Cubrebocas se perfila como el gran aliado para neutralizar el covid-19

Por: Víctor R. Hernández    –   Nov. 10. 2020

En la sesión de este martes 10 de octubre, fueron turnadas a la comisión de salud de la cámara de diputados local, las iniciativas enviadas por el gobernador José Aispuro Torres y el grupo parlamentario conformado por Morena-PT, sobre el uso del cubrebocas durante la emergencia sanitaria a la que hemos sido sometidos.

Esta comisión que preside Esteban Villegas Villarreal habrá de conjuntar una sola propuesta para presentarla al pleno y discutirse en la próxima sesión del pleno.

De aprobarse, a partir de la fecha de su publicación, el uso de este complemento o mascarilla, deberá ser obligatoria en espacios públicos y cerrados donde haya concentración de personas.

Aunque no se sabe durante cuánto tiempo, ojalá y no comentan el error de limitar su uso obligatorio sólo durante el semáforo rojo, el cubrebocas comienza a rebelarse como un instrumento que disminuye significativamente la cantidad de virus que son lanzados al vacío, por una persona contagiada.

A través de las redes sociales circula el más reciente editorial de New England Journal of Medicine, una de las mejores revistas del mundo de la medicina, que atribuye al cubrebocas características importantes para reducir la agresividad del virus. a continuación, parte del texto:

¿Nos estamos haciendo inmunes al coronavirus gracias al uso de mascarillas?

Un nuevo estudio sugiere que el uso de mascarillas podría estar reduciendo la gravedad del virus y creando inmunidad, al igual que hacen las vacunas.

El uso de mascarillas podría estar creando inmunidad a la COVID-19 de manera indirecta. También podrían favorecer el contagio de un menor número de personas, así como la aparición de síntomas más leves tras el contagio. Esta semana, la revista New England Journal of Medicine publicaba estas interesantes conclusiones.

La afirmación es sorprendente, pero la explicación es totalmente lógica. El SARS-CoV-2, el virus que provoca la COVID-19, tiene la capacidad de causar innumerables manifestaciones clínicas, que van desde la ausencia total de síntomas, hasta neumonía, síndrome de dificultad respiratoria aguda y muerte.

Los datos virológicos, epidemiológicos y ecológicos han demostrado que el uso de la mascarilla protege de la infección; pero además, en el caso de que esta se produzca, hace que los síntomas de la enfermedad resulten más leves. Esto es así porque uno de los factores que condiciona la gravedad

de la enfermedad es la carga vírica recibida. Es decir, la cantidad de partículas víricas que producen el primer contagio.

En las infecciones víricas en las que las respuestas inmunitarias del hospedador desempeñan un papel predominante en la patogénesis vírica, como es el caso del SARS-CoV-2, las dosis altas de inóculo vírico pueden colapsar y desregular las defensas inmunitarias innatas, hecho que aumenta la gravedad de la enfermedad e incluso provoca la muerte.

Así pues, como el inóculo vírico es importante para determinar la gravedad de la infección por SARS-CoV-2, las mascarillas, al actuar como un filtro que reduce la carga vírica que llega a las vías respiratorias, atenuarían el impacto clínico posterior de la enfermedad, en caso de contagio.

De confirmarse dicho supuesto, el uso universal de mascarillas podría contribuir a aumentar la proporción de infecciones asintomáticas por SARS-CoV-2 o bien que la infección cursara con una sintomatología muy leve. A mediados de julio, se estimó que la tasa de infección asintomática con SARS-CoV-2 era del 40%. Sin embargo, ahora parece que las tasas de infección asintomática son superiores al 80%, en entornos con uso de mascarilla. Ello confirmaría esta hipótesis. Asimismo, los países que han adoptado el uso de la mascarilla en toda la población han reportado menores tasas de casos graves, hospitalizaciones y fallecimientos, hecho que sugiere un cambio de infecciones sintomáticas a asintomáticas.