A un año del covid-19: un panorama sombrío y el juego político de las vacunas

Por: Víctor R. Hernández        Feb. 02. 2021

A finales del 2019 en el mes de diciembre, Wuhan, China se convirtió en el epicentro de un brote de neumonía de etiología desconocida que no cedía ante tratamientos actualmente utilizados. En pocos días los contagios aumentaron exponencialmente, no solo en China Continental sino también en diferentes países. El agente causal fue identificado, un nuevo coronavirus (2019-nCoV) posteriormente clasificado como SARS-CoV2 causante de la enfermedad COVID-19.
Para ese momento, en el gigante asiático había 7 mil 700 casos y 170 decesos. A nivel mundial, había 82 casos en 18 países, según el organismo.
Un año después, la situación está fuera de control: el virus está presente en 192 países o regiones, de acuerdo con el recuento de la Universidad Johns Hopkins. Hasta este lunes primero de febrero, suman 103 millones 364 mil 547 casos y 2 millones 236 mil 286 decesos.
De acuerdo con un reciente reportaje de El Universal, si hace un año se veían lejos los confinamientos decretados en las zonas afectadas de China, incluyendo Wuhan, donde se detectaron los primeros casos, en 2019, hoy prevalecen las restricciones de viajes internacionales. Pasado el cierre total de fronteras europeo, ahora hay cierres selectivos.

El 21 de enero de 2020 se confirmó el primer caso del coronavirus, al que después se le denominaría Covid-19 en Estados Unidos. De ahí, su llegada a México y el resto de América sólo era cuestión de tiempo. Un año después, Estados Unidos y México son dos de los países más afectados por la pandemia en la región.
“Todos los países deben estar preparados para la contención, incluida la vigilancia activa, la detección temprana, el aislamiento y el manejo de casos, el rastreo de contactos y la prevención de la propagación de la infección por [el entonces conocido como] 2019-nCoV, y compartir los datos completos con la OMS”, advirtió hace un año el director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Ayer, recordó que tras la declaratoria, “algunos países escucharon y otros no (…) Entonces había 100 casos, sin muertes fuera de China, y esta semana hemos llegado a 100 millones (…) En las dos últimas semanas se han registrado más que en los primeros seis meses de pandemia”.

A partir de ese momento, como mantra, la OMS repitió la necesidad de aplicar pruebas para detectar casos, rastrear contactos y tomar medidas de aislamiento. En torno a los cubrebocas, reinó la confusión, hasta que finalmente el organismo reconoció que era la mejor forma de cuidarse.
Sin embargo, salvo por algunas excepciones, como Nueva Zelanda o Taiwán, que lograron controlarlo, el virus arrasó primero en Italia, luego en el resto de Europa y llegó a Estados Unidos bajo el mandato del entonces presidente Donald Trump, quien se negó a ordenar confinamientos o siquiera el uso de cubrebocas.
El mandatario tampoco era fan de las pruebas masivas e, incluso, aseguraba que el virus se iría “en el verano”. El resultado: el país acumula 25 millones 909 mil 336 casos y más de 436 mil decesos.
Brasil, primer país de Latinoamérica donde llegó el virus, es el tercero más golpeado a nivel global. Tanto Trump como el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se contagiaron; sin embargo, eso no evitó que ambos siguieran minimizando la pandemia, que Bolsonaro comparó con una “gripita” y, al ver que las muertes crecían, se limitó a decir: “De algo nos vamos a morir”. Para ambos la prioridad era la economía.

En México, donde el virus llegó el 27 de febrero, el presidente Andrés Manuel López Obrador se negó a cerrar fronteras o a ordenar confinamientos, o el uso de cubrebocas. La cantidad de pruebas ha sido limitada y tampoco se ha apostado por rastrear contactos. Al igual que en Estados Unidos, han sido los gobernadores los que han ordenado cierres y otras medidas ante una pandemia que, lejos de los 2 mil decesos proyectados al principio, es hoy el tercer país con más fallecimientos por la enfermedad: 158 mil 536, y el 13 en número de contagios, con un millón 864 mil 260, hasta el 31 de enero.
Un año después de que la pandemia fuera declarada emergencia internacional, quedó en claro que nadie se salvaba: del primer ministro británico, Boris Johnson, a Trump, Bolsonaro y López Obrador, diversos dirigentes se han contagiado. Los hospitales, tras una primera ola que los desbordó, hoy se ven nuevamente rebasados. Y en el mundo se ven nuevas cepas: la brasileña, la británica, la sudafricana…

Mientras esto sucede, el pasado viernes, el presidente López Obrador anunció que no cambiará la estrategia contra la pandemia, porque vamos “aplanando la curva, hay suficientes medicamentos y espacios en hospitales. Todo va bien”, dijo el mandatario que en su reaparición caminaba con dificultad y exhibía en su mano derecha, los estragos de los medicamentos que la aplican por la vía intravenosa.
Todo esto, mientras se juega (perversamente) con la emoción social de que pronto iniciará la campaña de vacunación.