Pandemia: Vida, Educación y Economía

Sin Censura.-

Por: Víctor R. Hernández

Ahora que entramos de lleno a la campaña sobre la próxima consulta popular, impuesta por López Obrador, valdría la pena que nuestras autoridades estatales y municipales pusieran a consideración en qué orden queremos los duranguenses que se cumplan las siguientes acciones: Educación, Vida y Economía.

Valdría la pena que los duranguenses nos presentáramos a las urnas el próximo primero de agosto y en lugar de responder las ocurrencias de un presidente extraviado por sus obsesiones, expresáramos que es lo más importante, en estos momentos para quienes habitamos el estado de Durango. Si en primer lugar debe estar la educación, en segundo la economía y en tercer lugar la preservación de la vida.

Para muchos puede ser una tontería consultar sobre lo obvio, pues el resultado de la ecuación sería: Vida, Educación y Economía. En ese orden.

Y tendría sentido esta respuesta. Si un ciudadano muere en el contexto de esta pandemia, como ya fallecieron en nuestra entidad más de 2 mil 400 personas, ya no tendría sentido el regresar a clases o seguir impulsando la actividad económica, como hasta ahora.

Pero, el ciudadano al que el estado le garantiza la vida, sin lugar a dudas que la segunda acción en importancia sería la educación. Y es que para aspirar a una mejor vida, indudablemente se requiere el estudio, y más ahora que vivimos en la era del conocimiento. Hoy, el que mas sabe, es quien tiene posibilidades reales de progresar. Entonces, la educación se impondría como la segunda necesidad, en la soñada consulta. 

La tercera acción, después de la vida y la educación, sería la economía. Teniendo garantizada la vida y el acceso a la educación, la actividad económica es la que seguiría en importancia.

Hasta aquí todo iría bien. Solo que la voltear a la realidad, a las acciones que hoy implementan como prioritarias, nuestras autoridades municipales, estatales y la federal es, primero, la economía, en segundo lugar, ahora pretender poner la educación. La semana pasada el presidente Lopez Obrador, insistió en que para agosto todos los mexicanos deberán estar en los salones de clases.

Sin embargo, la pandemia dice todo lo contrario.

Después de 10 actualizaciones del semáforo epidemiológico Covid-19 y casi cinco meses sin que ninguna entidad marcara el color rojo, se rompió la racha y la alerta máxima de contagio se encendió en Sinaloa, nuestros vecinos.

Ante la demora en la publicación del semáforo por parte de la Secretaría de Salud (Ssa), las entidades por sus propios medios han comunicado determinaciones. Al momento, cinco han confirmado retrocesos.

Autoridades de Sinaloa informaron que retornaron del naranja al rojo. Las de otros cuatro estados que pasaron de verde a amarillo: Estado de México, Hidalgo, Michoacán y San Luis Potosí.

Entre otros estados que han anunciado determinaciones para el semáforo que regirá la siguiente semana están Durango, Baja California y Morelos, que se mantendrán en verde; Yucatán en naranja, y la Ciudad de México y Colima en amarillo.

Durango, poco a poco va aumentando, de nueva cuenta, el numero de contagios y de decesos. Cierto, estamos por abajo de la media nacional en esta dos variables sin embargo, nadie hace nada para cambiar la forma de comunicar y dar un golpe en la mesa para reducir la movilidad y gritarle al oído al ciudadano, que poco a poco estamos regresando al abismo de muertes y contagios que vivimos en noviembre y diciembre pasados.

Y la lógica que utiliza la autoridad es que la sociedad ya está harta del confinamiento y la economía no aguantará una nueva parálisis. Entonces, todo apunta que a lo ultimo que seguirán atendiendo nuestras autoridades, es a preservar la vida de la población.

Hoy, el relativismo nos ha llevado a poner al mismo nivel de la economía, la vida de la persona humana, nada más estúpido y miope.

ante esta realidad, en donde los valores se han invertido, no queda otra que el cuidarnos a nosotros mismos, si es que queremos mantenernos vivos para disfrutar de la educación que da el conocimiento y la riqueza económica.

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