AMLO 2018: tercera llamada…tercera…

Por: Martín Moreno

 

Hoy por hoy, las encuestas coinciden: si mañana fuera la elección presidencial, AMLO triunfaría y llegaría a Los Pinos.

 

Erigido, sin duda, como el líder político de mayor peso en los últimos tres lustros; el opositor más importante y radical en México; el candidato presidencial que para la izquierda mexicana equivale al mayor número de votos, sí, pero, al mismo tiempo, el de más rechazo ciudadano, Andrés Manuel López Obrador buscará, en 2018 y por tercera vez consecutiva, ser elegido presidente de la República.

La próxima elección es la tercera y última llamada para el tabasqueño. Por edad, condición física y circunstancia política, AMLO ve en 2018 la última estación de su tren político y sabe que no habrá otra oportunidad. Es la próxima o nunca.

 

En torno a López Obrador se han tejido mitos y realidades. ¡Uy, el diablo!, dicen algunos. La esperanza de México, dicen otros. De la mafia en el poder al frijol con gorgojo, López Obrador se mantiene, guste o no, como puntero en las encuestas rumbo a la elección presidencial. Dependerá de los votos, sí, pero antes, mucho más depende del propio AMLO: de sus demonios, excesos, virtudes y ventajas.

¿Quién es el señor López Obrador?

 

5 MITOS SOBRE AMLO

 

“López Obrador va a convertir a México en la próxima Venezuela”, dicen sus críticos. Falso. Los equilibrios de poder en México no le permitirían a AMLO gobernar bajo una dictadura política estilo Hugo Chávez. De ganar la Presidencia en 2018, Morena, en el Congreso, no tendría mayoría, aún bajo una posible alianza con el PRD en un frente amplio de izquierda. Los contrapesos legislativos, léase PRI y PAN, y de acuerdo a la nueva configuración política emanada del pasado 5 de junio, tendrían mayoría opositora a López Obrador y aprobarían o rechazarían sus propuestas de ley. AMLO no tendría carta abierta para hacer o deshacer, como sí la tuvo Chávez.

 

“López Obrador estatizaría a la economía”, acusan sus críticos. Falso. Las condiciones actuales del mercado globalizado, el FMI y, sobre todo, la enorme influencia y conexión comercial con Estados Unidos, impedirían a AMLO convertir al país en un ente aislado, como lo hizo Castro con Cuba desde inicio de los sesentas. Imposible pensar que México estaría como Cuba: aislado y ajeno a los grandes cambios mundiales. La propia inercia globalizadora impediría cualquier intento estatizador, y eso lo saben perfectamente AMLO y su equipo económico-financiero.

 

“López Obrador se pelearía con Estados Unidos y se entregaría al socialismo latinoamericano”. Falso. AMLO, a final de cuentas, es un político y no come lumbre. Si bien cambiaría algunas reglas en lo económico – ¿alguien podría estar en desacuerdo con su frase de primero los pobres?-, no declararía la guerra ni a Washington ni a Europa ni a nadie de fuera. Como político que es, aún con todos sus excesos e imposiciones, jugaría con las reglas del establishment financiero mundial, a su manera, sí, pero sin llegar al abismo. AMLO es un animal político, y como tal, sabe sus límites y limitaciones.

 

“López Obrador se va a pelear con los empresarios”, señalan sus críticos. Falso. ¿O acaso lo hizo cuando fue Jefe de Gobierno del DF? Por supuesto que no. Muy al contrario: fue aliado cercano al hombre más rico de México y del mundo: Carlos Slim, quien fue el detonante financiero para la remodelación del Centro Histórico. AMLO no se pelearía con los grandes capitales. No jalará del gatillo con la bala dispuesta. Acaso, como lo ha dicho en privado, quitaría canales abiertos a Televisa para fomentar la competencia televisiva, con lo cual, la mayoría estaríamos de acuerdo para terminar con ese monopolio televisivo que subutiliza al canal 9, por ejemplo, atiborrándolo con programación chatarra. AMLO no se pelearía con el dinero.

