Las expectativas y el nuevo Gobierno Municipal

Por: Doctor Ignacio Gómez Romero

En esta semana que termina, los 39 alcaldes que resultaron electos en la pasada contienda electoral tomaron protesta como ediles y comandantes en jefes de sus respetivos municipios, y en el caso de nuestra querida capital, un sin número de expectativas se levantaron en torno a lo que sucederá una vez que un presidente municipal que fue postulado por una coalición de partidos de oposición al entonces partido gobernante, pues se abriga la esperanza que sea un buen trienio municipal.

Desde el día posterior a la elección municipal, cuando las tendencias del voto mostraban no ser favorables al PRI, una mezcla de júbilo, satisfacción y alegría se apoderó de una creciente población de la comunidad, expresiones como ¡ya era necesario un cambio! con estos ahora sí nos va a ir mejor, éstas y otras frases se volvieron comunes en algunos niveles de la sociedad, en pocas palabras una especie de expectativa se empezó a gestar, de esperar algo nuevo, algo diferente, algo que marcará la diferencia.

Pero en realidad el nuevo Presidente Municipal y su equipo de trabajo ¿serán capaces de satisfacer las expectativas que la comunidad ha generado en torno a su actuar en el gobierno? Y la pregunta se plantea, no porque se dude de la capacidad del nuevo alcalde y su equipo de trabajo, porque sin duda son personas respetables y comprometidas, pero el reto no es menor, pues son escasos 1000 días que tiene para demostrar que valió la pena el cambio, y 1000 días gobernando también se van en un suspiro, sino hay un rumbo definido.

El reto más grande al que se enfrentará el nuevo edil y su equipo, reside en que el trabajo y las acciones que realicen, deben de cubrir las expectativas de la comunidad, no que se haga lo que el edil diga, sino el secreto reside en que estas acciones sean adecuadas de acuerdo a la percepción de la ciudadanía.

Recordemos que la percepción es una función que le posibilita al organismo recibir, procesar e interpretar la información que llega desde el exterior valiéndose de los sentidos, en pocas palabras el ser humano es un ser eminentemente perceptivo, y la percepción es total y netamente subjetiva, de manera tal, que no bastará la inversión que realice en el manejo de los medios de comunicación, ni tampoco en la habilidad que tenga su equipo en el trabajo de las redes sociales, sino que debe de realizar su trabajo para el que fue electo, además de cumplir con las expectativas que generó su triunfo, sino, desgraciadamente será debut y despedida.

Para poder ilustrar de mejor manera lo anterior, recordemos cuando Vicente Fox ganó la elección presidencial en el 2000, los medios de comunicación y los expertos lo calificaron como un hecho insólito, como algo épico, como si el pastorcillo insignificante de nombre David haya vencido de nuevo al invencible gigante Goliat.

De inmediato todos esperábamos un cambio, y la expectativa empezó a crecer, en cuanto gobierne Fox, el cambio se dará aseguraba la gente, y los publicistas del entonces Presidente electo alimentaron esa idea, pero con el tiempo esta idea se revirtió, pues para lograr un cambio se requiere más de un sexenio, entonces empezó el desánimo ciudadano pues el anhelado cambio no llegó, y no porque Fox no lo haya querido, ni haya trabajado para lograrlo, simplemente porque en la mente de cada ciudadano el concepto de cambio es variante, pues es un concepto que la percepción generó y como tal tiene una gran dosis de subjetivismo.

Otro caso lo tenemos con la reforma energética, una que se aprobó, los publicitas gubernamentales alimentaron la expectativa que la luz eléctrica, el gas y la gasolina bajarían de precio, al día de hoy, esos insumos han subido su precio y están por hacerlo de nuevo, la expectativa no se cumplió y como consecuencia la aceptación del Presidente Peña se desplomó.

De manera tal que el nuevo equipo de trabajo y su líder ahora tiene un gran reto, como marcar la diferencia con un cambio planificado, no con ocurrencias estudiantiles, sino con trabajo responsable y concatenado, buscando el bienestar de la comunidad y sobre todo, el beneficio de los más necesitados.

El edil y su gente deben de recordar lo que decía Sir Churchill cuando fue primer ministro, el gobernante debe de entender que una vez electo, debe gobernar, es decir debe pensar como estadista y dejar de actuar como si estuviera en campaña permanente, porque si se deja llevar por ese espejismo, lo más seguro es que llevará al fracaso a la comunidad.