaluándose, como el pesito-, quien impuso a Baltazar Hinojosa como candidato a gobernador, haciendo valer su influencia en Los Pinos, pasando por encima, inclusive, del presidente del PRI que ya le había prometido esa posición a uno de sus más cercanos: Marco Antonio Bernal. En su soberbia, Videgaray contribuyó al fracaso priista en Tamaulipas y la factura que pagará es muy alta: ver terminadas sus ya de sí limitadas aspiraciones presidenciales. A Videgaray le quedaría el Edomex como premio de consolación, pero tiene enfrente otro problema: Alfredo del Mazo junior reclama esa candidatura por derecho de sangre y entonces Peña Nieto tendrá que decidir si favorecer al amigo o al primo.

 

Manlio Fabio Beltrones se despide del 2018. Conocedor profundo de las reglas políticas del PRI, Beltrones dijo adiós a cualquier posibilidad de ser candidato presidencial. No nos engañemos: cuando hace algún tiempo declaró en un desayuno que no aspiraba a la candidatura en 2018, solamente lo hizo para evitar que a cualquier acto que asistiera, se le preguntara lo mismo una y otra vez: si buscaría la presidencial. Su aparente descarte solo fue parte de su estrategia. Un acto de distracción. “No aspira…mientras sea presidente del partido”, decían sus colaboradores en voz baja, dando a entender que renunciaría a tiempo para buscar la candidatura presidencial. Sin embargo, a Manlio le falló el cálculo: el domingo pasado fue, junto con Peña Nieto, el principal derrotado de las elecciones. Aún más: esa misma noche, ante millones de televidentes en el debate con Ricardo Anaya, Beltrones se mostró soberbio, ofensivo hacia la juventud de su interlocutor a la que tildó de mentirosa y que, seguramente, le cobrará más facturas al PRI en 2018. Alguien no le explicó a Beltrones la importancia del voto de los millennials dentro de dos años. Prueba no superada. Y no extrañe que, ante el regocijo del Grupo Toluca, ya se esté fraguando un cambio en la dirigencia nacional del PRI. Tras el desastre electoral, es obligado el relevo.

 

Osorio Chong ganó, pero perdió. Sí, el etéreo secretario de Gobernación – cada día es más evidente que ya se cuida para el 2018 bajo la vieja fórmula de “el que se mueve, no sale en la foto”-, si bien ganó el PRI la gubernatura en su estado (Hidalgo), también recibió una derrota tan inesperada como dolorosa: para no variar, el PAN le ganó la capital, Pachuca, que Osorio y su alfil, Omar Fayad, cambiarían por varios municipios hidalguenses. No fue una victoria total para el puntero de los aspirantes priistas. Tuvo un tropezón ya que una cosa es gobernar con “carro completo” y otra, muy diferente, es que la oposición controle la capital del estado. A la larga, ya veremos cómo esto le pesará a Osorio Chong.

 

Un PRI arrinconado. El viejo partido llega, con todas sus mañas, lastres y desprestigios, revolcado, a golpe de votos, por los ciudadanos hartos de la corrupción presidencial emblematizada con la Casa Blanca y los Grupos HIGA y OHL; por la ineficacia gubernamental; por el dispendio en los viajes de “La Gaviota” y sus comitivas multitudinarias y de oropel en las cuales cargan hasta con el perico; por lo agraviante del nuevo avión presidencial; por la insensibilidad mostrada con Ayotzinapa; por la ceguera de Peña Nieto que no se explica los motivos del “mal humor social”. Bueno, ciudadano Peña Nieto: esperamos que tras la derrota del domingo pasado, referéndum indiscutible hacia su gobierno, le haya quedado claro que el “mal humor social” le cobró facturas a usted, a su gobierno, a su equipo y a los gobernadores que tanto toleran y solapan en Los Pinos.

 

LA ALIANZA PAN-PRD

 

Más por el peso del PAN, que por la contribución del PRD –con sus excepciones como en Quintana Roo donde sí hay fuerza electoral amarilla-, las elecciones del 5 de junio fueron, a la vez, la prueba final para lo que desde hace meses se está cocinando entre las dirigencias panista y perredista: la gran alianza presidencial opositora para 2018. ¿El resultado? La alianza azul-amarilla sí funcionó, y funcionó muy bien. Allí está ya el modelo para aplicarlo dentro de dos años y derrotar a un PRI herido, sí, pero a la vez peligroso al verse acorralado. La alianza está diseñada para que el PAN lleve mano con el candidato (a) presidencial aliancista (Margarita Zavala o Ricardo Anaya, o algún candidato externo que unificara a ambos partidos), mientras que para la Ciudad de México se apoyaría a quien designe el PRD (Alejandra Barrales lleva la mano, aunque Los Chuchos insistirían en Carlos Navarrete). Se buscaría entonces integrar la figura del Gobierno de Coalición con la participación mayoritaria de ambos aliancistas y, con menor preponderancia, con los pequeños aliados. Ese sería el “machote” para 2018. Empero, la alianza tendrá dos pruebas de fuego: primero, superar las discordias internas, y segundo, resistir el fuego que seguramente será disparado desde Constituyentes e Insurgentes Norte para reventarlos, sabido que una alianza en 2018, bajo la reconfiguración política que se desprende del domingo pasado, sería veneno para el priismo. La alianza va.

