Ahora, en medio de la nada y con la amenaza del Covid-19

Texto: Daniel Estrada O.

El fuego les arrebató lo poco que tenían

El fuego les arrebató lo poco que tenían.  La tragedia dejó sin hogar a 13 familias, luego de consumir 11 viviendas en la calle Mártires de Sonora de la colonia Asentamientos Humanos, a escasos metros del Arroyo seco. El siniestro inició en un pastizal aledaño. La zona en la que se registró el incendio es irregular, debido a que la Conagua la tiene catalogada como de riesgo de probables inundaciones. Ahora que el arroyo cuenta con ademe, el dictamen puede cambiar y con ello dar certeza jurídica a los habitantes del lugar.

De un momento a otro, el fuego les quitó lo poco que tenían. 13 familias compuestas por un buen número de niños, alcanzaron a salvar la vida, pero se quedaron sin casa, muebles, puercos y gallinas; todo se quemó.

Las familias damnificadas por el fuerte incendio que consumió 11 viviendas de materiales frágiles en la calle Mártires de Sonora de la colonia Asentamientos Humanos, son de muy escasos recursos; la mayoría de los hombres se dedican a la albañilería o haciendo alguna “chambita” en donde se puede.

Mientras tanto, casi todas las mujeres, se desempeñan en los quehaceres del hogar y en el cuidado de sus hijos, sobre todo ahora que no pueden ir a la escuela debido a la contingencia por el Coronavirus.

Con desilusión, recogen la basura que dejó el fuego; hay muchas piezas sin forma, otras metálicas dejan ver lo que antes eran piezas de bicicletas, resortes de sillones y colchones, utensilios de cocina y piezas de muebles.

De acuerdo con los primeros reportes de la Dirección Municipal de Protección Civil, el incendio comenzó en un pastizal aledaño, obviamente lleno de hierba seca, que en cuestión de segundos encendió y en pocos minutos se convirtió en una gran llamarada.

Gustavo Paredes Moreno, director de la referida dependencia, relató que algunos vecinos atribuyen el hecho a que alguna persona que pasaba arrojó una colilla de cigarro en el pastizal, mientras que otros comentan que había niños jugando con lumbre.

Lo cierto es que el siniestro causó la inmediata movilización de los bomberos, quienes por un buen rato se abocaron a sofocar el fuego, que era acompañado por una densa humareda negra que se elevaba por varios metros, causando zozobra en habitantes del sur de la ciudad.

Los bomberos dieron cuenta de que no hubo ninguna persona fallecida, nadie requirió atención médica especializada y aunque hubo animales muertos (gallinas y puercos), las pérdidas fueron únicamente materiales.

El incendio ocurrió a unos metros del canal del Arroyo Seco, en un asentamiento irregular, de acuerdo con un dictamen de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en el que la zona es identificada como de riesgo por probables inundaciones y crecidas del afluente.

José Flores Hernández, director del Instituto Municipal de la Vivienda (Inmuvi), mencionó que una vez construido el ademe del arroyo, la Conagua podría realizar un nuevo estudio para valorar si sigue habiendo riesgo de inundación o ya no.

Dicho procedimiento resulta fundamental para la posible regularización de los predios que se encuentra en el lugar, en donde se presentó el siniestro que acabó con las 11 viviendas de materiales frágiles.

Una vez que estas familias puedan tener certeza jurídica, se podría emprender un proyecto para la construcción con materiales definitivos y con ello reducir el riesgo de que se repita lo ocurrido el pasado martes 16 de junio.

El servidor público consideró que esto podría ocurrir a mediano o largo plazo, lo cual depende totalmente de la Conagua.

Pero el Municipio también está en condiciones de actuar y hacerlo en el corto plazo, con la implementación de programas para la entrega de materiales, que no implique la demostración de la posesión legal de los predios.

Al no contar con un nuevo dictamen, que podría descartar el riesgo, el Municipio no puede realizar los trámites que corresponden para la regularización de predios y por ende no se puede acceder a los programas de vivienda que ofrece el Gobierno Federal.

