G. Floyd y Chauvin, trabajaban

en lo mismo, cuidando el orden

Violencia y protestas contra el racismo, disparan

el toque de queda en Estados Unidos

TEXTO:La Semana Ahora

Con información de Reforma y El Pais

Al recuperar los antecedentes inmediatos de los autores del violento levantamiento ciudadano que recorre importantes ciudades de los Estados Unidos, la periodista Amanda Mars, recuerda que George Floyd era un armario, un tipo musculado de unos dos metros cuya imagen imponente le convertía en candidato a vigilante de seguridad ideal en cualquier garito.

Cuenta Jovanni Thunstrom que también era tranquilo, aplomado, y que esa cualidad era mucho más importante que la fuerza para mantener el orden en la sala, y por eso lo contrató para su Conga Latin Bistro, un restaurante con pista de baile de Minneapolis. “Era muy agradable, bueno, tranquilo, llegaba y abrazaba a todo el mundo, muy alegre, era casi como un latino, solo que bailaba mal”, recuerda con una débil sonrisa el empresario dominicano, sentado dentro de su solitario negocio, silencioso y cerrado por la pandemia.

Hasta el 15 de marzo, cuando el coronavirus paró el mundo, Floyd trabajaba allí tres noches por semana y seguían en contacto porque, además de su jefe, era su casero. El lunes pasado, otro trabajador le envió el vídeo de un hombre negro clamando que no podía respirar, con la rodilla de un policía apretándole el cuello contra el suelo. “Me dicen: ‘Oye, que han matado a un moreno y parece que es Floyd’. Cuando se confirmó, fue un golpe muy duro, era un verdadero amigo”.

Como si fuera el capricho de un guionista, destaca Amdanda Mars, el policía hoy acusado de homicidio imprudente y el fallecido habían trabajado el año anterior como vigilantes de otro club hispano, el Nuevo Rodeo, según confirmó la ahora expropietaria, Maya Santamaría, aunque puede que no llegasen a conocerse ni a interactuar. Hoy, el sitio ha quedado arrasado por las protestas y del local solo sobrevive el esqueleto y el rótulo.

Chauvin, de 42 años, complementaba así su sueldo de policía; y Floyd, de 46, combinaba esos trabajos nocturnos con su puesto diurno en una tienda de Salvation Army. Ambos se dedicaban a lo mismo, a mantener el orden de la sala. El pasado lunes, a plena luz del día, sus caminos se cruzaron de nuevo y uno de ellos acabó muerto.

El agente Dereck Chauvin detuvo a Floyd junto a otros tres agentes como sospechoso de haber tratado de comprar tabaco en una tienda de barrio, Cup Foods, con un billete falso de 20 dólares (18 euros). Floyd se encontraba dentro de su coche, junto a otras dos personas. Lo hicieron salir y lo esposaron. Entonces, según el primer informe de la Fiscalía, el hombre se puso tenso, cayó al suelo y afirmó que tenía claustrofobia.

Buena parte de lo que ocurrió después se ha visto en medio mundo a través de diferentes vídeos grabados por teléfonos de viandantes y por cámaras de seguridad de la zona. Hasta tres policías inmovilizaron a Floyd en el suelo, boca abajo, presionándolo con sus rodillas. Chauvin mantiene esa presión en el cuello, pese a las súplicas del hombre, que alega que no puede respirar, durante ocho minutos y 46 segundos. Es una técnica ya prohibida en buena parte del país, aunque no en el Estado de Minnesota, pero el agente la lleva a cabo, además, de forma inclemente. Sigue apretando incluso durante los dos minutos y 53 segundos en los que el afroamericano había quedado inmóvil y sin habla. No retira la rodilla hasta que llegan los servicios paramédicos. Se le declara muerto a las 9.25 de la noche.

La periodista de El Pais recuerda que Floyd se había instalado en Minneapolis procedente de Houston hace cinco años y pensaba traerse a su hija, una niña que acababa de perder a la madre, cuenta su exjefe. Los primeros resultados de la autopsia no revelan signos de asfixia o estrangulamiento, pero Floyd sufría de una enfermedad arterial y de hipertensión, lo que unido a esa inmovilización tan agresiva “pudo contribuir a su muerte”, según los fiscales. El policía Chauvin acumulaba, previo a este episodio, 17 reclamaciones en su expediente. Su esposa, Kellie, ha pedido el divorcio.

Hasta aquí la narrativa de Amanda Mars.

ESCALA LA VIOLENCIA Y

RECURREN AL TOQUE DE QUEDA

Grandes ciudades por todo Estados Unidos declararon en la tarde del sábado el toque de queda en un intento extremo de contener antes de que sea demasiado tarde una escalada de violencia callejera sin precedentes recientes en cuanto a intensidad y extensión. La muerte de George Floyd, un hombre negro, a causa de una brutal agresión por parte de un policía blanco de Minneapolis, encendió por quinto día consecutivo la mecha del resentimiento racial en el país. El paisaje en la mañana del domingo mostraba la destrucción de comercios y edificios públicos Washington hasta Los Ángeles. El enorme despliegue policial por todo el país para contener la ira ha llegado hasta desplegar fuerzas militares de la Guardia Nacional en varios Estados.