LA CIUDAD DE MÉXICO

 

Ni es secreto ni será sorpresa: para el 2018, Morena, de Andrés Manuel López Obrador, ganará la Jefatura de Gobierno, ya sea con Ricardo Monreal, Martí Batres o Claudia Sheinbaum como candidatos. Y no es fanatismo ni acto de fe: es analizar con frialdad los números arrojados en las elecciones de 2015 y del domingo pasado, donde Morena, de partido naciente, se convirtió en partido mayoritario en la ciudad de México. Aquí, la alianza PAN-PRD para 2018 enfrenta un gran problema: la CDMX sería arrebatada al PRD por la fuerza lopezobradorista, ante el fracaso absoluto de Miguel Ángel Mancera quien, en unas cuantas horas, quedó también fulminado para cualquier aspiración en 2018. Bien haría Mancera en delegar funciones o al menos dejar de aparecer, de manera patética y surrealista, autoproclamándose como un posible candidato presidencial mientras se hunde en el fango de la derrota que todos ven, menos el propio Mancera, que ha llevado a la capital a un punto de ingobernabilidad. Para el PAN, el escenario no es tan negativo: te apoyamos a ti, PRD, en 2018 con tu candidato capitalino, pero si Morena te derrota, ya no quedó en nosotros. A final de cuentas, lo que al PAN le interesa son Los Pinos, más que la CDMX, bastión ya dominado por Morena.

 

¿Y López Obrador que papel jugará para 2018? Ese tema se cuece aparte y lo analizaremos el miércoles próximo.

La imposible fuga de Alan Pulido

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Por: Martín Moreno

 

Por las consultas que hicimos con especialistas en secuestro. Por mi experiencia periodística en estos temas, podemos concluir los siguientes puntos sobre el secuestro del futbolista Alan Pulido en Ciudad Victoria, Tamaulipas, y su imposible fuga, tal y como la cuenta el gobierno tamaulipeco (sometió a su secuestrador, llamó a la policía y fue rescatado). Revisemos:

 

EL AMARRE. Cuando un secuestrado es llevado a una casa de seguridad, de inmediato es amarrado, vendado de los ojos y aislado. Es un modus operandi asumido como el ABC en cualquier banda: inutilizar, antes que nada, a la víctima. Regularmente se utilizan “nudos marinos” para inmovilizar al plagiado, a quien le resulta imposible desatarse. En el caso de Pulido – atleta, fornido, hábil- el amarre debió ser con doble o hasta triple vuelta de seguridad para evitar, precisamente, su fuga. He visto fotografías de secuestrados que en su intento por zafarse y por la manera como están amarrados, llegan a auto-ahorcarse. Resulta inverosímil pensar que a Pulido lo ataran con cordones débiles bajo nudos parecidos más al amarre de zapatos comunes.

EL ATAQUE. De acuerdo a la versión oficial, a Alan Pulido lo secuestraron los Zetas. Hay registro – y no es novedad-, de que las células de secuestro zetas son tan capaces como cualquier otro grupo, pero con una diferencia radical: los zetas son sanguinarios y han sido entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo, sin ningún tipo de piedad cuando su víctima intenta escapar. Aun siendo Pulido un hombre muy fuerte, resulta descabellado suponer que pueda vencer con extrema facilidad a un zeta que sabe dónde pegar, cómo pelear y de qué forma someter. No solo es cuestión de fuerza. Es técnica. Es destreza. Pulido es futbolista, no luchador ni boxeador, y es en la técnica precisamente donde está la diferencia. Los zetas fueron, en su mayoría, entrenados en el Ejército mexicano y los vigilantes de secuestrados son verdaderas máquinas de matar. Resulta, de paso, increíble imaginar siquiera que, como dice el gobierno tamaulipeco, Pulido hubiera molido a golpes a su custodio (Daniel Hernández, alias “El Foca”) y que, teléfono en mano y con una sola mano, lo siguiera golpeando para exigirle decir dónde se encontraba la casa de seguridad. Un zeta, bajo esas circunstancias, prefiere quedar muerto a ser un “chivato” porque sabe que de vencerse, su vida y la de su familia valdrían nada. Un zeta arrinconado se defiende bajo una premisa: a matar o morir.

LA PISTOLA SIN BALAS. Quienes secuestraron a Pulido son células zetas, no simples matarifes esquineros o gandallitas de barrio. Dice la autoridad que Pulido tomó, en un momento determinado, la pistola de su custodio pero que no tenía balas. Eso es imposible. ¿Por qué? Los sicarios profesionales, como los zetas, no andan por la vida con pistolas descargadas, mucho menos si se trata de secuestrar o de vigilar a un plagiado. Inverosímil suponerlo siquiera.

LA CASA. Según lo declarado por la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, Pulido se desató, sometió a su vigilante y “bajó escaleras abajo con el arma (sin balas)”. Afuera de la casa estaba un segundo custodio que regresa y busca al plagiado. No lo encuentra. Vuelve a salir, se percata de que llega la policía y prefiere huir, olvidando su pistola. Primero: imposible que no encontrara a Alan Pulido en ninguna parte de la casa de seguridad. Los secuestradores conocen perfectamente cada rincón del lugar de cautiverio, que regularmente tiene grandes espacios y pocos muebles. Segundo: Imposible que se la haya “olvidado” su arma. Esa la cargan siempre. No son las llaves del auto ni el celular para dejarla sobre la mesa. La pistola al cinto de los sicarios zetas es como su propia alma: siempre la llevarán con ellos.

