Diputados plurinominales ciudadanos, no partidistas

Por Manuel Espino

 

En la lucha por superar nuestro pasado autoritario, para los mexicanos “democratizar” y “ciudadanizar” siempre han sido sinónimos. Durante la larga y aun inacabada transición, ha sido permanente el esfuerzo por lograr que la vida pública ya no fuera patrimonio exclusivo y coto de caza de los políticos. Las leyes de transparencia, las consultas populares, los consejos consultivos, el ejercicio pleno de la libertad de expresión, las candidaturas independientes e incluso el voto realmente efectivo, son distintas manifestaciones de un mismo esfuerzo de décadas: empoderar al ciudadano.

 

Este esfuerzo, impulsado por políticos de todos los signos ideológicos y por la sociedad civil, ha contrastado radicalmente, y cada vez más, con el excesivo poder que han adquirido los partidos, al grado de que hoy se hable de una “partidocracia”, misma que se ha apoderado casi por completo de la vida pública y de las instituciones.

 

Esta ambición desmedida, sumada a numerosos casos de corrupción, ha provocado un desprestigio brutal al Estado y a los mismos partidos, así como a sus militantes. Hemos llegado al grado de que se ha vuelto una prioridad de la agenda nacional dignificar la política y represtigiar al Congreso mexicano, en cuyos diputados plurinominales se ha concentrado gran parte del desprestigio atribuido a los partidos y a “los políticos”.

 

Hablar de esta crisis no es simple retórica. Es una realidad con amplio respaldo estadístico que se proyecta de una elección a otra, en el abstencionismo y la apatía. Se trata de un riesgo que amenaza nuestro sistema de partidos y que podría abrir la puerta a opciones populistas y anarquistas, demagógicas y autoritarias.

 

Por todo ello, para retomar la senda del empoderamiento de los ciudadanos, he presentado en la LXIII Legislatura de la Cámara de Diputados una iniciativa que busca dotar al Congreso de una visión menos partidista, a través de tres puntos primordiales.

 

El primero es establecer el principio de “primera minoría” para designar 100 de los diputados federales. Se trata de un acto de congruencia constitucional, toda vez que no es coherente que en nuestro sistema bicameral el Senado de la República tenga esta vía de acceso y no así la Cámara de Diputados.

 

Uno más es disminuir a la mitad los diputados electos por la vía de la representación proporcional.

 

El tercero busca establecer en la ley que los partidos postulen a ciudadanos sin militancia partidista al menos un ochenta por ciento de sus candidatos plurinominales, tanto a diputados como a senadores.

 

Es clave considerar que así como fue necesario establecer una “cuota de género” que garantizara el acceso de las mujeres al Congreso, proponemos fijar una “cuota ciudadana” de legisladores en ambas cámaras. Con ello se pretende dar mayor vigencia al derecho constitucional de los mexicanos a ser votados, así como aumentar la cantidad de legisladores con una visión auténticamente social.

 

Esta iniciativa se nos presenta a los legisladores como oportunidad para que con inteligencia y voluntad, con responsabilidad y altura de miras, dignifiquemos la representación popular y consolidemos desde la ley un cambio de mayor impacto que los escándalos que han deshonrado a la clase política. Un cambio que demuestre que senadores y diputados podemos cobijar distintas visiones ideológicas y provenir de diversos partidos, pero que en el Poder Legislativo cimentamos nuestro actuar en valores democráticos comunes y el interés preeminente de la nación.

 

Las circunstancias, los tiempos y la sociedad claman por una reforma que dote al Congreso de una visión más ciudadana y menos partidista. Una reforma en la que todos salgamos ganando, para que las palabras “diputado” y “senador” vuelvan a ser sinónimos de honor y servicio a la nación.

 

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