De Rodolfo Elizondo a José Ramón Enríquez

Por: Víctor R. Hernández
A menos de 70 horas que José Ramón Enríquez Herrera tome posesión como nuevo alcalde de la ciudad de Durango, se cumplirán 33 años de que el Partido Acción Nacional ganara por primera vez la presidencia municipal de la capital y comenzara la primera alternancia en la historia política de nuestra entidad. Y el ambiente político y económico de esa época era, también, muy semejante al que hoy se percibe: irritación por la economía; desgaste en la imagen presidencial (Miguel de la Madrid era el ejecutivo federal). Un ciudadano agredido por claros signos de corrupción e impunidad institucionalizada (veníamos del gobierno de José López Portillo). Y hoy no es diferente. Era la década de los ochentas y como entonces, Durango era de las entidades en donde la juventud (su población joven) era su principal activo, igual que ahora. En ese año, Rodolfo Elizondo Torres, era un joven profesionistas. Acababa de concluir la carrera de administración en el Tecnológico de Monterrey junto con el Roberto, El Güero, Isaac, y esta de regreso en la capital del estado para ayudar en los negocios a su señor padre, Don Jesús H. Elizondo. Por su parte, José Ramón Enríquez Herrera, en ese entonces muy amigo de Ismael Hernández Deras estaría por terminar la carrera de medicina en la escuela de la UJED y su fama, entonces, era por el buen trato que le daba al balón, pues entre sus pasiones era el futbol. Pero a diferencia de esa elección municipal de la naciente década de los 80s, la de junio de 2016, fue más fácil y menos tensa. Recuerdo que la elección de 1983 fue un golpazo para el ya descompuesto, viejo sistema político. El gobernador era Armando del Castillo Franco, a quien le valía un sorbete lo que le sucediera a la entidad. Había sido impuesto tres años antes y su vida la había echo en la capital de la República. De ahí la indiferencia por la derrota de Ángel Tejada Espino, candidato de su partido a la presidencia municipal ante un verdadero desconocido para los duranguenses, como era entonces, Rodolfo Elizondo Torres. Cierto, los primeros triunfos opositores en el norte de la República (porque en ese año el PAN también ganó Ciudad Juárez), significaron una oportuna válvula de escape al malestar social que desde entonces ya amenazaba con echar por tierra el caduco sistema político. El gobierno de Rodolfo Elizondo Torres fue recibido con mucha esperanza y optimismo. Hoy es la misma percepción con el gobierno que iniciará este miércoles José Ramón Enríquez. El de Elizondo Torres se caracterizó por ser una administración transparente, moderna (para ese entonces); eficientó el sistema del cobro del predial. Los servicios públicos municipales también se modernizaron y las campañas de limpieza en las que participó activamente la sociedad, se multiplicaron por colonias y fraccionamientos. Hoy, con José Ramón (como se perfila su equipo de colaboradores), será un gobierno plagado de profesionistas y si mantiene a la gente de Marcos Cruz, será, además, un gabinete con experiencia, no sólo en el trato con la gente, también en la forma de hacer las cosas y de las urgencias que tiene la ciudad. A 33 años del primer gobierno de oposición, los capitalinos estamos ante el primer hecho inédito: estrenar el primer gobierno de coalición en la capital y en dos semanas más, el primer gobierno estatal de coalición. Acontecimiento al que se agregará otro, no de menor importancia: el PRI como oposición no sólo en el municipio de la capital, también en el gobierno del estado. Hace 33 años, la primavera democrática concluyó sofocada por la serie de fraudes de las elecciones de 1986. El viejo régimen comandando por el mediocre de Miguel de la Madrid se asustó y permitió los burdos fraudes en el municipio de la capital y de la elección estatal. Sin embargo, el bueno sabor de boca que dejó el efímero gobierno de Elizondo Torres, podría recuperarse en el gobierno de José Ramón Enríquez Herrera, quien también dejó un buen sabor de boca durante su efímero paso como Secretario de Salud en el gobierno de Hernández Deras. Hacemos votos porque así sea.