LA UBICACIÓN. En ningún momento se ha dicho que los propios secuestradores revelaran la ubicación exacta de la casa de seguridad donde tenían cautivo a Pulido. ¿Cómo diablos reveló, entonces, el futbolista, en qué lugar se encontraba? A ningún secuestrado se le indica, sobre la ruta, el lugar a donde será llevado ni cuenta con guía de turistas. Las casas de seguridad son modificadas de manera hermética para que no se pueda ver de adentro hacia afuera, y viceversa. Las ventanas están selladas. “El jugador se asomó a la ventana y describió que estaba en una casa color blanco de dos pisos, con dos autos, uno gris y otro rojo, estacionados enfrente”, relata la información de The Associated Press. Estos datos difícilmente serían suficientes para ubicarlo. La casa de seguridad se encuentra en una zona de alta peligrosidad: de acuerdo a la Procuraduría, Pulido estuvo recluido en una zona conocida como “madriguera de Zetas, donde se han localizado narco fosas y casas de seguridad”. “Hay varias inconsistencias en la versión oficial, como que haya dado su propia ubicación”, aseguró la presidenta de Alto al Secuestro, Isabel Miranda de Wallace. Cierto: descabellado, por donde se le vea, que el propio Pulido supiera en qué lugar estaba secuestrado.

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Por los hechos y los testimonios de las propias autoridades policiacas podemos concluir, igualmente, los siguientes puntos:

El supuesto escape de Alan Pulido pudo haber sido negociado – no encontramos otra palabra- por las autoridades policiacas tamaulipecas y el crimen organizado, ante la presión nacional e internacional de que un futbolista famoso hubiera sido secuestrado en México. El lunes pasado apareció una manta atribuida a la organización criminal “Zetas Vieja Escuela” que rezaba: “Ustedes putos Estatales que sepan todos que ayer en el secuestro del futbolista le cubrieron la retirada al Tiki Tiki”. (Uno de los líderes del Cartel del Noreste). Con ello, la confusión crece: ¿fueron realmente Los Zetas, como lo asegura la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, quienes plagiaron a Pulido? Hasta hoy, la Procuraduría no ha desmentido la acusación de que el Tiki Tiki fue protegido por policías estatales tras la liberación del jugador de futbol. Esto abre la posibilidad de que la liberación de Alan se hubiera desprendido de algún contacto directo entre la policía estatal y grupos delictivos.

El gobernador Egidio Torre solamente salió de su oficina para tomarse una fotografía con Alan Pulido, después de que durante todo su sexenio se mantuvo encerrado a piedra y lodo y, por supuesto, jamás acompañó a ninguna víctima del crimen organizado que en realidad gobierna Tamaulipas. El priista Torre actuó con un oportunismo político tan detestable como evidente.

“Como haya sido, pero ya está sano y salvo”, resumió la situación el procurador de Justicia de Tamaulipas, Ismael Quintanilla, tras la liberación de Pulido, abonando, aún más, a la confusión que rodea el cómo quedó libre el futbolista, tras las evidentes contradicciones entre lo dicho por autoridades federales y estatales. Cada quién con su versión.

Cierto: lo importante es que Alan Pulido está vivo. Pero en un país donde la mentira, la impunidad y el engaño son divisas de gobierno, bien haría la autoridad en limpiar este oscuro y penoso caso.

 

TW: @_martinmoreno

Salinas releva a Peña

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Por: Martín Moreno

 

En los últimos días hemos leído y escuchado que el gobierno de Peña Nieto está dando un “viraje” al proponer, por ejemplo, legalización de mariguana o respaldar matrimonios entre personas del mismo sexo. Puede ser. No extrañaría un bandazo ante el agotamiento del discurso, la figura y las políticas públicas del peñismo, así como el desplome dramático de la figura presidencial y su raquítica capacidad de reacción.

 

Sin embargo, observar bajo ese enfoque la conducción del gobierno peñista, es ver las ramas y no el bosque. Lo que ocurre dentro del gobierno de Peña Nieto es más profundo y, a la vez, preocupante.

En la praxis del ejercicio del poder presidencial, en la operación de temas estratégicos del Gobierno en la actualidad, en la designación de funcionarios claves para manejarlos y, sobre todo, en la manera como el PRI enfrentará la elección del 2018, el peñismo ha sido desplazado por el influyente y poderoso salinismo que jamás se fue y que, hoy por hoy, ha tomado ya riendas de gobierno.

 

Sí: Carlos Salinas operando detrás de Peña Nieto, influencia marcada desde el inicio del sexenio pero que ante el rápido y dramático desplome del Presidente de la República, faltando 30 meses de administración, ha obligado al salinismo a salir al quite por el pavor de que el mal desempeño de Peña sea la mejor plataforma para que López Obrador triunfe en la próxima presidencial, ante el fracaso evidente de Peña y del PRI.

 

Salinas, en la praxis, relevando en algunas funciones a Peña Nieto.

 

Revisemos porqué está ocurriendo este fenómeno.

 

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Los operadores salinistas están ejerciendo funciones claves para sacar a flote al gobierno priista, con Carlos Salinas de Gortari como jefe del clan, bajo una parábola cinematográfica que bien pudiéramos titular “Rescatando al soldado Peña”.

Echemos un vistazo:

 

El salinismo controlando la Reforma Educativa. Esa reforma es la única que sobrevive, con cierta viabilidad, del paquete aprobado tras la integración del “Pacto por México” al inicio del sexenio. A la energética, por ejemplo, la han hundido los precios bajos del petróleo, además de operaciones poco transparentes en el aterrizaje de la propia reforma, con grupos poderosos beneficiados con licitaciones, reduciendo el margen de competitividad, y con una opacidad marcada en el renglón de financiamiento de proyectos. La reforma de Telecomunicaciones no desmanteló al duopolio televisivo (se ha debilitado por otras razones), y la telefonía para millones no registró cambios de fondo. Así, la Reforma Educativa es el único ariete del peñismo, y es manejada por el subsecretario de la SEP, Otto Granados, quien fuera jefe de prensa y vocero de Carlos Salinas. Es Otto quien opera, diseña y ordena, mientras Aurelio Nuño es imagen y voz de lo que planea Granados. De paso, hay que decir que Nuño es un cuadro ligado e impulsado por José Carreño, precisamente sustituto de Otto Granados como vocero de Salinas, y que desde los días en la Universidad Iberoamericana adoptó políticamente a Nuño hasta colocarlo en el grupo cercano a Peña Nieto. Así, tanto Otto como Aurelio pertenecen al grupo político de Salinas de Gortari.

