De cómo llegó Castillo a la Conade

Por: Martín Moreno

 

¿Por qué un abogado – policía desprestigiado llegó a dirigir a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte en México?

 

Porque así se lo pidió Alfredo Castillo a su amigo Enrique Peña Nieto.

 

¿Qué méritos tenía Castillo para ser director de la Conade?

 

Ninguno. Sólo fue un capricho que le cumplió el presidente de México.

 

¿Qué sabe Castillo de deportes?

 

En realidad, lo que cualquier aficionado medio enterado tiene de conocimientos deportivos. Cuando era procurador de Justicia en el Edomex, se ufanaba de pasarse horas y horas frente al televisor viendo programas deportivos, y presumía entonces de ser un profundo conocedor.

 

Así se han tomado algunas decisiones en Los Pinos: bajo la regla del amiguismo que, sin duda, deriva en la irresponsabilidad y, en consecuencia, termina en fracaso.

 

Y eso es en lo que Peña Nieto contribuyó para provocar – entre otros factores-, el evidente desorden deportivo con el cual llegó la delegación mexicana a los Juegos Olímpicos de Río 2016, lo cual es un espejo fiel, se quiera o no reconocer, de la ingobernabilidad y el vacío de autoridad que prevalece hoy en México.

 

Dime cómo va tu deporte y te diré que país eres.

 

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Lo peor que le pudo haber ocurrido a Alfredo Castillo – el fontanero de Los Pinos, el plomero que limpia la porquería del caño de Peña Nieto desde los tiempos del Estado de México y durante el sexenio (casos Paulette y Michoacán)-, fueron dos cosas:

 

Primero: que el aguerrido Misael Rodríguez asegurara la primera medalla para México. El destino suele jugarle las contras a los canallas: fue justamente un integrante de la delegación boxística, la misma que fue ninguneada y arrinconada por el soberbio Castillo, la que daría la primera satisfacción deportiva. La Femexbox siempre estuvo con cara de perro frente a Castillo, quien les cerró la llave del dinero (fiel al estilo priista: si no me obedeces, te dejo sin recursos) y los obligó a “botear” el año pasado. Fue cachetada con guante (de box) blanco. De allí que la noche del lunes pasado, en un mensaje durísimo, la Femexbox advirtiera: “Esperamos que no se vaya a colgar esta medalla el Sr. Castillo de CONADE”. ¡Nocaut!

 

Segundo: que Alfredo Castillo cometiera un error más desde Río de Janeiro (además de llevar a pasear a su novia e integrarla con uniforme de atleta a la delegación mexicana): colgarse de esa primera medalla. Vía TW, Castillo festinó la actuación de Misael, generando una reacción masiva demoledora en redes sociales en su contra, con fotografías recordándole el abandono en el que tuvo a los boxeadores olímpicos, presentando justo el momento del “boteo” entre quienes se encontraba el hoy medallista olímpico. El tuit de Castillo fue hecho pedazos por decenas de miles de ciudadanos que lo convirtieron en TT en contra del impresentable amigo presidencial.

 

Castillo es un factor clave en el deterioro del deporte olímpico mexicano, por tres razones innegables: aceptó (o, en este caso, le pidió a su amigo Peña) un cargo público; está recibiendo un salario decoroso y una partida presupuestal que maneja a su antojo; y finalmente, realizó un pésimo trabajo al enfrentarse a las federaciones como si estuviera tratando con priistas mexiquenses: bajo el yugo del autoritarismo y del agravio. Castillo arribó a la CONADE con tal soberbia, que México estuvo a punto de no asistir a los JO. La inteligencia no es el fuerte de Alfredo Castillo, un personaje que, literal, solía llorar cuando su ex jefe en la PGJEM, Alberto Bazbaz, lo regañaba ante todos. A falta de luces personales, Castillo recurre al chantaje, a la amenaza, al soborno, amparado siempre por su amigo el Presidente. Y allí están las consecuencias: el desastre.

 

Si cayó la medalla de Misael, fue por méritos más que propios.

 

Si caen más medallas, se deberá a la capacidad y al orgullo de los deportistas mexicanos, más que al apoyo de la CONADE.

 

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A los amigos de Enrique Peña Nieto, algo los está marcando: la soberbia.

 

Con su soberbia, Alfredo Castillo hizo del deporte olímpico un desastre.

 

Con su soberbia, Aurelio Nuño provocó el resurgimiento de la insurrección urbana y lleva sobre sus hombros la muerte de nueve personas en Nochixtlán.

 

Con su soberbia, Luis Videgaray ha generado el estancamiento de la economía y el empobrecimiento de clases medias y de los más pobres.

 

Y ya sabemos que la soberbia, es el pecado de los estúpidos.

 

TW: @_martinmoreno