En Durango marketing vs neuromarketing político

Por: Miguel Á. Hernández Gro.

Agotada la primera fase de precampañas de cara a las elecciones del primer domingo de julio, se puede concluir sin resultar temerario que muy poco o casi nada han aportado de innovador ni partidos, coaliciones y precandidatos.

Se ha recurrido a los esquemas tradicionales de posicionamiento de la imagen: panorámicos con la mejor cara del candidato, con gestos adustos, afables y tratando de mostrarse como confiables para el mercado electoral. Las fotografía muy limpias, bien cuidadas, acompañado con los colores de sus partidos y con letras bien estilizadas.

En materia de publicidad estática sin muchas novedades y con bonita estética. Hasta ahora, las redes sociales no parecen tener un peso definitivo en las elecciones. En twitter se dio un manejo acartonado que privilegio las difusión de actividades, algo de videos con música como los de Esteban Villegas y de fotografías acartonadas de los aspirantes con sus simpatizantes. De pocas ideas y nulo debate.

En redes sociales han prendido más las confrontaciones internas de los propios partidos y el debate ideológico de las coaliciones. Los twitt de promoción de precandidatos simplemente no despertaron el interés esperado, salvo la descalificación previsible de simpatizantes de los diferentes partidos.

En los medios de comunicación llamados masivos, por las limitaciones de la ley electoral, partidos y precandidatos privilegiaron las entrevistas en noticieros de radio y televisión, con muy pocas ideas, y si mucha intención de posicionar la imagen más allá de simpatizantes y militantes, es decir, dirigido claramente a un mercado electoral abierto.

De forma gradual, los medios de comunicación impresos están siendo desplazados por las redes sociales, los medios electrónicos y las altas tarifas en publicidad política que cobran. Algo tendrán que hacer los periódicos para recuperar las posiciones de privilegio que les ha quitado los noticieros de Canal 10, Canal 12 y del Grupo Garza Limón.

Frente al inmovilismo y falta de creatividad que hasta el momento están demostrando los estrategas electorales, se está planteando ya una pregunta que bien puede servir como pregunta de investigación: en las elecciones del 7 de julio en Durango, ¿Qué predominará, el marketing o el neuromarketing político?

Más allá de las estrategias del marketing político tradicional de utilizar la investigación cuantitativa y cualitativa para conocer las necesidades del elector, generar un candidato, posicionar su imagen, generar una propuesta de gobierno y construir un discurso que gane la simpatías de los electores, parece que el interés de la sociedad se encuentra en otro lado.

Para muchos, la fórmula para hacer política y ganar las elecciones ha cambiado y cambiará, de tal forma que ahora se puede diferenciar dos momentos y dos formas de hacer: la tradicional del marketing político y la nueva basada en los sentimientos, las emociones, los sentimientos, las palabras…el neuromarketing político.

Las características del marketing político son el uso de un discurso racional, basado en argumentos; es proclive por el análisis cuantitativo (encuestas y sondeos, hasta el extremo como lo que se vivió en Durango en 2010); el candidato asume un lenguaje grandilocuente, centra el debate en términos ideológicos.

Plantea una estrategia a corto plazo con el objetivo de ganar; busca el voto de los indecisos; hace remembranzas de los buenos momentos del pasado; aplica fórmulas negativas contra el adversario y hace uso del miedo como estrategia frente al adversario.

De forma gradual pero consistente, el neuromarketing está haciendo su aparición en las campañas caracterizado entre otras cosas por basar el trabajo del partido y candidato en emociones y sentimientos; la aplicación de instrumentos cualitativos, manteniendo el cuantitativo; es proclive al uso de un lenguaje cercano, creando un vínculo emocional.

En el terreno de las propuestas, se orienta a las que cubren necesidades cercanas de los electores; utilizan la estrategia a mediano plazo, basada en la visión y la esperanza; busca el conocimiento y entendimiento del electorado en su conjunto; parten de la realidad para hacer una prospectiva de futuro; promueve una colaboración en positivo, haciendo énfasis en la superación del miedo; es proclive a la conversión de todo en esperanza y optimismo.

Como se puede apreciar, las dos propuestas son muy claras. Sin embargo, dado el desprestigio de los partidos, el desuso de las plataformas ideológicas y doctrinales, la preeminencia del candidato por sobre las marcas de los partidos, todo haría suponer, que en Durango viviremos una campaña electoral orientada al neuromarketing político. Si no, al tiempo. El juego de estrategias están ya en marcha, y en las precampañas se asomaron tímidamente.