Legalizar las drogas, espejismo que no garantiza la paz

Por: Miguel Á. Hernández G.

 

En días pasados estuvieron en Durango los politólogos Jorge Castañeda y Rubén Aguilar para presentar su libro ¨Los Saldos del Narco: un El Fracaso de una Guerra¨, en donde tras criticar acremente la administración de Felipe Calderón en su estrategia contra el crimen organizado, posicionaron su hipótesis de que la legalización de las drogas es una posible vía de solución a la narcoviolencia y al narcotráfico.

Ante el fracaso de la guerra contra el narco y el clima de inseguridad heredado por Calderón, dijo Jorge Castañeda, “El reto que tiene Enrique Peña Nieto es cómo salirse de este desastre en el que metió Calderón al país… tiene que encontrar la manera de salirse de todo esto pero sin tampoco ser demasiado explícito…”.

Explicó que la discreción es importante porque si Enrique Peña  anuncia el retiro del ejército y la marina de las ciudades puede ser un incentivo para los cárteles de la droga, y pueden resultar problemas como las presiones de Estados Unidos de América o de ciertos sectores del país.

En cuanto a la posibilidad de que el gobierno mexicano pueda debilitar al narcotráfico sin utilizar las armas Rubén Aguilar expuso que la legalización de las drogas puede ser un camino, sobre todo para combatir los altos índices de violencia. Expresó que esta es una salida que está siendo tomada recientemente por países como Colombia y Guatemala distinta al enfoque meramente prohibitivo y punitivo que ha demostrado su fracaso durante los últimos cincuenta años.

El trabajo presentado en el libro de referencia es sumamente interesante, pero más lo es la hipótesis de trabajo de la legalización de las drogas como una vía para disminuir sensiblemente los índices de violencia del país. Será importante que se retome esa propuesta como una iniciativa seria, que vaya acompañada de una reflexión y consulta nacional que sea real y no sólo un pretexto para validar una decisión gubernamental.

Existen algunos datos duros que es importante tener en cuenta, porque si bien es cierto que en México existen problemas por consumo de drogas, los índices están aún muy lejos a la realidad que se vive en los Estados Unidos. De entrada los más de 100 mil muertos de los últimos seis años no es atribuible principalmente por el consumo de drogas sino al tráfico y la estrategia de combate.

De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 ¨Drogas Ilícitas¨ de la Secretaría de Salud, en México, respecto al consumo de cualquier droga en el último año, la prevalencia pasó de 1.6% a 1.8%, incremento que no es estadísticamente significativo. Asimismo, el consumo de drogas ilegales es de 1.5% muy similar al encontrado en 2008.

Legalizar las drogas en sí mismo no va a solucionar el problema de violencia y consumo en México. Sobre este fenómeno multifactorial existen muchos ejemplos y experiencias en países de América Latina, Europa y Oceanía, por lo que de ninguna manera se va a partir de cero en este tipo de iniciativas.

En mi opinión para atender al problema de fondo a la drogadicción y sus efectos colaterales, se tiene que trabajar en políticas públicas de prevención, atención y su combate, tarea que involucra tanto a las autoridades como a la sociedad.

El Estado tiene que garantizar políticas públicas, auténtica depuración de los cuerpos policíacos, eliminar prácticas de corrupción en todas las instancias de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial; implementar inteligencia en el combate al crimen organizado, pagos y trato digno a policías y jueces. Generar oportunidades de empleo y acciones de combate a la pobreza.

La sociedad por su parte, tiene que centrar su atención en fortalecer a la célula básica de la sociedad: la familia; los padres de familiar asumir nuestro rol educador y formador en valor éticos y morales de los hijos; ser corresponsables con el Estado en sus deberes ciudadanos.