El salinismo controlando la política exterior. Si alguna sobrina favorita tiene Carlos Salinas de Gortari, esa es la improvisada canciller Claudia Ruiz – Massieu Salinas. La hija del asesinado José Francisco y de Adriana Salinas es, hoy por hoy, la Salinas más aventajada del clan. La fuerza de su influyente tío le alcanzó para llegar a Relaciones Exteriores – en un claro desprecio y agravio para con los diplomáticos de carrera- y, desde allí, intenta proyectar la imagen del país al extranjero pero, sobre todo, consolidar al salinismo fuera de México para mantener influencia y presencia en el mundo, inclusive, después del actual sexenio. De paso, a la empoderada sobrina se le perfilaría – haciendo binomio con Aurelio Niño- como “candidata emergente” del PRI en 2018, siendo el alfil de Salinas con rostro de mujer para enfrentar, por ejemplo, una candidatura de Margarita Zavala. Y si faltara una cuña en la SRE con olor a salinismo, se incrustó a Paulo Carreño, encargado directo de las relaciones públicas de Carlos Salinas durante varios años e hijo de José Carreño, como subsecretario. Los salinistas manejan la política exterior mexicana.

El salinismo controlando Pemex. La debacle de la empresa petrolera fue la tormenta perfecta para que el salinismo tomara por asalto al barco. La llegada de José Antonio González Anaya – Pepe Toño le llaman- a la dirección de Pemex, consolida al grupo de Carlos Salinas de Gortari: Pepe Toño es concuño de Salinas, al estar casado con Gabriela Gerard, hermana de Ana Paula, la segunda esposa del ex presidente de México. De esta manera, por vínculos políticos y familiares, otro cuadro salinista opera, de manera directa, los destinos, presupuestos, contratos y políticas de Pemex que, aun cuando atraviesa por la crisis más severa de su historia, mantiene un peso mayor en la economía nacional.

Ha trascendido que habrá cambio de jefe de prensa en Los Pinos, y que Eduardo Sánchez – quien, entre otras misiones, habría llegado a Los Pinos para operar la salida de Carmen Aristegui de MVS Noticias– dejará el puesto que podría ser ocupado por Otto Granados, Oscar Argüelles o el periodista chileno Pablo Hiriart. No hay pierde: los tres llevan a Salinas en el corazón. El nombre es lo de menos. Sin embargo, sí sería más que relevante para futuras decisiones (2018), que un salinista de cepa ocupara Comunicación Social de Los Pinos.

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Con el desgaste natural del ejercicio del poder, a Peña Nieto se le agotaron los cuadros propios y, por ello, han tenido que entrar al relevo los salinistas.

 

Con Luis Videgaray prácticamente eliminado de toda aspiración presidencial – de hecho ya tendría que haber salido de Hacienda por sus magros resultados-, y el nulo crecimiento político de cercanos a Peña como Luis Miranda, el gobierno ha recurrido a otras corrientes, como ocurrió con el PRI que obligados por las circunstancias tuvieron que entregar a Manlio Fabio Beltrones.

 

Así, faltando 30 meses de gobierno, el salinismo ha relevado, en algunas funciones, al peñismo, con un innegable desplazamiento en el engranaje del propio Peña Nieto y el enquistamiento de Salinas de Gortari, recordando siempre que fue el responsable directo de la crisis económica más grave que ha enfrentado México.

 

Demasiado pronto para Peña Nieto.

#CasoMatatena: Ríos quiere imponer a Gómez Mont

Niños

Por: Martín Moreno

 

Lo que está haciendo Rodolfo Ríos con el #CasoMatatena, es antiético, reprobable y, por donde se vea, bajo un abierto conflicto de interés al querer imponer…¡desde la propia PGJCDMX!, al abogado de los ciudadanos que acusan abuso sexual en contra de sus hijos en el colegio Montessori Matatena de la calle de Augusto Rodin 398, colonia Extremadura Insurgentes, en la Ciudad de México – por si usted se interesa en inscribirlos-, por parte de Leopoldo Rafael Duarte, alias “Rafa”, ya recluido y con auto de formal prisión, más como resultado de la presión tanto de padres como del abogado Víctor Carrillo y mediática, destacando la labor de la reportera Yohali Reséndiz mediante su blog periodismoatodaprueba.blogspot.com, que de labor eficaz de la propia Procuraduría.

 

A algunos padres del #CasoMatatena, el Procurador Rodolfo Ríos – ex secretario privado y amigo íntimo de Miguel Ángel Mancera y sin ninguna experiencia ni como MP o Fiscal-, los ha presionado para que cambien de abogado, según se ha hecho saber a esta columna.000

 

¿A quién quiere imponer Ríos como abogado de los padres?

 

Al penalista Emiliano Robles Gómez Mont.

 

¿Por qué presiona el Procurador Ríos a los padres del #CasoMatatena para que despidan a su actual abogado, Víctor Carrillo?

