En pasillos y frías banquetas indígenas estrenan el Insabi

A la espera de servicio, mujer descanse en la banqueta.
  • En medio del desorden y la polémica por la salud, la cruda realidad está en los hospitales públicos de la ciudad

Texto: Daniel Estrada Ortiz

En medio del caos y la incertidumbre, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) ya se encuentra en funcionamiento. En Durango todavía se ve muy lejana la efectividad de los criterios de universalidad, igualdad e inclusión bajo los que se supone que operará la institución que sustituye al Seguro Popular.

Una de las principales polémicas del nuevo sistema de salud que promete atención de calidad a todas las personas que no cuentan con seguridad social, es la gratuidad en la atención a la que se ha referido en varias oportunidades el presidente Andrés Manuel López Obrador.

El problema es que los diversos pronunciamientos que han hecho legisladores y servidores públicos defensores del nuevo sistema de salud, han caído en algunas contradicciones, lo cual ha ocasionado que las dudas se incrementen entre los usuarios.

En el marco de la instalación de la Junta de Gobierno del Insabi, el Presidente de México declaró que en un año el sistema de salud federal mejorará y para cumplir con ello se cuenta con un buen presupuesto y voluntad.

Pero la realidad está en los hospitales públicos. Son estos espacios a los que acuden los ciudadanos en busca de atención médica, en donde se puede hacer un análisis en minutos, en torno a la posibilidad de que la calidad en el servicio mejore en un año.

El Hospital General 450, el Hospital Materno Infantil y el Hospital General de Zona No.1 del IMSS, son tres de los espacios de atención a la salud más concurridos en Durango; en estos lugares miles de ciudadanos tienen necesidades reales y urgentes que van más allá del debate en cuanto a si el Seguro Popular debió continuar o es mejor el Insabi.

La realidad de los más pobres

En recorrido de este semanario por dichas instituciones de salud, en las afueras del Hospital Materno Infantil, llama la atención una mujer que con una pequeña de aproximadamente un año de edad, permanece sentada sobre la banqueta de la parte frontal del inmueble.

La fémina, de marcados rasgos indígenas comparte un paquete de galletas con la pequeña que aparentemente tiene poco tiempo de haber aprendido a caminar, mientras realizan algunos juegos.

Pánfila Santillán Aguilar es su nombre y viene desde Tierras Coloradas, del municipio de Mezquital, a acompañar a su hermana quien recibe atención de parto.

El asunto es que llegaron desde hace tres días y el bebé no había nacido, además de que Pánfila no tiene idea del motivo de la tardanza, pues de español sabe muy poco y no entiende muchas de las cosas que los doctores dicen.

Empero, en su escueto vocabulario en español, relató cómo durante los tres días que ha permanecido a la espera del nacimiento de su sobrino o sobrina, ha tenido que dormir en el hospital.

“Allá. En donde está la subida (rampa), del otro lado (en Urgencias), dejan que me quede en el pasillo con la niña. Yo traía dos cobijas y unas señoras me regalaron otra”, relata, mientras señala hacia la zona a la que se refiere.

Admite que ha comido muy poco desde que llegó, también reconoce que ha pasado frío al dormir en el suelo del hospital, pero lo más duro es que dichas condiciones no distan mucho de las que tiene que enfrentar en el lugar del que viene.

Pánfila sabe que “López Obrador” es el Presidente de México, pero no tiene la menor idea de los compromisos que ha hecho en torno al sistema de salud en el país.

Ella cree que para recibir atención médica es normal tener que pasar por las situaciones a las que está enfrentando, sobre todo cuando se es pobre y no hay dinero para rentar aunque sea un cuarto cerca del nosocomio, mientras su paciente es dada de alta.

También piensa que la incertidumbre en cuanto a la salud de su familiar es algo natural y si las cosas salen mal no queda más que la resignación y si salen bien es ganancia.