A pesar de la violencia de las imágenes que todo el país pudo ver durante horas en televisión y en las redes, solo trascendió un caso de uso de armas de fuego. Cerca de la medianoche del sábado en Indianápolis, Indiana, el jefe de policía informó de que tres personas habían sido alcanzadas por disparos durante las protestas y una de ellas había muerto, informó el Indianapolis Star. Se trata del suceso más grave hasta el momento desde que comenzaron los disturbios hace cuatro días y se generalizaron por todo el país hace dos. El jefe Randal Taylor acusó a un pequeño grupo violento de ser el causante de los destrozos.

En Los Ángeles, la ciudad a la que mira todo el país cuando hay una protesta racial por haber sido el escenario de los peores disturbios del siglo pasado, hace 28 años, el alcalde anunció un toque de queda en el distrito centro desde las 20:00 hasta las 5:30 de la mañana. En la noche del viernes, una pequeña protesta que apenas ocupó cuatro calles del centro había provocado amplios destrozos en comercios y se había saldado con 533 detenidos y seis policías heridos. A media tarde era evidente que la protesta del sábado, esta vez en varios puntos de la ciudad, era más numerosa y violenta aún. A las 19.00 (hora local), Los Ángeles extendió el toque de queda a toda la ciudad y municipios cercanos.

Por la noche, el alcalde pidió la ayuda de la Guardia Nacional. El cuerpo militar reservista de California patrullaba las calles de la ciudad el domingo por la mañana, una imagen poderosa que no se repetía desde los disturbios de Rodney King. El propio alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti, pronunció las palabras en las que todo el mundo estaba pensando al decir en televisión que no había vivido una situación tan grave desde aquel levantamiento civil de 1992, cuando murieron al menos 60 personas en las calles de la ciudad.

A pesar del gigantesco despliegue policial, una numerosa manifestación pacífica en la zona turística de Fairfax dio paso a graves enfrentamientos de pequeños grupos con la policía casi inmediatamente. Los violentos destruyeron y asaltaron negocios en la calle comercial y en el centro comercial The Grove. Los enfrentamientos con la policía duraron hasta bien entrada la madrugada. Numerosos vehículos oficiales fueron quemados o dañados. A mediodía del domingo, el Departamento de Policía informó de que había practicado 398 detenciones. Cinco agente fueron heridos, dos de ellos hospitalizados.

En Minneapolis, la ciudad donde ocurrió el suceso original el pasado lunes y desde donde se ha extendido la indignación a todo el país, el sábado era la segunda noche seguida con toque de queda. Centenares de jóvenes de distintas razas volvieron a desobedecer la orden y se manifestaron por distintos puntos de la ciudad, pero se encontraron con una respuesta más contundente por parte de la Guardia Nacional, que lanzó gas lacrimógeno.

En el que ha sido epicentro de los disturbios esta semana, la comisaría del llamado tercer precinto, el paisaje era desolador el sábado. Prácticamente todos los inmuebles a lo largo de cinco manzanas en la calle Lake estaban quemados, algunos derruidos: restaurantes, tiendas, una oficina bancaria y un lugar muy simbólico en esta crisis: El Nuevo Rodeo. Se trata del club latino donde tanto el afroamericano George Floyd como el agente acusado de homicidio en tercer grado habían trabajado como vigilantes nocturnos un año atrás. Solo quedan el esqueleto y el rótulo.

Dommilli, un joven afroamericano de 31 años, defendía las revueltas. “Llevamos intentando hacer esto de forma pacífica desde Martin Luther King, y se lo hicieron pagar, esta es la única manera, lo hemos probado de muchas”. El gobernador de Minnesota, Tim Walz, sostuvo este sábado que hasta un 80% de los detenidos proceden de fuera del Estado, aunque los datos de detenciones, según la agencia Reuters, solo reflejan ocho no residentes en el condado desde el martes, cuando comenzó la trifulca.

 

Pasadas las ocho de la tarde, entre 200 y 300 jóvenes se concentraron de forma pacífica frente a la comisaría quemada el jueves, con la rodilla hincada en el suelo, en recuerdo del modo en el que Floyd se fue al otro mundo, inmovilizado en el suelo con la rodilla de un agente apretándole el cuello. Coreaban su nombre, “George Floyd”, gritaban “no puedo respirar”, sus últimas palabras, y también el lema conocido: “Las vidas negras importan”. Luego marcharon calle arriba y calle abajo durante horas. “¡Esto es una guerra! Quien no sea consciente, gracias por sus servicios, apártense a la acera”, arengaba uno de los cabecillas de la protesta, sobre las diez de la noche. La Guardia Nacional dispersó a los últimos que quedaban por la zona poco después.

Chicago, Denver, Philadelphia, Cleveland, Portland, Rochester (Nueva York), Milwaukee, Salt Lake City, Seattle, Atlanta o Miami también decretaron toques de queda en la noche del sábado. El toque de queda sirve como instrumento legal para que la policía pueda detener a cualquier persona solo por el hecho de estar en la calle, sin causa aparente. Su uso es muy excepcional, solo en situaciones de violencia generalizada o en grandes desastres naturales, para evitar pillajes. Un recuento de Associated Press cifra en 1.400 los detenidos en 17 ciudades de Estados Unidos en estas protestas, sin contar la noche del sábado.