 

Porque Carrillo no solamente ha hecho un trabajo profesional, limpio e impecable con el #CasoMatatena, logrando que en el aspecto jurídico se haya construido un caso sólido que ya tiene tras las rejas a “Rafa”, sino que, al mismo tiempo, ha ido más allá: de frente a Rodolfo Ríos, ha señalado errores y omisiones de la PGJCDMX en este caso, y lo ha hecho cara a cara y de manera valiente ante el Procurador y medios informativos. Carrillo exhibió la carencia de protocolos adecuados de la Procuraduría en casos de abuso sexual infantil y denunció el tortuguismo con el que actúa la autoridad cuando así le conviene. Eso no le gustó a Ríos que ahora, desde una posición revanchista, pretende eliminar a Carrillo del caso. Allá los padres y su conciencia si se dejan deslumbrar y presionar por el Procurador y aceptan a Robles Gómez Mont.

¿Para qué quiere Rodolfo Ríos a Robles Gómez Mont como abogado de los padres en el #CasoMatatena?

 

Para ejercer de titiritero del abogado de las víctimas, controlar mediáticamente el caso, manipularlo a conveniencia de la Procuraduría y que sea la PGJCDMX, y no los padres junto con Víctor Carrillo, la que marque la pauta en el escándalo de abuso sexual contra menores. Hasta hoy, han sido los padres de familia y su abogado quienes han exhibido el ataque en contra de los niños, y eso no le ha gustado a Ríos que, a fuerza de presionar para cambiar a Carrillo por Robles Gómez Mont, quiere revertir la situación y que la Procuraduría – tal como lo intenta con el asesinato múltiple en la colonia Narvarte-, apague y olvide el caso.

 

Vergonzante, la actuación del procurador Rodolfo Ríos en el #CasoMatatena.

 

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Cuando los padres del #CasoMatatena protestaban frente a la PGJCDMX recién había estallado el escándalo, el Diputado federal panista, Santiago Torreblanca, arrimó la sardina y trató de colgarse del asunto, cacareando en su cuenta de TW (@storreblancae): “Estuve afuera de la PGJ apoyando a los padres del #CasoMatatena. Esto fue lo que propuse”, y muestra un video.

 

No es nada raro que un diputado trate de colgarse de un caso tan mediático para fortalecer su imagen. Es común y frecuente.

 

Pero lo que el Diputado Torreblanca no dijo, o se le olvidó decir, es que, al igual que el procurador Rodolfo Ríos, también les propuso a los padres agraviados que él les pagaba al abogado y – vaya coincidencia-, les mencionó a Robles Gómez Mont.

 

¿Casualidad, o el panista también quiere fuera a Víctor Carrillo del #CasoMatatena y trata de imponer a Robles Gómez Mont para beneficio de la Procuraduría de Justicia capitalina?

 

Eso pronto se sabrá.

 

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Hasta ahora, los padres cuyos hijos fueron presuntamente agredidos sexualmente por “Rafa” – tres casos ya se comprobaron y otro más, de abuso sicológico, también fue confirmado- se han ganado el respeto y el reconocimiento de la opinión pública y de medios por su denuncia valiente y frontal. Su lucha ha sido aplaudida. Ojalá que – insistimos- no cedan a las presiones del Procurador Ríos y que un caso de ejemplar lucha ciudadana no la conviertan en una vulgar negociación con el poder político capitalino o, aún peor, intenten lucrar con este caso. De permitirlo, los padres estarían negociando, nada menos, la dignidad de sus propios hijos. Los pequeños están en medio.

 

Y ojalá que los padres también apoyen a quien ha sido el artífice legal – por su profesionalismo y honestidad- del #CasoMatatena: el abogado Víctor Carrillo. Ojalá que no se les olvide. Ojalá.

 

Seguiremos, por supuesto, dando seguimiento a lo que ocurra con el #CasoMatatena.

 

 

Ayotzinapa: la “verdad histórica” incinerada

Por: Martín Moreno

El comunicado 503/ 16 de la PGR, emitido entrada la noche del viernes 8 de abril de 2016, bien puede enmarcarse como la esquela de la “verdad histórica” sobre Ayotzinapa que Jesús Murillo Karam esgrimió en nombre del Estado mexicano, que Peña Nieto avaló y defendió públicamente, y que insostenible y débil, débil por insostenible, terminó de derrumbarse y, junto con ella, el prestigio del régimen peñista ante los ojos del mundo.

 

Hoy por hoy, aquella “verdad histórica” de Murillo Karam, vendiéndonos la idea de que los 43 de Ayotzinapa habían sido quemados, en su totalidad, en el basurero de Cocula, carece no sólo de validez en cuanto al respaldo científico. Va más allá. Llega al extremo de haberse convertido en una “mentira histórica” que encubrió, desvirtuó y manipuló lo ocurrido con los estudiantes.

 

Cuando desde la Universidad de Innsbruck llegó el reporte frontal: “No fue posible obtener, hasta el momento, identificación de perfiles genéticos, en la totalidad de las muestras de los restos óseos…” provenientes del basurero de Cocula y (de) 2 muestras óseas de la bolsa del Río San Juan, que coincidieran con los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, el efecto colateral fue directo y brutal: la “verdad histórica” de Murillo Karam quedaba hecha añicos.

 

¿Por qué esa “verdad histórica” hoy está prácticamente enterrada? Por varias razones:

 

Porque Murillo Karam cometió un error de primer año: asumió las declaraciones de los sicarios de Guerreros Unidos –en particular de Agustín García Reyes, alias “El Chereje”, quien, a través de un video presentado durante la conferencia del 7 de noviembre de 2014 en la PGR, narró con una precisión matemática tan admirable como sospechosa, cómo llegaron…“43 o 44 estudiantes…” a Cocula, para ser victimados, quemados y tirados al río-, como verdad absoluta, sin someterla a una investigación a fondo y rigurosa que comprobara estas versiones, a final de cuentas, provenientes de un grupo de criminales desalmados cuya veracidad siempre estará en duda.

