Salinas releva a Peña

Por: Martín Moreno

 

En los últimos días hemos leído y escuchado que el gobierno de Peña Nieto está dando un “viraje” al proponer, por ejemplo, legalización de mariguana o respaldar matrimonios entre personas del mismo sexo. Puede ser. No extrañaría un bandazo ante el agotamiento del discurso, la figura y las políticas públicas del peñismo, así como el desplome dramático de la figura presidencial y su raquítica capacidad de reacción.

 

Sin embargo, observar bajo ese enfoque la conducción del gobierno peñista, es ver las ramas y no el bosque. Lo que ocurre dentro del gobierno de Peña Nieto es más profundo y, a la vez, preocupante.

En la praxis del ejercicio del poder presidencial, en la operación de temas estratégicos del Gobierno en la actualidad, en la designación de funcionarios claves para manejarlos y, sobre todo, en la manera como el PRI enfrentará la elección del 2018, el peñismo ha sido desplazado por el influyente y poderoso salinismo que jamás se fue y que, hoy por hoy, ha tomado ya riendas de gobierno.

 

Sí: Carlos Salinas operando detrás de Peña Nieto, influencia marcada desde el inicio del sexenio pero que ante el rápido y dramático desplome del Presidente de la República, faltando 30 meses de administración, ha obligado al salinismo a salir al quite por el pavor de que el mal desempeño de Peña sea la mejor plataforma para que López Obrador triunfe en la próxima presidencial, ante el fracaso evidente de Peña y del PRI.

 

Salinas, en la praxis, relevando en algunas funciones a Peña Nieto.

 

Revisemos porqué está ocurriendo este fenómeno.

 

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Los operadores salinistas están ejerciendo funciones claves para sacar a flote al gobierno priista, con Carlos Salinas de Gortari como jefe del clan, bajo una parábola cinematográfica que bien pudiéramos titular “Rescatando al soldado Peña”.

Echemos un vistazo:

 

El salinismo controlando la Reforma Educativa. Esa reforma es la única que sobrevive, con cierta viabilidad, del paquete aprobado tras la integración del “Pacto por México” al inicio del sexenio. A la energética, por ejemplo, la han hundido los precios bajos del petróleo, además de operaciones poco transparentes en el aterrizaje de la propia reforma, con grupos poderosos beneficiados con licitaciones, reduciendo el margen de competitividad, y con una opacidad marcada en el renglón de financiamiento de proyectos. La reforma de Telecomunicaciones no desmanteló al duopolio televisivo (se ha debilitado por otras razones), y la telefonía para millones no registró cambios de fondo. Así, la Reforma Educativa es el único ariete del peñismo, y es manejada por el subsecretario de la SEP, Otto Granados, quien fuera jefe de prensa y vocero de Carlos Salinas. Es Otto quien opera, diseña y ordena, mientras Aurelio Nuño es imagen y voz de lo que planea Granados. De paso, hay que decir que Nuño es un cuadro ligado e impulsado por José Carreño, precisamente sustituto de Otto Granados como vocero de Salinas, y que desde los días en la Universidad Iberoamericana adoptó políticamente a Nuño hasta colocarlo en el grupo cercano a Peña Nieto. Así, tanto Otto como Aurelio pertenecen al grupo político de Salinas de Gortari.

El salinismo controlando la política exterior. Si alguna sobrina favorita tiene Carlos Salinas de Gortari, esa es la improvisada canciller Claudia Ruiz – Massieu Salinas. La hija del asesinado José Francisco y de Adriana Salinas es, hoy por hoy, la Salinas más aventajada del clan. La fuerza de su influyente tío le alcanzó para llegar a Relaciones Exteriores – en un claro desprecio y agravio para con los diplomáticos de carrera- y, desde allí, intenta proyectar la imagen del país al extranjero pero, sobre todo, consolidar al salinismo fuera de México para mantener influencia y presencia en el mundo, inclusive, después del actual sexenio. De paso, a la empoderada sobrina se le perfilaría – haciendo binomio con Aurelio Niño- como “candidata emergente” del PRI en 2018, siendo el alfil de Salinas con rostro de mujer para enfrentar, por ejemplo, una candidatura de Margarita Zavala. Y si faltara una cuña en la SRE con olor a salinismo, se incrustó a Paulo Carreño, encargado directo de las relaciones públicas de Carlos Salinas durante varios años e hijo de José Carreño, como subsecretario. Los salinistas manejan la política exterior mexicana.

El salinismo controlando Pemex. La debacle de la empresa petrolera fue la tormenta perfecta para que el salinismo tomara por asalto al barco. La llegada de José Antonio González Anaya – Pepe Toño le llaman- a la dirección de Pemex, consolida al grupo de Carlos Salinas de Gortari: Pepe Toño es concuño de Salinas, al estar casado con Gabriela Gerard, hermana de Ana Paula, la segunda esposa del ex presidente de México. De esta manera, por vínculos políticos y familiares, otro cuadro salinista opera, de manera directa, los destinos, presupuestos, contratos y políticas de Pemex que, aun cuando atraviesa por la crisis más severa de su historia, mantiene un peso mayor en la economía nacional.

Ha trascendido que habrá cambio de jefe de prensa en Los Pinos, y que Eduardo Sánchez – quien, entre otras misiones, habría llegado a Los Pinos para operar la salida de Carmen Aristegui de MVS Noticias– dejará el puesto que podría ser ocupado por Otto Granados, Oscar Argüelles o el periodista chileno Pablo Hiriart. No hay pierde: los tres llevan a Salinas en el corazón. El nombre es lo de menos. Sin embargo, sí sería más que relevante para futuras decisiones (2018), que un salinista de cepa ocupara Comunicación Social de Los Pinos.

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Con el desgaste natural del ejercicio del poder, a Peña Nieto se le agotaron los cuadros propios y, por ello, han tenido que entrar al relevo los salinistas.

 

Con Luis Videgaray prácticamente eliminado de toda aspiración presidencial – de hecho ya tendría que haber salido de Hacienda por sus magros resultados-, y el nulo crecimiento político de cercanos a Peña como Luis Miranda, el gobierno ha recurrido a otras corrientes, como ocurrió con el PRI que obligados por las circunstancias tuvieron que entregar a Manlio Fabio Beltrones.

 

Así, faltando 30 meses de gobierno, el salinismo ha relevado, en algunas funciones, al peñismo, con un innegable desplazamiento en el engranaje del propio Peña Nieto y el enquistamiento de Salinas de Gortari, recordando siempre que fue el responsable directo de la crisis económica más grave que ha enfrentado México.

 

Demasiado pronto para Peña Nieto.