“Hablo poco español” repite la mujer indígena, al pedirle una opinión sobre la atención que se ofrece en el hospital, como evadiendo criticar el lugar del que espera ver salir a su hermana y su bebé en buenas condiciones de salud.

Mucho se ha hablado en las últimas semanas del sistema de salud, de cómo para el presidente es una prioridad que se tiene que atender y mejorar en este 2020, de la manera en la que se pretende acabar con las malas prácticas y mejorar indicadores.

Pero la realidad en torno a este asunto se encuentra en los hospitales, estos lugares en donde los enfermos enfrentan todo tipo de complicaciones, mientras que sus familiares lloran y desbordan de preocupación en los pasillos.

El Hospital General 450 y el Hospital del IMSS están prácticamente llenos todo el día. En las salas de espera la gente no para de hablar del estado de salud de sus pacientes, del tiempo que tienen internados o del motivo de la urgencia que los llevó hasta ese lugar.

Algunos celebran que les tocó un buen médico, otros tienen sus dudas con relación a la atención que recibe su familiar y otros de plano no encuentran el lado amable de la situación a la que se enfrentan.

En el Hospital del IMSS, la familia González, se mantiene al pendiente de la evolución del estado de salud del padre de familia, un hombre de 67 años que sufrió complicaciones por causa de la diabetes.

Con discreción, por temor a no recibir un trato adecuado, admiten que han enfrentado  situaciones como la ausencia de médicos cuando consideran que su familiar necesita de atención inmediata, lo que de alguna manera ha hecho más larga su estancia en el hospital.

Pero eso es algo que se ve todos los días en el Seguro Social; dicen que todo el tiempo ven a personas quejarse de aspectos como falta de medicamentos, falta de atención oportuna y malos tratos del personal.

“No tenemos para un hospital particular, así que a aguantar”, refieren sin tener en cuenta que el Seguro Social es un servicio que se sostiene con la aportación de los trabajadores y empleadores.

Y mientras esto ocurre, todavía no se tiene claridad en torno a la manera en la que debe operar el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), el cual arrancó desde el pasado 1 de enero.

Todavía hay dudas

Sergio González Romero, reconoció que se mantiene en comunicación con autoridades centrales, con el objetivo de actualizarse en torno a las reglas de operación del nuevo sistema.

Indicó que de entrada, en atención a las indicaciones del Presidente de la República y el Gobernador del Estado se ofrece atención y medicamentos gratuitos en primero y segundo nivel de atención.

Indicó que en los procedimientos que sean considerados como de tercer nivel de atención, se cobrará una cuota de recuperación.

Quien se metió en aprietos en su afán de defender al Insabi, fue la senadora Margarita Valdez Martínez, quien  declaró que las oficinas de la nueva institución se ubicaban en el mismo lugar en el que estaban las del Seguro Popular.

Dijo que existe un oficio en el que se da la indicación de que hasta abril próximo deben seguir operando igual, por lo que hay que preguntar al Secretario de Salud el motivo por el que ya no están en ese lugar.

Destacó el hecho de que en Durango no se ha negado la atención a nadie, luego de que se dio este cambio, ya que en estados como San Luis Potosí, incluso se cerraron hospitales por órdenes del gobernador de esa entidad.

No obstante, aquí el gobernador José Rosas Aispuro declaró estar dispuesto a cumplir con la encomienda del Presidente, de dar atención y medicamento gratuito a los ciudadanos que no cuentan con seguridad social.

Mencionó que con la entrada en vigor de la nueva institución no se pone en marcha la universalidad en torno a la atención de la salud, puesto que los derechohabientes del IMSS tendrán que seguir atendiéndose en donde los corresponde, al igual que los del ISSSTE.

De acuerdo con los lineamientos, para recibir atención médica bajo este nuevo esquema, así como medicamentos gratuitos; solo se deberá contar con la CURP o presentar el acta de nacimiento.

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