Hacia el nuevo Gobierno

La Providencia Divina que dirige el devenir del mundo y que acompaña nuestros pasos, me ha concedido vivir en este hermoso territorio norteño de Durango, desde la edad de doce años, con la interrupción de la estancia de mis estudios en Roma por cuatro años, de mi servicio episcopal en Campeche por seis años y de mi servicio episcopal en Oaxaca por casi dieciséis años.

                  Regresando a Durango el 26 de febrero del 2003 como Arzobispo y ahora como Emérito, como pez en el agua, felizmente, he podido convivir con la Ciudadanía y con la Feligresía del Estado y de la Arquidiócesis. Al mismo tiempo he podido observar el desarrollo de nuestras ciudades, de nuestros pueblos y de nuestros conciudadanos. Por todo ello, estoy muy agradecido con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

He visto crecer la ciudad capital por todos sus rumbos, su aumento poblacional, sus nuevas construcciones y sus desarrollos. También he palpado sus expectativas, sus aspiraciones y sus ansias de desarrollo. Hasta el pasado 5 de junio, después de ochenta y seis años, se nos cumplió la alternancia en el Gobierno Estatal. Sin duda que esto se debió a la maduración cívica de la población que así lo decidió. A Dios gracias.

Pero, llegados a este punto, no lo consideremos triunfalistamente como punto de llegada. Es solo un nuevo punto de arranque, sumamente comprometedor para todos y cada uno, sin excepción. Nadie pues, puede bajar los brazos y las manos, y ponerse a descansar: la historia se va forjando paso a paso y sin descansar; nuestros antepasados, así han forjado las etapas que hoy nos han entregado, y así hemos de seguir el paso hacia adelante. Y pensemos que si nos pesa el presente; más les pesaba a ellos, hasta entregarnos lo que hemos recibido. Por ello, pensando en la carrera de relevos, en el momento actual, a nosotros nos toca, recibir la estafeta para cubrir nuestra parte. Y, que así, nuestra historia pueda seguir adelante.

No pensemos, como a veces se comenta en los bailes: ustedes ya bailaron, ahora nos toca a nosotros. Sobre todo, pensemos que los protagonistas que ahora presidan las Instituciones, han de motivarse con una mentalidad de servicio y no de usufructo. Esto vale para todos, de cualquier nivel y de toda clase social. Sobre todo, hay que purificar las mentes, las intenciones y los corazones, en favor del bien común.

Tengo la sospecha de que hay quienes quisieran participar en la próxima Administración, como para que le haga justicia la revolución. De entrada, no me parece una recta intención. Habría que repasar las intenciones de los fundadores del PAN, que sin duda podrían descubrir a más de alguno con malas intenciones y obligue a cambiar de planes o de propuestas personales.

Los tiempos que vivimos, por una parte nos muestran casos o ejemplos sorpresivos que descubren malas actuaciones. Y Por otra parte nos muestran malos ejemplos para experimentar en cabeza ajena y no caer en errores que después se lamentan. No es que quiera yo dar lecciones de moral; pero, sí hay que aprender del pasado para no tropezar en el mismo bache. Más bien, hay que tener conciencia de que en la coyuntura que vivimos, hay que guiarse por los criterios de honestidad y de conciencia, y experimentar en cabeza ajena, para no cojear de lo mismo.

De no menor importancia es el criterio de que la ciudadanía votó en las urnas de un modo nuevo y desacostumbrado, es decir participó más en las urnas; lo cual me hace pensar en que eso merece una mayor atención, en varias direcciones: en una formación cívica continua, no sólo en tiempo electoral; en una honestidad de los que queden al frente; en una actitud nueva, de servicio; en una preocupación notable hacia los más desprotegidos; en una transparencia que se note, tanto para informar como para no ocultar información al pueblo.

Las alzas a la luz eléctrica y a la gasolina son promesas incumplidas que afectan a toda la ciudadanía y más y sobre todo a muchos ciudadanos de escasos recursos. Tal parece que en el caso de la bodega de la Sedesol, llena de despensas, el exdelegado no actuó solo; caso que mucho sorprendió y muestra la urgencia de honestidad en todos los niveles de la ciudadanía.

Hoy quiero terminar con palabras de un salmo que cantaba el Pueblo de Israel: “¡Alaben, siervos del Señor, alaben el nombre del Señor! Él levanta del polvo al desamparado y alza de la miseria al necesitado, para sentarlo con los príncipes de su pueblo; consolida en su familia a la estéril, haciéndola madre feliz de hijos” (Salmo 113).

Héctor González Martínez