2018 se convirtió en un verdadero terremoto

Este 2018 será recordado como el año de un terremoto político, en que las viejas estructuras de México (PRIPANPRDse derrumbaron, y en que una nueva fuerza (Morenacambió las relaciones tradicionales de poder.

El día en que más de 56.6 millones de electores acudieron a las urnas para decidir el rumbo de la Nación, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) logró algo que no se veía desde 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari ganó la Presidencia de la República con el 50.5 por ciento de los votos.

En julio pasado –sin la caída del sistema de cómputos electorales– AMLO se convirtió en Presidente con el 53.2 por ciento del apoyo electoral; y su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) barrió con la presencia de los partidos de siempre, en los diferentes congresos y gobiernos (locales y federales).

De nueve gubernaturas que estuvieron en juego este año, Morena –que en enero próximo cumplirá cinco años de existencia– se quedó con cuatro (Chiapas, Ciudad de México, Tabasco y Veracruz).

Asimismo, su aliado político, el Partido Encuentro Social (PES), salió victorioso en Morelos. De ese modo, la Coalición “Juntos haremos historia” (Morena-PT-PES) obtuvo cinco gubernaturas.

Por el contrario, los grandes fracasos electorales correspondieron a los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD).

La vieja estructura priista –a 89 años de su creación y después de 71 años (1929-2000) ininterrumpidos en el Poder Ejecutivo federal– perdió la oportunidad de ganar terreno a nivel nacional y de mantener el control de Yucatán.

Asimismo, el partido fue incapaz de recobrar el gobierno de Veracruz, donde el priista Javier Duarte de Ochoa (2010-2016) encabezó una de las más corruptas administraciones de la historia reciente de México.

El PRI tampoco pudo aprovechar su influencia en el estado de Chiapas, que hasta este año, fue gobernado por integrantes del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que al menos desde el año 2000, hace alianzas político-electorales con el PRI.

De nueve gubernaturas que estuvieron en juego este año, Morena –que en enero próximo cumplirá cinco años de existencia– se quedó con cuatro (Chiapas, Ciudad de México, Tabasco y Veracruz).

Asimismo, su aliado político, el Partido Encuentro Social (PES), salió victorioso en Morelos. De ese modo, la Coalición “Juntos haremos historia” (Morena-PT-PES) obtuvo cinco gubernaturas.

Por el contrario, los grandes fracasos electorales correspondieron a los partidos Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD).

La vieja estructura priista –a 89 años de su creación y después de 71 años (1929-2000) ininterrumpidos en el Poder Ejecutivo federal– perdió la oportunidad de ganar terreno a nivel nacional y de mantener el control de Yucatán.

Asimismo, el partido fue incapaz de recobrar el gobierno de Veracruz, donde el priista Javier Duarte de Ochoa (2010-2016) encabezó una de las más corruptas administraciones de la historia reciente de México.

 

El PRI tampoco pudo aprovechar su influencia en el estado de Chiapas, que hasta este año, fue gobernado por integrantes del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), que al menos desde el año 2000, hace alianzas político-electorales con el PRI.

 

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