 

“López Obrador nos quitaría propiedades para dárselas a los pobres”. Falso. AMLO jamás atentaría contra la propiedad privada por una razón de peso y de fondo: hacerlo, equivaldría a un levantamiento social de las clases media y alta del país y él, mejor que nadie, sabe a la perfección las consecuencias de las movilizaciones sociales, además de las repercusiones negativas que provocaría en el extranjero y sus consecuencias. AMLO no le va a quitar la casa ni el negocio a nadie. De eso estemos muy seguros.

5 REALIDADES SOBRE AMLO:

 

“López Obrador es mesiánico”. Cierto. Como líder político con peso y carisma – fenómeno que se ha presentado también con líderes mundiales en la historia-, AMLO tiene tintes mesiánicos y caudillescos. ¿Esto es malo? Según cómo los aplique en el ejercicio del poder. Hemos visto que a AMLO le gusta el “consenso de plaza”, a mano levantada, pero bajo la consigna del caudillo. Líder político que no escucha es líder político condenado al fracaso y, lo más grave, el fracaso de a quienes gobierna. Allí está el caso del desastre que heredó Salinas. Sin embargo, una cosa es ejercer el poder en el Zócalo y otra, muy diferente, ejercerlo desde Los Pinos. Al atravesar el umbral de la casa del poder, todos los hombres, sin excepción, se transforman. Para bien o para mal.

 

“López Obrador es arbitrario”. Cierto. Lo vimos en 2006, cuando por sus pistolas bloqueó durante semanas Paseo de la Reforma y, en un acto bufonesco, de pantomima, se cruzó el pecho con una banda presidencial hechiza. Se calcula que estos actos arbitrarios le costaron perder alrededor de 5 millones de simpatizantes que, decepcionados, ya no votaron por el tabasqueño en 2012. Esos votos, de haberlos mantenido, lo hubieran llevado a Los Pinos en 2012 en lugar de Peña Nieto.

 

“López Obrador solo quiere gobernar para sus simpatizantes”. Cierto. Para él, quienes no pertenecen a su movimiento son corruptos y quienes sí lo aplauden son honestos. Esta postura clasista ha dañado mucho a López Obrador por una razón rotunda: en las clases medias y altas, mucha gente simpatiza con su movimiento y estaría dispuesta a votar por él en 2018, aún sin asistir a mítines públicos encabezados por AMLO o no apoyarlo de manera pública. ¿A ellos también los tacharía de impuros Andrés Manuel? Votos son votos, y si se apega a este pragmatismo AMLO, seguro ganaría muchos más adeptos.

 

“López Obrador sólo gobernaría con sus amigos”. Cierto. Empero, ¿qué presidente no gobernó con sus más cercanos? Lo hizo Salinas de Gortari con Camacho Solís, Aspe, Serra Puche, Otto Granados y compañía. Calderón con Mouriño, César Nava, Lozano, Max Cortazar, Sota y primer círculo. Peña Nieto con Videgaray, Luis Miranda, Ruiz Esparza y cercanos. ¿Con quiénes gobernaría AMLO de ganar en 2018? Ya en 2012 nos adelantó a algunos integrantes de lo que hubiera sido su gabinete, entre ellos, Juan Ramón de la Fuente en la SEP. Así que ni sería el primero ni el último que gobernaría con su Club de Toby.

 

“López Obrador se pelearía con todos los ex presidentes”. Cierto. Una de las proclamas públicas y privadas es el ajuste de cuentas con sus principales enemigos: Salinas, Calderón, Peña Nieto, etc, lo que podría llevar a México, durante su sexenio, a una reyerta constante que desembocaría en parálisis de gobierno y estancamiento. Como político, AMLO debería obedecer el mandato de las urnas: queremos un cambio de fondo por encima de cualquier interés personal. Y justo en ese momento estaría a prueba su temple como político: o el país o sus venganzas personales. Allí decidiría cómo pasar a la historia.

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En Los Pinos, en el PRI y en el equipo cada vez más influyente de Carlos Salinas dentro de este gobierno, hay terror de que AMLO gane en 2018 por razones que, de momento, nos reservamos y que detallaremos en entregas posteriores.

 

Por lo pronto, la pregunta es obligada:

 

¿Tú votarías por López Obrador en 2018 para ser Presidente?

 

TW:@_martinmoreno

 

FB / Martin Moreno