Porque Murillo Karam olvidó una máxima que los policías de carrera recomiendan: las declaraciones de los detenidos son, simplemente, eso: simples declaraciones que tienen que ser asumidas como líneas de investigación, trabajadas y, llegado el momento, ratificadas o desechadas. El Procurador cansado tomó como palabra de Biblia lo dicho por El Chereje, y allí están las consecuencias: el derrumbe de la credibilidad en la “verdad histórica”.

Porque Murillo y Los Pinos apresuraron –en realidad de manera errada y sin ninguna necesidad- la divulgación y aceptación pública de su “verdad histórica”, empujados y agobiados por la ola de críticas internacional que provocó el desgaste y el desprestigio del gobierno peñista. Quisieron darle carpetazo, como lo hizo Peña Nieto con el caso Paulette, a pesar de que se comprobó que los padres de la niña fueron los culpables de su desaparición (Ver a detalle libro “Paulette, lo que no se dijo. Martín Moreno. Edit. Aguilar). O con el affaire Arturo Montiel, donde se le eximió de las acusaciones de enriquecimiento ilícito cuando, en realidad, Montiel salió multimillonario, de forma inexplicable, de su gobierno. Peña y su equipo jamás entendieron que ni Paulette ni Montiel tenían el perfil de los estudiantes desaparecidos, y ese fue un error grave.

Porque la PGR y Los Pinos tuvieron pavor de pedir apoyo técnico y asesoría científica a entidades extranjeras sin darse cuenta, en su soberbia y torpeza, que allí estaba parte de la solución: involucrar a terceros hasta donde fuera posible, haciendo equipo y ofreciendo resultados de manera conjunta. Pero no. La mentalidad aldeana del Grupo Toluca no dio más que para intentar manejar el asunto a la vieja usanza: manipulando, encubriendo y mintiendo, y suponer que así cerrarían el asunto. No fue así. Ahora están hundidos en la desconfianza.

Porque el caso Ayotzinapa reventó la frágil y riesgosa relación histórica entre los gobiernos priistas y los estudiantes. Peña, Osorio, Nuño y Videgaray –sin excepción- nunca entendieron realmente que cuando hay estudiantes involucrados, los priistas son duramente cuestionados y se reviven episodios sangrientos y vergonzantes. Allí están 1968 y 1971. O en menor escala, la corretiza a Peña dentro de la Ibero. Aun cuando ahora la orden de masacrar a estudiantes no salió de Los Pinos o de Gobernación, el cálculo fue desafortunado: quisieron encapsular lo ocurrido en Iguala como un “asunto local”, despreciándolo desde un principio, buscando chivos expiatorios en la PGJEG y, cuando quisieron reaccionar, el conflicto ya los ahogaba. El gobierno jamás entendió lo que significaba Ayotzinapa, y si no comprendes un problema, menos lo podrás resolver.

Ni Murillo Karam ni su jefe, el Presidente, previeron que el GIEI tuviera tanta influencia entre la opinión pública nacional e internacional y se convirtiera, de hecho, en un grupo de presión que para desgracia del gobierno mexicano, tenía una ventaja por encima de Peña Nieto: la credibilidad internacional, esa credibilidad que el Gobierno perdió con el affaire “casa blanca” de la familia presidencial, y con el caso Ayotzinapa. El GIEI no sólo derrotó a la PGR –avalado por el informe del viernes 8 de abril llegado desde Innsbruck-, sino que, de paso, evaporó la escasa credibilidad del gobierno mexicano.

Con todos los escenarios en contra, la PGR también le dio el tiro de gracia a la propia PGR cuando, el uno de abril pasado, reveló en el famoso Tercer Dictamen, junto con los expertos foráneos, que en el basurero de Cocula había sido quemados “17 adultos” (jamás utilizó la palabra estudiantes), lo cual vulneraba y debilitaba la “verdad histórica” de que allí mataron a los 43 ayotzinapos. En la praxis política, Arely Gómez tuvo que matar, por salud pública, a Murillo Karam.

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A la luz de los informes de la Universidad de Innsbruck, las preguntas queman en la conciencia del país:

 

Si a los normalistas no los quemaron en Cocula, ¿dónde los masacraron realmente? ¿Dónde están sus restos? ¿Dónde están, al menos, 26 de ellos, si damos por válido el Tercer Dictamen de que solamente se incineraron en el basurero a 17 “adultos”?

 

Ayotzinapa no es un caso cerrado, como le urge presentarlo al gobierno.

 

Y habrá que entenderlo desde ahora: en lo que resta del sexenio, no se cerrará. No podrán hacerlo.

 

TW: @_martinmoreno

México, sin liderazgos

Bandera-actual

Por: Martín Moreno

 

Jamás, en la historia reciente, se habían registrado tales vacíos de liderazgo y, en consecuencia, ausencia de gobiernos eficaces, como los que hoy padecen los mexicanos, con un Presidente –Peña Nieto-, con apenas 32 por ciento de aprobación a su gobierno, y con un Jefe de Gobierno –Mancera–, con un pobre 24 por ciento de respaldo ciudadano.

