Insabi: dos semanas de rabia, impotencia, confusión y engaño

El nuevo sistema de salud garantiza a 64 millones de mexicanos, seguridad social gratuita; nada más falso

Para Maribel Ramírez Coronel, columnista de diario El Economista, a diferencia del Seguro Popular, cuya estructura estaba respaldada por cálculos actuariales de expertos, el Insabi no tiene cómo garantizar lo que se viene prometiendo: medicamentos y cirugías para todos y de forma gratuita.

Víctor Fuentes, reportero del diario Reforma, publicó el sábado 11: “de un día para otro, los servicios de salud para unos 64 millones de mexicanos sin seguridad social se volvió gratuita, por decreto, pero lo hizo sin un esquema de transición.

Y complementa:

El 1 de enero de 2020 entró en vigor la nueva redacción del artículo 77 Bis 1 de la Ley General de Salud, que no sólo desapareció al Seguro Popular creado en 2003, sino que ordenó brindar en forma gratuita un servicio por el que siempre se habían cobrado cuotas, aunque fueran mínimas.

«Todas las personas que se encuentren en el País que no cuenten con seguridad social tienen derecho a recibir de forma gratuita la prestación de servicios públicos de salud, medicamentos y demás insumos asociados, al momento de requerir la atención, de conformidad con el artículo Cuarto de la Constitución, sin importar su condición social», dice ahora la ley.

La Constitución no prevé la gratuidad. Sólo dice que «toda persona tiene derecho a la protección de la salud», y que la Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y la concurrencia de la Federación y los Estados en materia de salubridad general.

Hasta el 31 de diciembre, el artículo 77 Bis 1 mencionaba que «todos los mexicanos tienen derecho a ser incorporados al Sistema de Protección Social en Salud (Seguro Popular) de conformidad con el artículo Cuarto de la Constitución, sin importar su condición social».

El artículo 77 Bis 11, en tanto, señalaba que el Seguro Popular sería financiado con aportaciones de la Federación, los Estados y los propios beneficiarios, mediante cuotas familiares que se determinaban según la condición socioeconómica, similares a la prima que se paga por un seguro.

A partir del 1 de enero, según el mismo artículo, los beneficiarios ya no tienen que pagar nada porque toda la carga recae en los gobiernos federal y estatales.

Lo anterior contrasta con los derechohabientes del IMSS y del ISSSTE, que cada quincena tienen que aportar una cuota para fondear los beneficios que reciben de esas instituciones, incluido el servicio médico.

Los Estados pueden dejar en manos del Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) toda la atención de quienes estaban en el Seguro Popular.

Los Estados que no quieran al Insabi seguirán recibiendo recursos federales, pero la ley no les permite cobrarle a los usuarios, y si la persona se atiende en un hospital de la Secretaría de Salud federal, ésta tendrá que asumir todo el costo, según el artículo 77 Bis 15.

Hasta aquí la nota del reportero de Reforma.

Una cosa cierta con el ahora enterrado Seguro Popular (SP) es que no hizo falsas promesas. Cubría a los que no tenían seguridad social —derechohabientes del IMSS o ISSSTE—, pero nunca dijo que cubriría todo gratis y de todo a todos los pacientes. El plan desde su arranque fue que aportara Federación, estados y usuarios y avanzara gradualmente en la cobertura. No se avanzó en esto con la agilidad que sus creadores hubieran deseado. Se trataba de invertirle más. Aparte, en el camino algunos gobernadores enlodaron el nombre del SP con desvíos vergonzosos de su presupuesto para otros fines. Pero eso no fue culpa del Seguro Popular; sólo se tenían que imponer candados adecuados, subraya Maribel Ramírez Coronel en su artículo de El Economista, y complementa:

Ahora con el Insabi, con Juan Ferrer al frente, se promete demasiado, pero no puede esperarse que cambien para bien las cosas. Por el contrario, con el Instituto Nacional de Salud para el Bienestar, las carencias se notarán más no sólo por la declarada y aplicada austeridad de la 4T, sino porque no hay una clara estrategia. Y aparte, no se ve de dónde saldrán los recursos para cumplir las enormes promesas.

