La Parroquia

Francisco: “La creación no es propiedad nuestra, sino un don que Dios nos ha dado para que la cuidemos”

“Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros”, subraya en la Audiencia

Francisco: “Madres, que tenéis el don del consejo, pedidlo para vuestros hijos”

“Este don nos hace crecer interiormente, positivamente, en la comunidad”

El Papa pide “líderes” con “mentes y corazones forjados por la verdad del Evangelio”

Aboga por “un profundo sentido de comunión con la Iglesia universal en su servicio a toda la familia humana

El Papa lanza un mensaje de esperanza al término del impresionante Via Crucis del Coliseo

Francisco: “La cruz nos enseña que el mal no tendrá la última palabra, sino el amor, la misericordia y el perdón”

“La vida de Jesús ha sido una lucha. Todos somos tentados por el diablo”

Aula Pablo VI - Francisco I recibe 6000 pariodistas

La tentación “crece, contagia y se multiplica”

“¡También yo estoy tentado por las habladurías!”, asegura Francisco

 

Aprendamos del Evangelio a luchar contra las tentaciones del demonio. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que todos somos tentados, porque el diablo no quiere nuestra santidad. Y reafirmó que la vida cristiana es, precisamente, una lucha contra el mal.

“La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio”. Con estas palabras el Papa comenzó su homilía dedicada enteramente a la lucha contra el demonio. Una lucha – dijo – que debe afrontar todo cristiano. Y subrayó que el demonio “tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones”, así como “también las persecuciones”. A la vez que advirtió que nosotros, los cristianos, “que queremos seguir Jesús”, “debemos conocer bien esta verdad”:

“También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”.

La primera tentación de Jesús – observó Francisco – “casi siembra una seducción”: el diablo dice a Jesús que se tire del Templo y así, sostiene el tentador, “todos dirán: ‘¡He aquí el Mesías!’”. Es lo mismo que hizo con Adán y Eva: “Es la seducción”. El diablo – dijo el Papa – “habla como si fuera un maestro espiritual”. Y cuando la tentación “es rechazada”, entonces “crece: crece y vuelve más fuerte”. Jesús – recordó el Santo Padre – “lo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca a algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por lo tanto, “crece también implicando a otros”. Así sucedió con Jesús, “el demonio implica” a sus enemigos. Y lo que “parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo – explicó Francisco – se convierte en una marea”.

La tentación “crece, y contagia. Y al final, se justifica”. El Papa también recordó que cuando Jesús predica en la Sinagoga, inmediatamente sus enemigos lo disminuyen, diciendo: “Pero, ¡éste es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca fue a la universidad! Pero, ¿con qué autoridad habla? ¡No estudió!”. La tentación – dijo Francisco – “implicó a todos contra Jesús”. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación – añadió el Pontífice – es el del sacerdote”, cuando dice: “¿No saben que es mejor que un hombre muera” para salvar “al pueblo?”:

“Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a los demás. Pensemos en una habladuría, por ejemplo: yo siento un poco de envidia por aquella persona, por aquella otra, y antes tengo la envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y a va a lo de otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y trata de crecer y contagia a otro, a otro… Pero éste es el mecanismo de las habladurías ¡y todos nosotros hemos sido tentados de caer en las habladurías! Quizá alguno de ustedes no, si es santo, ¡pero también yo estoy tentado por las habladurías! Esta es una tentación cotidiana. Comienza así, suavemente, como el hilo de agua. Crece por contagio y, al final, se justifica”.

Estemos atentos – dijo también el Papa – “cuando en nuestro corazón sentimos algo que terminará por destruir” a las personas. “Estemos atentos – recalcó – porque si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crecerá y contagiará será una marea tal que sólo nos conducirá a justificarnos mal, como se justificaron estas personas”. Y afirmó que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”:

“Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo – el diablo – no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”.

Lo Dijo

“El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”

FRANCISCO: “NO EXISTE UN CRISTIANISMO SIN LA CRUZ”

“No existe un cristianismo sin la Cruz”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que “no tenemos posibilidad de salir solos de nuestro pecado” y reafirmó que la Cruz no es ornamento para colocarlo sobre el altar, sino el misterio del amor de Dios.

El pueblo murmuraba contra Dios y contra Moisés en su camino en el desierto. Pero cuando el Señor envió a las serpientes, este pueblo admitió su pecado y pidió un signo de salvación. El Papa se inspiró en la Primera lectura, tomada del Libro de los Números, para reflexionar sobre la muerte en el pecado. Y notó que Jesús, en el Evangelio del día, advierte a los fariseos diciéndoles: “Morirán en su pecado”:

“No hay posibilidad de salir solos de nuestro pecado. No hay posibilidad. Estos doctores de la ley, estas personas que enseñaban la ley, no tenían una idea clara sobre esto. Creían, sí, en el perdón de Dios, pero se sentían fuertes, suficientes, sabían todo. Y al final habían hecho de la religión, de la adoración a Dios, una cultura con los valores, las reflexiones, ciertos mandamientos de conducta para ser educados, y pensaban, sí, que el Señor puede perdonar, lo sabían, pero estaban demasiado lejos de todo esto”.

El Papa también recordó que el Señor en el desierto ordena a Moisés que haga una serpiente y la ponga sobre un asta, y le dice que quien será mordido por las serpientes y la mirará permanecerá con vida. Pero ¿qué es la serpiente?, se preguntó el Papa. “La serpiente – dijo – es el signo del pecado”, como ya vemos en el Libro del Génesis cuando “la serpiente sedujo a Eva, proponiéndole el pecado”. Y Dios – prosiguió Francisco – manda que se eleve el “pecado como bandera de victoria”. Lo que no se comprende bien si no entendemos lo que Jesús nos dice en el Evangelio”.

Jesús dice a los judíos: “Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, sabrán que yo soy”. Por lo tanto, – dijo el Papa – en el desierto se levantó el pecado, “pero es un pecado que busca la salvación, porque cura ahí”. Y subrayó que quien es elevado es el Hijo del hombre, el verdadero Salvador, Jesucristo:

“El cristianismo no es una doctrina filosófica, no es un programa de vida para sobrevivir, para ser educados, para hacer la paz. Éstas son consecuencias. El cristianismo es una persona, una persona elevada, en la Cruz, una persona que se anonadó a sí misma para salvarnos; se ha hecho pecado. Y así como en el desierto fue elevado el pecado, aquí ha sido elevado Dios, hecho hombre y hecho pecador por nosotros. Y todos nuestros pecados estaban allí. No se comprende el cristianismo sin entender esta humillación profunda del Hijo de Dios, que se humilló a sí mismo haciéndose siervo hasta la muerte y muerte de Cruz, para servir”.

Y por esto el Apóstol Pablo – prosiguió el Papa – “cuando dice de qué cosa se gloría Él – y también podemos decir de qué cosa nos gloriamos nosotros – Francisco dijo: “De nuestros pecados”. Nosotros – observó el Santo Padre – “no tenemos otras cosas de las cuales gloriarnos, ésta es nuestra miseria”. Y añadió que “de parte de la misericordia de Dios, nosotros nos gloriamos en Cristo crucificado”. Por esta razón, reafirmó, “no existe un cristianismo sin la Cruz y no existe una Cruz sin Jesucristo”.

La Parroquia – Edición Especial Noviembre

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