 

Nunca, a la mitad del camino sexenal, cuando se supone que la consolidación de los gobernantes se ubica en sus picos más altos; cuando el poder en Los Pinos y en la Jefatura de Gobierno capitalina deberían estar en su mayor grado de aceptación ciudadana, y con el Presidente y el Jefe de Gobierno local en su esplendor político, gozando y ejerciendo el poder de manera eficaz y benéfica para millones, nunca se había observado un abandono tan dramático como merecido como el que, hoy, le endilgan los ciudadanos a Enrique Peña Nieto y a Miguel Ángel Mancera.

 

No ocurrió en la historia reciente. Ni con Salinas, ni con Zedillo, ni con Fox ni con Calderón, que tenían un amplio apoyo ciudadano que fluctuaba entre el 60 y 80 por ciento. Ningún presidente tan empequeñecido en el apoyo popular como Peña Nieto. Ningún jefe de Gobierno tan despreciado en el respaldo de los capitalinos como Mancera.

 

Y no es cuestión de filias ni fobias. Esta columna es daltónica. Allí están las cifras, frías y contundentes, de la encuesta del lunes pasado en El Universal. Botones de muestra:

 

– El 56 por ciento de los mexicanos ve por muy mal camino al país.

– Uno de los puntos que más afectan a EPN en su escaso respaldo ciudadano, está en las reformas aprobadas durante su gobierno. (Brutal el mazazo en la nuca en Los Pinos).

– 4 de cada 10 mexicanos consideran que el Presidente no ha hecho nada positivo.

– En el caso de la CdMx, la mitad de los capitalinos considera que la mayor preocupación es la inseguridad y la violencia.

Allí está el problema: la falta de resultados positivos, la ausencia de liderazgos, la descomposición política y el divorcio entre gobernantes y ciudadanos.

 

¿Qué hacer, entonces, cuando el país se va a pique por malos gobiernos?

 

No se vislumbra otro camino más efectivo que la revocación de mandato a los gobernantes.

 

Peña y Mancera llegaron al poder con votos. Ok.

 

Peña y Mancera, hoy, deberían someterse a esos mismos votos como proceso evaluatorio de sus respectivos gobiernos para decidir si deben continuar en sus cargos o hacer sus maletas e irse a casa.

 

No hay, de momento, otra vía.

 

¡Revocación de mandato, ya!

 

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La revocación de mandato –esa figura planteada en varias ocasiones, tan temida por nuestros políticos y que hoy duerme el sueño de los justos en el poder legislativo–, es, ante los vacíos de gobierno y el desgobierno que se vive en el país, el procedimiento más democrático, justo y válido para intentar rescatar algo de lo ya perdido.

 

Democrático, porque sería a golpe de votos.

 

Justo, porque premiaría al buen gobernante y castigaría al mal gobernante.

 

Válido, porque emanaría del consenso ciudadano y no de los acuerdos oscuros del poder político.

 

¿Bajo qué escenarios a discutir?

 

1) Mantener un sexenio tanto para la Presidencia como en la Jefatura de Gobierno, y a los 3 años cumplidos, aplicar la revocación de mandato, que no es otra cosa que un referéndum ciudadano bajo la logística de una elección más, y allí que digan los mexicanos: vas bien y te quedas a completar con tu administración, o vas mal y te vas.

2) Con seis años de gobierno también, justo a los 4 años realizar la revocación de mandato, y que se decida si el Presidente, Jefe de Gobierno, gobernadores y alcaldes deben permanecer en el cargo los dos años que les restan por voluntad ciudadana, o adiós y gracias por participar.

3) Ampliar el periodo de gobierno a 8 años, y a los cuatro años de gestión, aplicar la revocación de mandato. Sí, como en Estados Unidos.

Premio o castigo al buen o al mal gobernante. Refrendo o retiro. Nada más democrático y justo.

 

¡Revocación de mandato, ya!

 

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Hoy por hoy, con esos niveles tan raquíticos y vergonzantes de rechazo ciudadano, ni Peña Nieto ni Mancera saldrían triunfantes en una reelección ciudadana. Los batearían, sin duda. No llegarían a completar sus sexenios. Sus pésimos resultados, la decepción de los mexicanos, los regresarían a sus casas. O a sus casotas, en el caso del mexiquense.

 

¿Tiene derecho cualquier gobernante a arrastrar a un país entero por su incompetencia propia? La respuesta es no.

 

Si el gobernante salió corrupto, incapaz, cínico o frívolo –cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia–, pues arranquemos de sus garras, con votos, al país. Nos equivocamos al elegirlo. Ni hablar. A cambiarlo. Sería mucho más caro para México seguirlo manteniendo.

 

¿Quién quedaría en su lugar? ¿Y cuándo se celebrarían las próximas elecciones? Como lo marca la Ley, relevaría el Secretario de Gobernación. Y a los seis meses, realizar la nueva elección presidencial. ¿Es eso tan difícil?

 

Sería costoso en lo económico, sin duda.

 

Pero mayor costo significaría mantener a gobiernos que ya no cuentan con el respaldo ciudadano y que gobiernan, por tanto, para las élites, para los empresarios amigos, con miras futuristas, mientras la CdMx se ahoga entre contaminación, tráfico, inseguridad, violencia, desgobierno.

 

Hoy, ni Peña ni Mancera aguantarían la reelección.

Mancera: el rumbo extraviado

Mancera

Por: Martín Moreno

 

Mancera quiere mutilar al Bosque de Chapultepec para poner una rueda de la fortuna.

 

Mancera se viste de verde y se cuelga del brazo del Gobernador chiapaneco Manuel Velasco. ¡Ay, si tú!

 

Mancera hace campaña en los estados botiquín en mano…mientras la Ciudad de México se ahoga en la contaminación.

