Anaya, Ruffo, Yunes y los audioescándalos del PAN

Por Manuel Espino

 

El árbol de la corrupción panista da frutos cada vez más podridos. Incluso en el actual ambiente político, manchado por el contubernio y la corrupción, resulta sorprendente el grado de cinismo que se escucha en una grabación en la que presuntamente Ernesto Ruffo y Guillermo Padrés acuerdan un intercambio de recursos económicos por protección política.

En el PAN no es poco común que sus dirigentes caigan en “audioescándalos” que proyectan sus actos de corrupción. Los ha habido desde políticos locales, como el candidato a la alcaldía de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, conocido como “Pacomoches” o el dos veces alcalde en el estado de Querétaro Antonio Zapata Guerrero.

Pero también se han dado casos entre la cúpula panista, tres de ellos protagonizados por Miguel Ángel Yunes. A Yunes se le escucha hablar de números, porcentajes y entregas de millones de “documentos” con Miguel Martínez Peñaloza, ex legislador y ex alcalde, con el diputado Rosendo Guzmán y con Ricardo Anaya, actual candidato a la presidencia nacional del PAN. Hay procesos legales abiertos al respecto.

Queda claro que la presunta llamada Ruffo-Padrés no es una anomalía en la vida interna del PAN. Hasta el propio Anaya ha sido “salpicado” por el escándalo. Se trata de un modus operandi, un estilo de vida y una herramienta de la peor política, la que sustituye la propuesta y la estrategia por la vulgar compra de consciencias.

Por ello, poco o nada sorprendería que desde el gobierno de Sonora se tejieran ese tipo de complicidades. La paradoja está en que se ofrezca ayuda para sortear las consecuencias de actos de corrupción cometidos por los padrecistas, cometiendo otro acto de corrupción con el próximo Comité Ejecutivo Nacional del PAN.

Ruffo y Padrés negaron la autenticidad del audio, quizá porque es lo único que podían hacer. Mayor peso podría haber tenido su respuesta de haberse acompañado de un perito que certificara científicamente que no se trataba de sus voces.

Queda claro que los panistas de honor, que aun los hay, para seguir sirviendo a México tienen que encontrar nuevas rutas y nuevas alianzas. Seguir a sus actuales dirigentes es, sencillamente, un acto de complicidad. Como la institución ya se encuentra carcomida, depende de los militantes individuales comenzar la sanación con libertad de consciencia. Porque en estas circunstancias la obediencia a la cúpula solo contribuye a seguir consolidando al PAN como un ícono de corrupción.

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