Jorge Rentería Rosales, director municipal de Desarrollo Social, también hizo referencia a la irregularidad de los terrenos, lo que impide entrar con apoyos inmediatos para la construcción de viviendas de materiales definitivos.
No obstante, lo que se pretende es buscar la manera de ayudar a los afectados a mejorar sus condiciones de vida lo más pronto posible ya que son muchas las necesidades que estas familias presentan.
Sandra Corral, titular del DIF Municpal, declaró que el Albergue Municipal se puso a disposición de las familias damnificadas, sin embargo, no fue necesaria su ocupación, debido a que en todos los casos había la posibilidad de quedarse con algún familiar.
Sin embargo, en los apoyos inmediatos se entregaron alimentos y cobijas, ya que prácticamente se quedaron sin nada y algunos jefes de familia decidieron quedarse en la zona para resguardar algunas pertenencias rescatadas.
La Dirección Municipal de Servicios Públicos ingresó al lugar del siniestro con maquinaria pesada y personal, para agilizar el retiro de escombro y basura que dejó el fuego.
Asimismo, la Dirección Municipal de Salud Pública, emprendió una serie de acciones en el área, incluso de desinfección, además de mantener constante vigilancia con los afectados, con la finalidad de garantizar que situaciones como la inhalación excesiva de humo y el contacto con algunos deshechos no fuera a afectar su salud.

En carne propia

Y mientras se realizaba toda una movilización por parte de las autoridades, el miércoles 17 de junio, al día siguiente del siniestro, los afectados todavía no podían creer lo que había sucedido, pues fue en muy poco tiempo que se quedaron sin nada.

Luis Felipe de Jesús y Lluvia,  una pareja en la que ninguno rebasa los 25 años de edad y con tres hijos, platicaron a este Semanario la forma en la que apenas pudieron reaccionar para salir de su casa al escuchar el alboroto de la quemazón.

Sus hijos de seis, cuatro y dos años, no tenían idea de lo grave de lo ocurrido, mientras pedían a sus padres que les sirvieran Coca Cola en los vasos desechables que les llevó el personal del Ayuntamiento.

Luis Felipe se desempeña como albañil, jardinero, plomero o alguna “chambita” que le salga, mientras que Lluvia (por cierto, embarazada) se ocupa de tiempo completo en la casa y los hijos.

No rescataron nada, todo se les quemó, según platican a este reportero, mientras que el mayor de los niños aprovecha para presumir que él tiene seis años, su hermana de cuatro reniega porque quiere más “coca” y el de dos años bebe refresco y come gelatina a la vez.

Esperan la ayuda de la autoridad, quieren apoyo con material para volver a hacer su casa; de la mano de obra ellos se encargan, pero saben que su situación es complicada, porque los terrenos son irregulares.

En el área, también se encuentra José Cruz Nava, al parecer, buscando en el suelo algo que sirva, pero sin éxito, pues todo está carbonizado o destruido.

Atrás de él está su mujer con una bebé en brazos, quien observa sin esperanza todo lo que ocurre a su alrededor y no hace más que apretar más fuerte a la niña.

José lamenta haber perdido lo poco que tenían y platica que además de la niña, tiene otros dos niños de 10 y 12 años, quienes le ayudaron a limpiar un poco el terreno.

“No sé qué vamos a hacer; es difícil poder empezar de nuevo, a ver que dice mi mujer, si nos vamos con una hermana de ella o con alguien de mi familia, pero quien sabe por cuánto tiempo”, mencionó.

Iris Aguirre, también madre de tres hijos (de 10, ocho y seis años), dijo esperar la ayuda inmediata de las autoridades, de lo contrario no podrán salir adelante, ya que es mucha la necesidad que tienen y las llamas les arrebataron todo lo material.

Su esposo se dedica a la obra, pero en los últimos días no ha tenido trabajo, pues, debido al Coronavirus, no hay muchas personas interesadas en construir, por lo que a veces no tiene ni para comer.

Esa es la cruda realidad de estas familias, que de por sí ya estaban padeciendo la pobreza, vino la pandemia y les dificultó más las cosas y por si fuera poco, ahora perdieron el modesto patrimonio que tenían.