El problema es que —a diferencia del Seguro Popular cuya estructura de protección estaba asegurada y respaldada por cálculos actuariales elaborados por expertos—, ahora el Insabi no tiene cómo garantizar lo que de palabra el actual gobierno viene prometiendo: medicamentos, estudios, cirugías, todo para todos y todo gratuito. ¿Cómo si será el mismo gasto que no alcanza?

Los 40,000 millones de pesos que el presidente López Obrador ha mencionado como adicionales para salud no son nueva inversión. Son recursos que se tomarán del fideicomiso del Fondo de Gastos Catastróficos, ahora también desaparecido y convertido en Fondo de Salud para el Bienestar con reglas de operación no explícitas.

Con el Insabi ya no hay Sistema de Protección Social en Salud. Al Insabi se le vendrá encima la realidad y no se ve por dónde salga bien librado.

Concluye la columnista.

Francisco Garfias, escribió lo siguiente en su columna del nueve de enero en Excélsior:

Al doctor Carlos Leal, especialista del Instituto Nacional de Pediatría, no le importa que lo corran por la valiente denuncia que se apresta a hacer: la falta de los insumos en los hospitales públicos para niños con cáncer y sus posibles consecuencias.

Leal no es un conservador aliado con las farmacéuticas a las que se les quitó el negocio de las medicinas. Tampoco un conspirador contra la 4T, ni un aliado de Felipe Calderón.

Es un indignado oncólogo pediatra, con más de 30 años de experiencia, que se atreve a exponer públicamente las graves carencias que le impiden realizar su actividad profesional adecuadamente: salvar vidas de niños gravemente enfermos.

En medio del caos en que está convertida la transición del Seguro Popular al Instituto de la Salud para el Bienestar (Insabi), con el consiguiente impacto sobre la población sin seguro social, el doctor  salió del búnker de radioterapia del Instituto para hacer esa denuncia.

Nos dice que desde hace 15 días falta en el INP una droga básica, llamada ifosfamida, para tratamiento de “tumores sólidos” en los niños.

“La estamos reemplazando con un medicamento que se llama ciclofosfamida, que es como primo, pero que no es tan bueno para penetrar algunos sitios como el cerebro”, precisa.

Leal es encargado de hospitalización en el Instituto, por ahora. Tiene 14 días firmando recetas con el medicamento substituto “porque no hay ifosfamida”.

No solicita el anonimato. “Puede poner mi nombre. Estoy en rango de jubilación. Ya no le temo a nada”, subraya.

Enseguida habla de las posibles consecuencias en los niños con cáncer por la utilización del medicamento substituto:

“Al modificarse los protocolos se modifican resultados. Si yo le pongo una tuerca del tres y medio en vez de una tuerca del tres, el resultado se verá afectado. Estamos haciendo esto en niños con cáncer de todo el país”, protesta.

 * El doctor sostiene que el Instituto Nacional de Pediatría no es el único con problemas de insumos. Nos da una lista de hospitales, donde trabajan sus colegas y alumnos que padecen la misma situación:

El Hospital 20 de Noviembre no tiene platino ni ifosfamida.

El Hospital Central Militar tiene desabasto de quimioterapia en niños.

El Hospital Infantil de Tlaxcala no tiene ningún insumo.

El Hospital Infantil de México tiene déficit importante del medicamento.

El Hospital de Pemex no tiene fármacos desde hace algunas semanas.

El Centro Médico de Occidente y el Centro Médico Nacional andan en las mismas.

“Nadie dice nada porque les da miedo que los corran, pero lejos de ser un problema partidista, tenemos un problema de salud grave en este país”, subraya.

 * Los protocolos de quimioterapia están diseñados para aplicarse como recetas de cocina; día uno, droga A; día ocho, droga B, día 15, droga C. “Cuando se hace esto, el resultado es lo que dice el protocolo internacional”, señala.

Y agrega: “Cuando yo a una mamá le digo que se cura 80 por ciento de los casos es porque estoy siguiendo las reglas del protocolo que estoy utilizando. Al estar cubriendo estos déficits con drogas distintas, a tiempos distintos, estamos modificando los resultados establecidos para un protocolo”.

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