 

Mancera come botanita en el box.

 

Mancera ha perdido el rumbo.

 

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Para nadie es un secreto que Miguel Ángel Mancera es un híbrido político que carece de ideología y de solidez intelectual. De pocas luces, sin discurso ni carisma personal, de rebote y por circunstancias llegó a la Jefatura de Gobierno capitalino. Sin méritos. Sin carrera. Sin equipo respetable.

 

Hoy por hoy, Mancera ha extraviado la brújula y lo mismo se le ve recorriendo estados abanderando un programa a todas vistas electorero llamado “Médico en tu casa” – desde Chiapas hasta Durango, Michoacán, Chihuahua, Tlaxcala y Sinaloa, con tiempos que debería dedicar a la CDMX y gastando recursos salidos de los bolsillos de los capitalinos-, mientras la ciudad se ahoga en contaminación, detritus y porquerías que respiramos, y con una Influenza en repunte bajo síntomas alarmantes.

 

Allí están cifras y datos:

 

La Ciudad de México está entre las más contaminadas del mundo, de acuerdo al reporte “Urbanoutdoor air pollutiondatabase”, publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En 2013, científicos de la UNAM alertaron que los niveles de contaminación en la capital mexicana podrían ya ser similares a los de China, donde 7 mil personas fueron hospitalizadas en los primeros días de enero de ese año.

En México se registran anualmente 9 mil 300 muertes asociadas con la contaminación del aire, revela la OMS. La capital es el centro de mayor contaminación a nivel nacional.

Durante 2016, la contingencia ambiental ha sido la constante: mala calidad del aire. Hay más días contaminados que limpios.

“El nuevo Reglamento de Tránsito de la ciudad de México no está conectado con la mejora en la calidad del aire”, alertó el Premio Nobel de Química, Mario Molina (Quadratin – México Vanessa Alemán 2/Marzo/2016).

 

¿Qué ha hecho Mancera ante el veneno que todos respiramos a diario en la CDMX? Nada. Absolutamente nada.

 

¿Cuál ha sido su respuesta?

 

Promoverse políticamente en otros estados. Viajar en helicóptero. Encubrir a la empresa beneficiada con el nuevo Reglamento de Tránsito. Publicitar cosas triviales. Gastarse los recursos públicos para sus ambiciones personales.

 

Aún más:

 

Bajo el inconfundible aroma del negocio, Mancera quiso construir el denominado Corredor Cultural Chapultepec. Los ciudadanos le dijeron “NO”. Tuvo que recular.

 

Hace unos días, se despertó con la ocurrencia de mutilar el …¡Bosque de Chapultepec! para colocar allí una ruedota de la fortuna. Los vecinos frenaron esa idea descabellada. Ahora, Mancera replanteó otra locura: colocarla junto al Auditorio Nacional. Le volverán a dar palo.

 

¿Es prioritaria para la CDMX una rueda de la fortuna?

 

La respuesta es NO. Hay mil problemas más graves: la contaminación que mata; basura y heces caninas por todas partes; la influenza con 4 mil 121 casos y 260 muertes, la mayoría en la CDMX y Jalisco; la inseguridad; el crimen organizado enquistado; asaltos por doquier; la vialidad; los baches; calles en pésimo estado, etc.

 

Pero Mancera ya ha perdido la brújula.

 

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Mancera visita varios estados gracias a los generosos recursos públicos de los capitalinos. Dice que es para promover su programa “Médico en tu casa” mediante el cual regala cunas y curitas.

 

“Un programa social le ha servido de pretexto al Jefe de Gobierno de la Ciudad de México para promoverse por el país. Con un toque de campaña, en el que habla de sus aspiraciones presidenciales, Miguel Ángel Mancera ha convertido el programa Médico en Tu Casa en ´Mancera en Tu Estado´”. (Reforma Manuel Durán 1/Marzo/2016).

 

¿Viola Mancera la Ley al promoverse con recursos públicos de la CDMX?

 

Echemos un vistazo al Artículo134 Constitucional:

 

“Los recursos económicos de que dispongan el Gobierno Federal y el Gobierno del Distrito Federal, así como sus respectivas administraciones públicas paraestatales, se administrarán con eficiencia, eficacia y honradez para satisfacer los objetivos a los que estén destinados”.

 

Hasta aquí el precepto.

 

¿Está Mancera ejerciendo recursos públicos con eficacia y eficiencia, al disponer de ellos para promocionarse políticamente? ¿Hay honradez en ello? ¿Se satisfacen realmente los objetivos de los ciudadanos?

 

La respuesta es NO.

 

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Mancera, de manera indiscutible, ha provocado un vacío de gobierno en la Ciudad de México, que carece de liderazgo y de un Jefe de Gobierno que responda verdaderamente a las necesidades colectivas. Los capitalinos no votaron en 2012 por alguien que se dedicara al embellecimiento de su figura política. Lo hicieron con el anhelo de tener una mejor capital. Hoy no la tienen.

 

Mancera tiene proyecto propio (o al menos eso cree). Quiere ser candidato presidencial en 2018, y si no llega a Los Pinos, tal cual “queda-bien”, se cuelga desde ahora de Peña Nieto y del PRI para tener futuro. ¿A cambio de qué? De ser un aliado más del peñismo.

 

Y como los vacíos se llenan, allí está Héctor Serrano como virtual Jefe de Gobierno, operando, disponiendo, ordenando. Es tema del cual nos ocuparemos en posteriores entregas.

 

Mientras tanto, Mancera naufraga en el delirio futurista, en las locuras del poder.

 

¡Pobre Ciudad de México!