La imposible fuga de Alan Pulido

Por: Martín Moreno

 

Por las consultas que hicimos con especialistas en secuestro. Por mi experiencia periodística en estos temas, podemos concluir los siguientes puntos sobre el secuestro del futbolista Alan Pulido en Ciudad Victoria, Tamaulipas, y su imposible fuga, tal y como la cuenta el gobierno tamaulipeco (sometió a su secuestrador, llamó a la policía y fue rescatado). Revisemos:

 

EL AMARRE. Cuando un secuestrado es llevado a una casa de seguridad, de inmediato es amarrado, vendado de los ojos y aislado. Es un modus operandi asumido como el ABC en cualquier banda: inutilizar, antes que nada, a la víctima. Regularmente se utilizan “nudos marinos” para inmovilizar al plagiado, a quien le resulta imposible desatarse. En el caso de Pulido – atleta, fornido, hábil- el amarre debió ser con doble o hasta triple vuelta de seguridad para evitar, precisamente, su fuga. He visto fotografías de secuestrados que en su intento por zafarse y por la manera como están amarrados, llegan a auto-ahorcarse. Resulta inverosímil pensar que a Pulido lo ataran con cordones débiles bajo nudos parecidos más al amarre de zapatos comunes.

EL ATAQUE. De acuerdo a la versión oficial, a Alan Pulido lo secuestraron los Zetas. Hay registro – y no es novedad-, de que las células de secuestro zetas son tan capaces como cualquier otro grupo, pero con una diferencia radical: los zetas son sanguinarios y han sido entrenados para la lucha cuerpo a cuerpo, sin ningún tipo de piedad cuando su víctima intenta escapar. Aun siendo Pulido un hombre muy fuerte, resulta descabellado suponer que pueda vencer con extrema facilidad a un zeta que sabe dónde pegar, cómo pelear y de qué forma someter. No solo es cuestión de fuerza. Es técnica. Es destreza. Pulido es futbolista, no luchador ni boxeador, y es en la técnica precisamente donde está la diferencia. Los zetas fueron, en su mayoría, entrenados en el Ejército mexicano y los vigilantes de secuestrados son verdaderas máquinas de matar. Resulta, de paso, increíble imaginar siquiera que, como dice el gobierno tamaulipeco, Pulido hubiera molido a golpes a su custodio (Daniel Hernández, alias “El Foca”) y que, teléfono en mano y con una sola mano, lo siguiera golpeando para exigirle decir dónde se encontraba la casa de seguridad. Un zeta, bajo esas circunstancias, prefiere quedar muerto a ser un “chivato” porque sabe que de vencerse, su vida y la de su familia valdrían nada. Un zeta arrinconado se defiende bajo una premisa: a matar o morir.

LA PISTOLA SIN BALAS. Quienes secuestraron a Pulido son células zetas, no simples matarifes esquineros o gandallitas de barrio. Dice la autoridad que Pulido tomó, en un momento determinado, la pistola de su custodio pero que no tenía balas. Eso es imposible. ¿Por qué? Los sicarios profesionales, como los zetas, no andan por la vida con pistolas descargadas, mucho menos si se trata de secuestrar o de vigilar a un plagiado. Inverosímil suponerlo siquiera.

LA CASA. Según lo declarado por la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, Pulido se desató, sometió a su vigilante y “bajó escaleras abajo con el arma (sin balas)”. Afuera de la casa estaba un segundo custodio que regresa y busca al plagiado. No lo encuentra. Vuelve a salir, se percata de que llega la policía y prefiere huir, olvidando su pistola. Primero: imposible que no encontrara a Alan Pulido en ninguna parte de la casa de seguridad. Los secuestradores conocen perfectamente cada rincón del lugar de cautiverio, que regularmente tiene grandes espacios y pocos muebles. Segundo: Imposible que se la haya “olvidado” su arma. Esa la cargan siempre. No son las llaves del auto ni el celular para dejarla sobre la mesa. La pistola al cinto de los sicarios zetas es como su propia alma: siempre la llevarán con ellos.

LA UBICACIÓN. En ningún momento se ha dicho que los propios secuestradores revelaran la ubicación exacta de la casa de seguridad donde tenían cautivo a Pulido. ¿Cómo diablos reveló, entonces, el futbolista, en qué lugar se encontraba? A ningún secuestrado se le indica, sobre la ruta, el lugar a donde será llevado ni cuenta con guía de turistas. Las casas de seguridad son modificadas de manera hermética para que no se pueda ver de adentro hacia afuera, y viceversa. Las ventanas están selladas. “El jugador se asomó a la ventana y describió que estaba en una casa color blanco de dos pisos, con dos autos, uno gris y otro rojo, estacionados enfrente”, relata la información de The Associated Press. Estos datos difícilmente serían suficientes para ubicarlo. La casa de seguridad se encuentra en una zona de alta peligrosidad: de acuerdo a la Procuraduría, Pulido estuvo recluido en una zona conocida como “madriguera de Zetas, donde se han localizado narco fosas y casas de seguridad”. “Hay varias inconsistencias en la versión oficial, como que haya dado su propia ubicación”, aseguró la presidenta de Alto al Secuestro, Isabel Miranda de Wallace. Cierto: descabellado, por donde se le vea, que el propio Pulido supiera en qué lugar estaba secuestrado.

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Por los hechos y los testimonios de las propias autoridades policiacas podemos concluir, igualmente, los siguientes puntos:

El supuesto escape de Alan Pulido pudo haber sido negociado – no encontramos otra palabra- por las autoridades policiacas tamaulipecas y el crimen organizado, ante la presión nacional e internacional de que un futbolista famoso hubiera sido secuestrado en México. El lunes pasado apareció una manta atribuida a la organización criminal “Zetas Vieja Escuela” que rezaba: “Ustedes putos Estatales que sepan todos que ayer en el secuestro del futbolista le cubrieron la retirada al Tiki Tiki”. (Uno de los líderes del Cartel del Noreste). Con ello, la confusión crece: ¿fueron realmente Los Zetas, como lo asegura la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, quienes plagiaron a Pulido? Hasta hoy, la Procuraduría no ha desmentido la acusación de que el Tiki Tiki fue protegido por policías estatales tras la liberación del jugador de futbol. Esto abre la posibilidad de que la liberación de Alan se hubiera desprendido de algún contacto directo entre la policía estatal y grupos delictivos.

El gobernador Egidio Torre solamente salió de su oficina para tomarse una fotografía con Alan Pulido, después de que durante todo su sexenio se mantuvo encerrado a piedra y lodo y, por supuesto, jamás acompañó a ninguna víctima del crimen organizado que en realidad gobierna Tamaulipas. El priista Torre actuó con un oportunismo político tan detestable como evidente.

“Como haya sido, pero ya está sano y salvo”, resumió la situación el procurador de Justicia de Tamaulipas, Ismael Quintanilla, tras la liberación de Pulido, abonando, aún más, a la confusión que rodea el cómo quedó libre el futbolista, tras las evidentes contradicciones entre lo dicho por autoridades federales y estatales. Cada quién con su versión.

Cierto: lo importante es que Alan Pulido está vivo. Pero en un país donde la mentira, la impunidad y el engaño son divisas de gobierno, bien haría la autoridad en limpiar este oscuro y penoso caso.

 

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