El Papa pide a los curas que observen “los momentos de silencio en la eucaristía y no tengan prisa”

“Hacer silencio significa escuchar la voz de nuestro corazón y la del Espíritu Santo”

Papa Francisco continúa, con la catequesis sobre la misa y pide a los curas que observen los momentos de silencio y “no tengan prisa” en la celebración. Asimismo, el Papa ensalzó el valor del silencio orante en la eucaristía, para “escuchar la voz del corazón y la del Espíritu Santo”.

Lectura del Evangelio de Juan: “Y el Verbo se hizo carne y abrió entre nosotros”

Algunas frases de la catequesis del Papa

“La gratitud se expresa en el Gloria”

“Glorifica y suplica al Padre y al Cordero”

“Gozoso anuncio del abrazo entre el cielo y la tierra”

“Tras el Gloria, la oración colecta”

“El sacerdote exhorta al pueblo a recogerse con él en un momento de silencio”

“En ese momento, uno piensa en las cosas que necesita o que quiere pedir en la oración”

“Disponerse a escuchar la voz del corazón y, sobre todo, la del Espíritu Santo”

“El silencio ayuda a recogernos en nosotros mismos y a pensar por qué estamos allí”

“El sacerdote recoge las intenciones de cada persona”

“Recomiendo vivamente a los sacerdotes que observen este momento de silencio y no tener prisa. Recemos y silencio”

“Sin él, corremos el riesgo de perder el recogimiento del alma”

“El sacerdote reza con los brazos abiertos…para imitar Cristo con los brazos abiertos en la cruz”

“En el rito romano, las oraciones son breves, pero ricas de significado”

“Que la liturgia sea, para nosotros, una auténtica escuela de oración”

Texto completo del saludo del Papa en español

Queridos hermanos:
Dedicamos la catequesis de hoy al canto del gloria y a la oración colecta que forman parte de los ritos introductorios de la Santa Misa. El canto del gloria comienza con las palabras de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén y continúa con aclamaciones de alabanza y agradecimiento a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Representa, en cierto modo, un abrirse de la tierra al cielo en respuesta al inclinarse del cielo sobre la tierra.

Después del Gloria viene la oración llamada colecta. Con la expresión “oremos”, el sacerdote invita al pueblo a recogerse un momento en silencio, para que cada uno tome conciencia de estar en la presencia de Dios y formular en su espíritu sus deseos. Hacer silencio significa disponerse para escuchar la voz de nuestro corazón y sobre todo la del Espíritu Santo.

La oración colecta está compuesta, primero, de una invocación del nombre de Dios, y en la que se hace memoria de lo que él ha hecho por nosotros, y en segundo lugar, de una súplica para que intervenga. El sacerdote recita esta oración con los brazos abiertos imitando a Cristo sobre el madero de la cruz. En Cristo crucificado reconocemos al sacerdote que ofrece a Dios el culto agradable, es decir, el de la obediencia filial.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que la Santa Misa sea de verdad una auténtica escuela de oración, en la que aprendamos a dirigirnos a Dios en cualquier momento de nuestra vida. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

 

FRANCISCO: “ES FEO VER PASTORES CON DOBLE VIDA. ES UNA HERIDA EN LA IGLESIA”

“Es feo ver pastores con doble vida: es una herida en la Iglesia”. El Papa Francisco reclamó “conmoción, cercanía y coherencia” a los pastores de la Iglesia, durante su homilía matutina en la Casa Santa Marta.

Una autoridad que viene del mismo Jesús, y que no se basa en el poder, sino en la cercanía. “Jesús tenía autoridad porque se acercaba a la gente”, subrayó Bergoglio. No sólo porque decía la verdad, sino porque, a diferencia de los escribas, esta “llegaba al corazón”.

“La enseñanza de Jesús provoca el asombro, un movimiento en el corazón”, porque lo que “da autoridad” es, precisamente, la cercanía. Y Jesús “tenía autoridad porque se acercaba a la gente”, comprendía sus problemas, sus dolores y sus pecados.

“Porque era cercano, comprendía. Acogía, curaba y enseñaba, con la cercanía. Lo que da autoridad a un pastor, o lo que despierta la autoridad que es dada por el Padre, es la cercanía: cercanía a Dios en la oración”, incidió Francisco, quien advirtió que “un pastor que no reza, un pastor que no busca a Dios – ha perdido en parte la cercanía a la gente”.

“El pastor separado de la gente no llega a la gente con el mensaje. Cercanía, esta doble cercanía. Ésta es la unción del pastor que se conmueve ante el don de Dios en la oración, y se puede conmover ante los pecados, ante los problemas, ante las enfermedades de la gente: conmueve al pastor”, recalcó.

Los escribas – prosiguió diciendo el Santo Padre – habían perdido la “capacidad” de conmoverse precisamente porque “no estaban cerca de la gente ni de Dios”. Y cuando se pierde esa cercanía – evidenció Francisco – “el pastor termina en una vida incoherente”.

“Jesús es claro en esto: ‘Hagan lo que dicen’ -dicen la verdad- ‘pero no lo que hacen”. La doble vida. Es feo ver pastores con doble vida: es una herida en la Iglesia. Los pastores enfermos, que han perdido la autoridad y van adelante en esta doble vida. Hay tantos modos de llevar adelante la doble vida: pero es doble… Y Jesús es muy severo con ellos. No sólo dice a la gente que los escuchen, sino que no hagan lo que hacen ellos. ¿Y a ellos qué les dice? ‘Ustedes son sepulcros blanqueados’: hermosos en la doctrina, vistos desde afuera. Pero por dentro, podredumbre. Así termina el pastor que no tiene cercanía a Dios en la oración y con la gente en la compasión”.

El Papa Francisco también se refirió a la Primera Lectura y volvió a proponer las figuras de Ana – que reza al Señor para tener un hijo varón – y la del sacerdote, el “viejo Elí”, que “era débil, que había perdido la cercanía a Dios y a la gente”: había pensado que Ana era una borracha, mientras ella, en cambio, estaba orando en su corazón, moviendo sólo los labios. Fue ella, en efecto, la que le explicó a Elí que estaba “apesadumbrada” y que hablaba “el exceso de su propio dolor y de su propia angustia”.

Y mientras ella hablaba, Elí fue “capaz de acercarse a ese corazón”, hasta llegar a decirle que se fuera en paz: “Que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido”.

El Santo Padre explicó al respecto que Elí se dio cuenta “de haberse equivocado” haciendo salir de su corazón “la bendición y la profecía”, porque después Ana se convirtió en la madre de Samuel.

“Yo diré a los pastores que han vivido su vida separados de Dios y del pueblo, de la gente: ‘No pierdan la esperanza. Siempre hay otra posibilidad. Para esto ha sido suficiente mirar, acercarse a una mujer, escucharla y despertar la autoridad para bendecir y profetizar; esa profecía ha sido hecha y el hijo le llegó a la mujer’. La autoridad: la autoridad, don de Dios. Sólo viene de Él. Y Jesús la da a los suyos. Autoridad al hablar, que viene de la cercanía a Dios y a la gente. Siempre ambas juntas. Autoridad que es coherencia, no doble vida. Es autoridad, y si un pastor la pierde, que al menos no pierda la esperanza, come Elí: siempre hay tiempo para acercarse y despertar la autoridad y la profecía”.

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